AUTOBIOGRAFÍA
por Santiso Mozart, decano
INFANCIA
Nací entre los escombros
de aquella vieja Fábrica de Lieres
que en los años cuarenta
vomitaba el sudor de los obreros
por sus dos imponentes chimeneas. Mi padre
fue el alcohol y mi madre,
el azúcar. (Por eso, cuando rompe
el silencio obligado del aula y en mis patios
estalla la marea de voces infantiles,
ese caos ordenado
de juegos y disputas y carreras,
aún siento en mis entrañas el fragor de las máquinas
y de las vagonetas, el lenguaje
fabril de las turbinas, la memoria de un tiempo
que hoy cubren el olvido
y mis cimientos).
Vi la luz en setiembre
del año ochenta y uno.
Vine a un mundo que ansiaba
despertar del horror y de la infamia
de una noche de piedra.
Pero vivir en libertad, entonces,
no era fácil empresa. Y en febrero,
un veintitrés y lunes,
cuando la pesadilla parecía conjurada,
el miedo se adueñó de las pantallas
de nuevo. Y el silencio. Las pistolas
acallaron la voz
que era de todos.
I Impotencia y tensión. ¡¡¡Se sienten, coño!!!
Largas las horas, el corazón helado
por la rabia. Al final,
tras una larga noche de incertidumbre en vela,
se disipan las dudas. La mañana
deja paso al futuro,
a la esperanza. El sol de invierno anuncia
un mundo nuevo. El pueblo
recupera las calles y las plazas.
¡Y yo puedo nacer sin sobresaltos!
Y surgió el milagro.
Tuve la suerte
de ser testigo fiel ( con mis zapatos
nuevos, mis pantalones cortos,
mi traje de ladrillos, mi sombrero
de teja, mis banderas y mi vestido verde,
mis antenas, mis tubos y mis cables,
mis sótanos, mis aulas, mis despachos, mis patios,
mi bosquín jovencísimo
y mi cara de niño) de una década
de cambios prodigiosos en todos los aspectos:
Recién nacido yo,
abría Zara en Oviedo. Y Las Salesas,
justo un año más tarde. Pasé por la movida,
el Bable nes Escueles, el Mundial
(España-82
del Naranjito), el Huerna,
la OTAN de entrada no, sí de salida,
el aceite de colza, el apartheid, RUMASA,
el divorcio, las barbas
de Jomeini, el secuestro
de Quini, los primeros Premios Príncipe,
la guerra en Las Malvinas, los canales
privados, la ETA, el GRAPO, el FRAP, el IRA,
el Mercado Común, el caso Nani,
las empresas del INI y Chernóbil,
para acabar tirando
el Muro de Berlín, la Guerra Fría,
a golpes de glasnot y perestroika
que entreabren las puertas del futuro
y clausuran la década.
¡Adiós a la olivetti, bienvenido el PC,
primer ordenador en blanco y negro,
desmemoriado y lento, su sistema de claves,
sus continuos desmayos y sus sueños
de pentium y color y megaherzios!
Y nació Xentiquina por entonces,
ese coro de agudos infantiles
que se dejan
oír en los recreos, ese grupo
de voces armoniosas que convierten
en música las viejas y sagradas palabras
de la tribu, la lengua venerable
de sus antepasados, de su vida diaria,
y las llevan por todos los rincones de Asturias,
en vivo y en directo y en sus discos
(best-seller de la SGAE y el hit parade
de la música nuestra
de entresiglos),
para impulsar su uso y su presencia.
Es además, mi emblema, mi referencia. Siempre
Se alude a mí con la pregunta “¿Ye ónde
ta Xentiquina?”, y así queda claro
de qué lugar se habla. Embajadores
que pregonan mi nombre
por esos escenarios de mi tierra
y que cumplen también ahora años,
sus veinte abriles. Pues ¡enhorabuena!
Yo era un niño feliz,
rebosante de niños y de ruidos, ¡bendita
algarabía! Desde los cuatro años
hasta los trece (y más), una nutrida
población de enanitos (y menos) habitaba
mis nuevas, por entonces, dependencias
de Solvay y de Lieres.
¡Qué recuerdos!
ADOLESCENCIA
Primera juventud. Años noventa.
Edad de mutaciones y zozobras.
