RELATOS GANADORES
GANADORES II CONCURSO DE RELATOS CORTOS ORGANIZADO POR LA AMPA DEL IES PANDO
CATEGORÍA A: 1º Y 2º DE LA ESO
1º PREMIO: “CARLOTA”
Pequeña sonrisa de Carlota
Tres años, se dice pronto, pero se hizo eterno. Tres años enteros tuve que pasar en esa casa, si se puede llamar así. Un antro oscuro, sucio y vacío. Allí solo nos encontrábamos ella y yo. Nadie más en 100 kilómetros a la redonda. Era inútil intentar escapar de aquel lugar, no saldría viva. Ella era muy poderosa; aunque lograse escapar, me encontraría antes de pronunciar mi nombre durante diez segundos. Una pregunta que me hacía cada vez que me acostaba era que por qué me quería tener a mí allí, si ni siquiera la conocía. Cuando intentaba resolver mi duda preguntándoselo, se ponía como una fiera y me doblaba las horas de trabajo. Lo único que hacía en esa casa era limpiar y atender las órdenes de Evasophie, que así se llama. ¿Nadie me busca? Me preguntaba también todas las noches. Seguramente estarían removiendo cielo y tierra por encontrarme, pero sería difícil hacerlo en ese sitio.
Me desesperaba con el paso de los días. Siempre igual. Nada cambiaba. Me levantaba a las cinco y media de la mañana y me ponía a limpiar, sin desayunar. A las diez y media le llevaba el desayuno a Eva, que descansaba tranquilamente en su cama. Me pasaba todo el día atendiendo órdenes. A las doce de la noche, me acostaba en un suelo cubierto de paja. Allí, viendo las estrellas ya que mi “habitación” no tenía techo, me hacía las mismas preguntas una y otra vez.
Ahora, todo ha cambiado. Ahora por fin soy feliz. Estoy en mi casa, de vuelta, en una cama y con un techo. Mis padres están
conmigo también. Desde que regresé no me dejan un solo momento. No me digáis como pero lo logré. Logré escaparme de allí. Fue el día 15 de febrero de 1978 cuando decidí cambiarlo todo. No aguantaba más, necesitaba marcharme. Cada día era peor. Mi cansancio aumentaba por momentos, y Eva cada vez se volvía más agresiva y menos comprensiva. No se daba cuenta de que soy una simple adolescente de 16 años con las hormonas revolucionadas. Llevaba desde los 13 años con ella, y ya no la aguantaba. Lo que me sigo preguntando es por qué me eligió a mí para ir con ella a esa casa.
Mi escapada fue como una película. Estaba preparándole el desayuno a Eva cuando noté que no era dueña ni de mis manos ni de mis piernas. Eso significaba que ya no aguantaba más. Todos tenemos un límite, y el mío estaba llegando al final. Decidí dejar lo que estaba haciendo y arriesgarme. Si no lo conseguía, sabía que no sobreviviría. Pero si lo conseguía, viviría libre por fin. Subí sigilosamente a la habitación de Eva, la cual dormía como un bebé. Abrí con suavidad el cajón que tenía al lado de su cama. Cogí la llave. Bajé rápidamente las escaleras. El corazón me latía demasiado rápido, parecía que se iba a salir del sitio. Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta. Salí y eché a correr hacía la derecha, aunque no sabía hacia dónde iba, solo quería alejarme de allí. Tras correr dos horas, con un dolor terrible en todo el cuerpo y con los ojos llorosos por volver a ver la luz del sol, encontré una gasolinera. Entré en ella a rastras,ya que no podía más.
Allí se encontraba un chico muy guapo, como recién salido de un cuento. Acudí rápidamente al mostrador en el que él se
encontraba. No sé si de verdad sería guapo o simplemente fue porque no veía a nadie además de Eva desde hacía mucho tiempo. El chico rápidamente me dijo:
- Chica, ¿estás bien?
Le conté todo lo que me había pasado,y, al principiólo se lo tomó muy bien…
- ¿Me estás tomando el pelo? Con esas cosas no se juegan
- No, de verdad. Si no fuese verdad… ¿crees que estaría aquí, en medio de ningún sitio contándote esto?
- Tienes razón… pero vuelve a contarme la historia de nuevo.
Le volví a contar la historia punto por punto. Cada vez su cara se descomponía más. Cuando terminé,solo atinó a decir esto:
- Vaya, tendrás que estar aterrorizada.
- La verdad es que sí, pero si me disculpas, prefiero que llames a la policía antes de que Eva venga a por mí.