Con mi primer acné, la rebeldía ante un mundo
que empiezo a descubrir
y no me gusta. Surge la conciencia,
las primeras ideas compartidas, la lucha,
el bien y el mal, el yo
y los otros. Un día,
la crisis del carbón se acerca al pueblo
amenazando el Pozo. Los mineros
protestan y se encierran,
rabia y oscuridad,
en las profundidades de la mina. Yo no puedo
permanecer tranquilo. Y me echo a andar
para mostrar mi aliento: toda una caravana
de saludos, colores y pancartas se planta
sin previo aviso ante la masa en huelga,
sorprendida e inquieta. Cuando escuchan
las palabras del niño que lee el comunicado,
las lágrimas asoman a los ojos de hulla
de unos hombres curtidos que no temen
ni al grisú ni a la sílice
y hoy tiemblan de emoción ante sus hijos,
bajo la lenta seda del orbayu.
No importa que la cosa fuera en vano,
que unos años más tarde
el pico y la barrena
callaran para siempre. Lo importante
fue la lección de solidaridad,
improvisada y limpia,
de aquella fría jornada,
de un marzo veintitrés ya primavera.
Una nueva amenaza
apareció muy pronto: el Ministerio
optaba por cortarme la cabeza. ¿Cómo?
Quitándome dos cursos (por arriba)
que irían al Instituto (por abajo). Vuelvo
a la carga, me encierro, me concentro,
corto la carretera, en fin, me manifiesto
en plena Villa y Corte: otra jornada
de trajín solidario que tampoco
se salió con la suya: la EGB
se convirtió en Primaria por Decreto.
y yo bajé de peso y de estatura.
No dejan de tocarme los horarios
hasta que me diseñan la jornada
continua y matinal. Actividades
no lectivas me ocupan por las tardes,
me mantienen despierto y engrasado.
Dos anécdotas, solo, de esa década
de mis tribulaciones y mudanzas. Muestran
la lógica infantil, su ingenio. Una,
de aquel viaje a Madrid. Parada en Rueda
para reponer fuerzas, al regreso. En la calle
un letrero. Y un niño de doce años:
“Mira, papá, La Secá”, lee inocente.
Muy cerca de él, su profesor de Lengua
implora un ¡tierra, trágame! Y desea
que lo trague allí mismo, en las bodegas
de penumbra y verdejo
que, vetustas, horadan,
bajo sus propios pies,
la tierra del gran blanco de Castilla.
Mas no hay que preocuparse, nadie ha dado importancia
a la tremenda fuerza de una tilde invisible
más veloz que la luz,
que borra de un plumazo
los trescientos kilómetros que quedan.
La otra sucede en Llanes. Mes de mayo.
De visita escolar, en pleno muelle.
Sobre los cubos de hormigón desnudos,
todavía sin el traje de colores
posmoderno que hoy visten, un paisaje
de gaviotas chillonas. Otro alumno,
ahora de nueve años:
“¡Mira, maestro, son
les de COGERSA!”. Claro,
todos los componentes de aquel grupo
habían estado pocos meses antes
en el gran vertedero central de nuestra Asturias,
donde miles de aves sobrevuelan, voraces,
montañas de basura,
en busca de alimento. El niño sólo
cree que sus gaviotas
han viajado hasta allí,
como él mismo,
en busca de las playas
y puertos del oriente. Razón tiene,
que una gaviota es todas las gaviotas
y todas las gaviotas son la misma:
filosofía aplastante.
Y ya son otros tiempos y otras gentes:
Induráin como nuevo rey de Francia,
Barcelona y su Cobi (Juegos 92),
la Expo de Sevilla, el AVE, windows,
las maletas perdidas por Iberia, el aborto,
el sida, el paro, Gil, los insumisos
(mili KK), la píldora, el aborto,
los fondos de Bruselas, los mineros
en marcha negra “Pídele
cuentas al Rey”, las huelgas, la tragedia
del Pozo Nicolasa, el atentado
de Gijón, la variante de Pajares,
la Xunta Xeneral, los ministrinos,
los skin-heads, Roldán, los zapatistas,
los tres tenores, las guerras del Golfo,
Yugoslavia, Chechenia, la intifada,
la URSS deshecha, Alemania unida,
Nucleares no, gracias, las pateras
que borran las aduanas y cierran el decenio.
Y, mozo hecho y derecho,
me despido del siglo y del milenio
tan convulso como ellos.
pero mucho más joven,
con toda la ilusión y en plena forma.
JUVENTUD
Entra el milenio y salen las pesetas.
La amenaza del euro se confirma: encarece
la vida, nos confunde, añoramos
aquellas rubias de antes, calculamos
en ellas sin remedio ¡Vaya atraco!
El siglo XXI
me recibe con los brazos abiertos
y algunas novedades. Sobre todo,
se consuma la marcha de 7º y 8º
para nutrir las masas de la ESO que llevan
a La Pola sus dudas y sus granos
de púberes imberbes en playeros y chándal.
Y el forzado abandono
de las hermosas aulas de Solvay,
amplias, de ventanales luminosos
y belgas. La Pedrera
se queda silenciosa sin sus alegres párvulos,
que, ignorantes, inician
un exilio interior y sin retorno.
Madrugo por semana
y me acuesto temprano con los Lunnis.
Cuando hace sol me duelen
las persianas; si llueve,
mi claraboya canta; en el invierno,
se congelan mis lunes; las nevadas
me llenan de vacío y de silencio.
Paso sin inmutarme por la Ley
Palasí y por la LODE, Maravall,
LOGSE, LOPEC y LOCE y ahora espero
con paciencia la LOE. La realidad
no está precisamente en los despachos.
Urnas y papeletas me disfrazan
de centro electoral, de vez en cuando,
domingos de escrutinio e incertidumbre
y los “Lunes al sol” volver al tajo:
convivencia y estudio.
Y de pronto, tan lejos y tan cerca,
surgió lo inesperado, la hecatombe
de sangre, fuego, destrucción y pánico.
Es el fin de la Historia y es verano.
Los aviones suicidas han tocado
el talón del Imperio. El 11-S,
en vivo y en directo,
anuncia la nueva era
de miedo, de odio, de dolor, de muerte
que confirman
los trenes calcinados en Atocha
poco antes de estallar la primavera.
Yo lo sufrí en silencio,
el horror destrozándome por dentro,
pero estallé en un llanto incontenible
cuando, en setiembre,
una colega mía (la escuela de Beslán,
lejana y rusa),
se cubría de cadáveres de niños,
rehenes en sus aulas, y llenaba de luto
el frío de la estepa. Una nueva
matanza de los Santos Inocentes.
Pero la vida sigue, sin remedio:
el mundo es digital, cibers, bits, WIFI,
ADSL, Google, Internet,
Méssenger, blogs, Youtube, CD, máiling,
generación consola, play station,
educastur.princast (mi Second Life),
piratería y spam, móvil, genoma,
trasplantes, clonación, guerra del agua,
genéricos, viagra, todo in vitro,
vuelos baratos, light fast food, turismo
espacial, energías renovables,
global-local, burbuja inmobiliaria,
maltratos, adopciones, móbbing, búllying,
velo, gays, integrismo, xenofobia,
latin kings, Harry Potter, feministas,
gripe aviar, vacas locas, mal porcino,
gimnasio, obesidad, grasa, anorexia,
depresiones, estrés, dieta, eutanasia,
lífting, carné por puntos, hipotecas,
visa, rebajas, grandes superficies,
operación salida, puente aéreo,
telebasura en plasma o por un tubo,
OT, telenovelas, pay per view,
guerra de Irak, Prestige, tsunami, guerra
de Perejil (hay moros en la costa),
Bin Laden escondido, Sadam mártir,
Guantánamo, cuota paritaria,
África, hambre, ONG y ecología.
Cabezazos Zidane, cambio climático,
incendio forestal, bares sin humo,
vertidos, corrupción, ácido bórico,
Marbella y los billetes de 500,
ultras, okupas, hooligans, violencia,
droga, dopaje, alcohol, listas de espera,
tregua, viñetas, coche-bomba, ruido,
kale borroka, encuestas, elecciones,
talante, crispación, guerra de votos,
piso, automóvil, vacaciones, bolsa,
la jet-set, los sin techo, óscar y goyas,
papa, rey, cine, fútbol, bonoloto
y botellón los viernes ¡Carpe diem!
Aquí Fernando Alonso rey del viento
(que no leyenda urbana, mileurista),
mina Conchita y goma dos con eco,
trama asturiana, Molinón, Tartiere,
una boda real de Zenizienta
con un príncipe azul verde Sardéu ,
sidra, gaita, tonada, horros, oricios,
brañas, marina, centro, alas, Cantábrico,
calamares gigantes, asturcones,
cuota láctea, fabes y madreñes,
Sidrón, museos, el metrotrén, los Picos,
El Hospital Central, golf y cemento,
barricadas, Naval,, prejubilados,
Duro, Mittal, Hunosa, Cajastur,
Auditorio, Musel, Laboral, Losa,
Noega, catedral, Naranco, Muro,
el tren-tran, la bioética, el campanu,
la ópera, los erasmus, la autovía,
Comadres, El Carmín, Los Güevos Pintos,
La Salud, Picu Fariu, río Nora,
Les Campes, plan de choque, tripartito,
UVL y AVAL, los de Esperteyu,
peatonalización, casas rurales,
rotondas, zona azul, llingua, cuatreada,
sindicalistas, pymes, crisis, paro,
Campoamor, Jovellanos,
Villa, Cascos, Gabino, la Santina,
Presidentín, banqueros y arzobispo,
La pita de la Llingua, omnipresente.