- Está bien.
Llamó a la policía. En menos de una hora, ya estaban allí. Por fin me sentía segura, ya no tenía miedo. Me empezaron a hacer un montón de preguntas. La verdad, es que hacía tanto tiempo que estaba en ese antro apartado del mundo, que apenas me acordaba de mi familia. El número de mis padres estaba borroso en mi mente.
- A ver, inténtalo de nuevo. Intenta recordarlo.
- 986… 1…3…9…5… No, es imposible, ya no me acuerdo de ninguno más.
- Está bien, tranquilízate. ¿Te acuerdas más o menos de donde vivías?
- Sí. En un chalet, a las afueras de Madrid.
- Vale, vamos mejorando. ¿Había casas alrededor?
- Sí, creo que era una urbanización.
- Bien. ¿Y…
- ¡ Espere ¡ Ya me acuerdo de los últimos números.
- Rápido, antes de que se te olviden, ¿cómo son?
- 9861395…8…7. Sí, eso es: 986139587.
- Chico, ¿cómo es tu nombre?- le dijo el policía al gasolinera.
- Matías.
- Pues Matías, marca el número y pásame el teléfono.
Llamaron a mis padres. No se lo acababan de creer. Cuando llegaron a la gasolinera, me tiré a sus brazos,y los tres nos pusimos a llorar de alegría. Después nos llevaron de nuevo a casa. Allí me esperaba toda la familia y mis amigos. Se fueron al poco, ya que que necesitaba descansar.
Al día siguiente me desperté a las cinco y media, como de costumbre. Cuando me di cuenta de que era libre y de que no había sido un simple sueño me levanté con una sonrisa en la cara y fui a la terraza a observar cómo seguía la vida en Madrid. No había casi nadie en la calle. Solo un par de borrachos que debíarf regresar a casa tras seguramente haber estado toda la noche bebiendo y bailando en una discoteca cercana. También se veía a algún que otro basurero con cara de mala leche por tener que estar trabajando a esas horas mientras mucha gente duerme. El ruido de los pocos coches que pasaban por la carretera a esa hora de la mañana despertó a mí madre. Vino corriendo hacía mí y me abrazó. Me pidió que le contase todo lo que había pasado. A medida que lo hacía, ella lloraba. Yo la consolaba diciendo que ya había pasado todo y que por fin íbamos a ser felices.
- Hija, yo únicamente quiero ver una pequeña sonrisa de Carlota.
- Mamá, por eso no te preocupes. Ahora ya la tengo dibujada en la cara. Soy más feliz que nunca sabiendo que ya estoy aquí con vosotros.
2º PREMIO: “BECKY BLACK”
GOTAS DE LLUVIA
Ella caminaba a paso lento. Llovia.
Las gotas de agua caían en su paraguas naranja.
Pisaba los charcos. Sentía las gotas en la cara.
Sus días eran grises. Como las grandes nubes
que poblaban el cielo aquel día.
Caminó un poco más rápido, tenía un objetivo.
Y ahí estaba él. Bajo la marquesina.
Con su flequillo rubio cayéndole por
la cara.
Apenas había cambiado, seguía teniendo esa
mirada picara, traviesa.
Él cogía el autobús aunque lloviese, nevase
o hiciera sol.
Ella se detuvo en el paso de cebra.
Miró su rostro, buscando una
mirada, una sonrisa, un escueto
¡Hola!
Llegó el autobús. Ella le observó y
él la miró. Pero ni siquiera la saludó,
estaba absorto con sus cascos, su
música. Su pasión desde la infancia.
Era feliz. Se alejó caminando, sonriendo.
Sus mejillas estaban aún coloradas y su
pelo estaba mojado por la lluvia.
Era él único momento del día en el que
le veía.
Tenía razón aquella persona, que un día
dijo que el primer amor nunca se olvida.
De este te acuerdas siempre…
Toda la vida.
El amor de la infancia, la época sin
preocupaciones.
La época de risas y juegos.
Pequeños restos del primer amor.
CATEGORÍA B: 3º y 4º ESO
1º PREMIO: “DOBLE VOCAL”
“LLORA POR ACORDARTE DE LOS RECUERDOS,
NO PORQUE ME ECHES DE MENOS”
En el exterior, una refrescante brisa se hacía sitio entre ei caluroso y soleado día de verano. Entre las cuatro paredes de mi habitación del hospital era todo muy distinto, una enorme tormenta se manifestaba en forma de lágrimas en los ojos de mis
padres y el frío sobrevolaba la sala. Pero no entendía a que tanto drama, sí, tengo una enfermedad y no es un juego de niños, pero hay miles de personas que viven enfermas y son felices. Yo sólo tengo 10 años, ¿he de amargarme porque mi riñon no funcione como debería? Incluso la doctora Bea sentía pena, me dio una piruleta y no sé, tal vez si me la hubiera entregado con una sonrisa me hubiera hecho más ilusión.
- Será mejor que la dejemos descansar. - anunció la doctora y entonces todos se fueron.
Intenté descansar, pero me pudo mi afán por explorar. Con cuidado, bajé de la cama, colocándome aquel incómodo traje y asomé mi cabecita por una pequeña rendija de la puerta. No había nadie, así que sin apenas hacer ruido para no despertar a mi compañero salí. Deslicé la yema de los dedos por la pared mientras jugaba a pisar tan sólo las baldosas verdes. A mi izquierda había un cártel que pedía silencio, tal vez si aquí no hubiera tanto silencio la estancia se haría más llevadera, pensé. Al otro lado estaba la foto de un payaso, siempre me han dado miedo, así que me asusté y salí corriendo. Una vez me creí lo suficientemente lejos de aquella sonrisa malévola me paré, algo cansada y más tranquila, pero aún en alerta. Tras de mí escuche un llanto cansado y sincero. Me giré despacio, no quería importunar, pero aquel chico ya se había percatado de mi presencia. Después de mirarme de arriba abajo me hizo caso omiso, lo que me permitió a mí examinarle. Escondidos bajo un océano de lágrimas que se deslizaban precipitadamente por sus mejillas había unos ojos color miel. Por su nariz cientos de pecas se repartían con gracia. Su pelo cobrizo le tapaba las orejas y su boca estaba abierta intentando respirar profundamente para tranquilizarse. Sus pequeñas manos agarraban con fuerza las sillas contiguas a la suya y de cuando en cuando, repasaba las marcas de sus vaqueros en un intento de distracción. A medida que lo observaba me iba acercando, una vez frente a él apoyé mis rodillas en el suelo y le cogí las manos. Levantó la cabeza y busqué sus ojos, rojos de tanto llorar, le sonreí y me miró extrañado a !a vez que me retiraba las manos. Decidí entonces sentarme a su lado y apoyé mi cabeza en su hombro.
- ¿A quien has perdido?
- A mi abuelo.
- ¿Le querías?
- Pues claro, es un abuelo, todo el mundo los quiere.¿Acaso tu no quieres al tuyo?
- Yo no tengo ninguno.
- ¿Nunca has tenido abuelos?¿ No te han llevado al parque? ¿No te han dado chucherías el domingo?
- No, nací sin ellos y no suelen surgir a lo largo de la vida. ¿Y por qué lloras?
- Pues porque ya no le veré más.
- Al menos lo has visto alguna vez, quédate con los recuerdos buenos. -le digo mientras le sonrío . Me llamo Mabu.- y le doy un beso en la mejilla como acto de presentación.
- Yo Aitor.
Habían tenido un accidente, el sólo se había roto un brazo y se había dado un golpe en la cabeza, así que se quedaría aquí unos días, en observación según los médicos. Tenía doce años y era de un pueblo llamado “Alcatraz”. Le gustaba escribir y su sueño era sacar un libro y que la gente disfrutase leyéndolo, aquella mañana me prometió que me lo dedicaría. De pronto aparecieron nuestros padres, histéricos porque no estábamos descansando en nuestras habitaciones. Nosotros apenas habíamos vivido una década, no hemos tenido tiempo de cansarnos, deberían de ser ellos los que saliesen de esas vidas tan ajetreadas y se tumbasen en una cama a no hacer nada. A regañadientes, los dos volvimos a nuestras respectivas habitaciones, no sin antes cruzar sus ojos miel con los míos esperanza.