¡Paraíso natural y puxa Asturies!
El tiempo cicatriza las heridas.
Del bisturí oficial,
no me quedan secuelas que no sean
la nostalgia fugaz de lo que pudo
haber sido. He crecido
al ritmo de los tiempos y me siento
con ganas y maduro. Solo pido
aquello del barbudo
que también, eso cuentan, fue maestro:
“Dejad, dicen que dijo, que los niños
se acerquen a mí”. Porque
son mi único sentido
y mi razón de ser:
mis alumnos, esos locos bajitos
que renuevan mi savia cada otoño,
me regalan sus años más hermosos y, luego,
me despiden en busca de otras aulas,
hacia un futuro incierto. Algo de mí se llevan
para siempre; sus huellas,
imborrables,
permanecen por todas mis esquinas. Han sido
centenares (cuatrocientos y más
en horas altas,
hasta los cien de ahora, más o menos) y muchos,
ya hace tiempo, son adultos
que se abren camino por la vida,
por esos mundos hoy tan ajetreados.
Ex-combatientes míos de la tiza,
de los libros de texto
y la libreta; algunos
me han regalado ya hijos e hijas
(pronto vendrán los nietos, no lo dudo)
que continúan sus pasos
por mi casa.
Tampoco olvido al resto de mi gente.
Han sido siete
mis directores, unos ciento veinte
los maestros. Y seis
conserjes, varias limpiadoras, cientos
de padres (o, más bien,
de madres) y la AMPA, cuidadoras
del transporte escolar y conductores,
empresas, inspectores, operarios,
antes el MEC y ahora el Principado
y siempre el concejil Ayuntamiento. Todos
me han cuidado, atendido en mis achaques,
y a todos los recuerdo (especialmente
a los que nos dejaron). Y de todos
me siento agradecido: me han llevado
de visita escolar por toda Asturias
y de viaje de estudios por España,
inolvidables días de convivencia,
a exposiciones, obras de teatro,
recitales de música, cursillos,
granjas, instituciones y talleres,
campañas y Magüestu,
Días de les Lletres, de la Paz, del Árbol,
rutas de monte, playas, monumentos,
a la prensa, a la tele, a la calle,
me han vestido de Antroxu, engalanado
en fechas especiales, festivales
y actividades varias. Me han tenido
en contacto continuo con colegas,
informado y al día,
incluido en Programas especiales,
visitado y cuidado y protegido,
y hasta me han puesto en huelga algunas veces
contra los enemigos de lo público.
Me han lavado la cara en ocasiones,
mas no he cambiado mucho:
repintado, renovación de muebles,
material y recursos más modernos, la cancha
deportiva, exterior, semicubierta,
aleros y tejado, portón, valla
de cierre, nueva entrada para alumnos,
un aula de informática, tabiques,
bolera y asfaltado. Ellas y ellos
ya son parte de mí, llevan mi nombre
allí por donde van
y me llenan de orgullo
y de emociones. Por lo tanto, quiero
conjurarlos a todos este día
y levantar la copa del recuerdo
para brindar con ellos
por esas veinticinco primaveras de sueños,
de ilusiones, de esfuerzos compartidos,
por un feliz futuro
de nuevos tiempos y de gente nueva
transitando las aulas y la vida
en paz y en armonía.
¡Felicidades, pues, y muchas gracias!
¡Enhorabuena y adelante, amigos!
Yo, Colegio Público de Lieres marzo 2007
P.S.
Y, ya que estoy de cumple y mayorcito,
me vais a permitir solo un deseo:
tengo página web, fax y teléfono,
domicilio, e-mail, código, nif…
…¡pero no tengo nombre!
Por eso os pido
un bautismo oficial
(pues ahora que no hay limbo, ¿a dónde irán
los pobres catecúmenos?). ¡Propuestas!,
pero pronto y en serio.
La mayoría de coles tienen su nombre propio
y a mí me agradaría poder oír el mío.
Sé que me comprendéis, pues ¡adelante!
Os lo agradezco. Hasta siempre, amigos.