Los días siguientes nos intercambiamos datos de nuestras vidas. Me olvidé de las demás personas y sentí que a él le pasaba lo mismo. Conocía su más mínimo miedo y su mayor pasión. Si acaso existiesen las almas gemelas él sería la mía. Se convirtió en mi mejor amigo. En mi otra parte. El tiempo en aquellas cuatro paredes cambió, un enorme sol parecía salir de cada rincón de las habitaciones. Mi estado de animo subió considerablemente y se vio reflejado en mi riñon, que aunque no curado del todo comenzaba a ver la luz al final de un túnel. Él estaba bien, había logrado que cada vez que pensase en su abuelo una enorme y radiante sonrisa se dibujase en su cara. Llevábamos siete días viéndonos a las nueve de la mañana, desayunando juntos, comiendo juntos, pasando las tardes en los pasillos, poniendo histéricas a las enfermeras y montando fiestas en la planta quinta, cenando y en algunas ocasiones, convenciendo a los médicos para dormir en la misma habitación. Basé mi vida en él y él basó la suya en la mía. Y entonces, llegó el 17 de Julio y llegó la tormenta. La puerta de mi habitación se entreabrió y Aitor asomó su cabeza.
- ¡Aitor!
- Mabu, verás… me vuelvo a mi casa. Y posiblemente no volveremos a vernos, mis padres se van a vivir a otro país, tiene un nombre muy raro, ni siquiera se pronunciarlo…- como la primera vez que le vi, sus ojos estaban inundados.
- No quiero que te vayas, quédate conmigo por favor.
- Que más quisiera yo, le he pedido a mis padres que me dejen aquí, con los tuyos, pero dicen que es una tontería. Que ya nos veremos de mayores, pero para entonces tu no te acordarás de mi y necesitaríamos tantísima suerte para encontrarnos.
- Confía en la suerte, pelirrojo. Y recuerda, llora porque te acuerdes de los momentos buenos, no porque me eches de menos.
Se acercó a la cama, se subió y me abrazó y le abracé. Con todas nuestras fuerzas, con tanta ilusión como nadie, fue el abrazo mas especial del mundo, nadie viviría eso más que nosotros. Me dio un beso en la frente y me dijo: ” Pase lo que pase, este recuerdo es nuestro.”.
Pasé tres días horribles, llorando a mares, era incapaz de aplicarme mi propia filosofía de llorar por los recuerdos y no por la añoranza. Empeoré y los médicos consideraron que lo mejor era que regresase a casa, decían que este ambiente no era
favorable. Estaba ya vestida y a punto de salir por la puerta cuando la enfermera Julia me entregó un paquete. Estaba envuelto en un papel marrón y atado con un bramante morado. Un marco rojo guardaba una foto de una de nuestras andanzas. Una nota lo acompañaba:
” La cámara de la entrada nos vigilaba y el jefe de seguridad ha sido muy amable y me ha hecho el favor con no se qué programa informático. Yo tengo uno exactamente igual. Cuídate, pequeña. Te quiero, PD: Llora por los recuerdos, no porque me eches de menos.”
Sonreí. Y fue el comienzo de una sonrisa que mantuve todos los días de mi vida. Se lo prometí y las promesas valen millones.
Diecisiete años después.
- ¡Taxi!
Me subí al vehículo y sobre el salpicadero descubrí un marco rojo, nuestro recuerdo. El conductor se dio la vuelta y entonces ambos gritamos a la vez.
- ¡Mabu!
- ¡Aitor!
Salimos del coche y nos abrazamos, y una vez más, ese abrazo fue único.
- ¿A dónde ibas?
- Al hospital - dije sonriendo. - hay un riñon para mí.
- ¡Eso es genial! Vamos, te llevaré.
Llegamos al hospital. Los médicos me dijeron que mi operación estaba prevista para dentro de tres días. Al salir, alguien pronunció nuestro nombre. Era la enfermera Julia, con 50 años sobre su espalda, pero con la misma vitalidad. Nos hizo tanta ilusión verla como a ella vernos. Se acordaba perfectamente de nuestra historia, y es que es verdad que ella había sido una especie de cómplice.
Nos montamos en el taxi y nos pusimos al día. El se había casado y esperaba un hijo. Su madre había fallecido. Yo le conté que tenía un novio, pero que aún no me había casado, que trabajaba de profesora en el colegio del barrio de ” La cruz” y que había llorado mucho por su vacío. Su expresión me dejó ver que él también.
Pasamos esos tres días maravillosos. Dejamos nuestras vidas a un lado, poniendo a nuestros acompañantes excusas baratas, hicimos el mundo nuestro, sin interrupciones. El tercer día la cosa se puso más seria, se acercaba la vuelta a la realidad. Estábamos tumbados en la playa, eran las doce de la noche y una luna casi llena se reflejaba en el mar. Mi cabeza, descansaba sobre el latir de su pecho y sus manos recorrían mi pelo con total familiaridad.
- ¿Has escrito ya tu libro? - Pregunté.
- No, me faltaba la inspiración.
- ¿Y ya la has encontrado?
- Sí, pero aún me falta algo.
- ¿El que? - me levanté intrigada.
Llevó su mano a mi barbilla, me miró y se fue acercando, poquito a poquito, como si nunca fuese a llegar del todo. Hubo un primer contacto, un suave roce de labios. Y después vino el beso. Dormimos en la playa, con la brisa moldeando nuestros cuerpos y el olor a sal. Con los latidos de nuestros acelerados corazones mezclados con el ruido de las olas. Y con los cuerpos separados por un escaso milímetro de barrera invisible.
A la mañana siguiente me llevó al hospital, me tranquilizó pues ¡os nervios apenas me dejaban respirar. Una vez más, se subió en mi cama.
- Vayámonos juntos después de que te operen. - me pidió.
- No podemos, Aitor y menos tu. Tienes una familia y una mujer a la que quieres mucho.
- Pero no la quiero como te quiero a ti y nunca llegaré a hacerlo.
- Eso ya lo sé, pero aún así, vas a ser padre. Y lo que tenemos tu y yo, es solo nuestro, y lo será tanto estemos juntos como si no.
- ¿Recuerdas? Pase lo que pase, este recuerdo es nuestro.
Logré hacerle sonreír, aunque en mi interior nacía un huracán de rabia, pues lo que más deseaba en ese momento era pasar el resto de mi vida con aquel hombre y con el niño que escondía en su interior.
- Mabu, es hora de ir a quirófano - anunció la doctora interrumpiendo aquel momento.
Mantuvimos juntas las manos y la mirada a lo largo de todo el pasillo. Probablemente sería la última vez que nos viésemos, a no ser que la palabra coincidencia se volviese a escribir en el libro de nuestra vida.
- Todo saldrá bien. Te quiero, pequeña.
- Yo también.
32 años después
- Y así fue , todo salió perfecto y como ya sabes, a día de hoy aún sobrevivo con ese riñon.
- ¿No lo has vuelto a ver abuela? - me preguntó mi nieta, Julia.
- No, la coincidencia no ha vuelto a pasar por mi vida. Pero no pierdo la esperanza, espero vivir muchos años más.
- Es una historia preciosa, mucho mejor que todos los libros que me lee mamá y todas las pelis que echan en la tele los domingos. ¿Y el abuelo lo sabe?
- No, jamás se lo he contado. Era algo nuestro y ahora también es tuyo, has de guardarnos el secreto, ¿de acuerdo?
- De acuerdo, abuela.
Le di un beso cuando ella se levantó para abrazarme, tal vez oyó la lágrima que gritaba pidiendo salir desde mis ojos lo que le hizo acercarse y darme un poco de cariño. Rompiendo aquel silencio sonó el timbre.
- Yo voy, yo voy dijo Julia.
- Preguntan por ti, abuela.
Me levante, algo fatigada y en la puerta un joven muchacho me esperaba. Esto es para usted señora, ha de firmarme aquí. Obedecí y cogí la bolsa, en su interior un paquete de color marrón con un bramante morado me esperaba. Me mareé un poco, así que me senté en la mecedora. Abrí el paquete ansiosa y en su interior descubrí un libro. Tenía la tapa de color malva y en letra cursiva lucía un hermoso titulo: ” Llora por acordarte de los recuerdos, no porque me eches de menos.”. En la tercera página estaban las dedicatorias:
” A mi mejor amiga, a mi mitad, a mi infancia, a mi esperanza y mi razón de ser, a la bondad en persona, a la lucha y sobre todo, a las coincidencias. Te quiero, pequeña.”
Manché la primera página con una lágrima, también la cuarenta y siete, la ciento cinco, la ciento cincuenta y cinco, la doscientos tres, la doscientos treinta y cuatro y otras muchas más, pero esta vez eran lágrimas de recuerdo acompañadas de una sonrisa que se dibujaba cada vez que revivía nuestra historia en aquel libro. Porque aquel era nuestro recuerdo, pasase lo que pasase.
FIN
2º PREMIO: “SASHA”
VI UN UNIVERSO EN TUS OJOS
Mi nombre es Jordán, pero para una persona especial era “J”. Yo vivía en una ciudad cubierta por una gran cordillera, con desierto en las orillas del mar.
Mi madre no vivía conmigo, estaba intentando ganar dinero en el extranjero y mi padre vivía en otro país. Mi padre siempre fue mi mejor amigo; se lo contaba todo, siempre me daba consejos. Nunca recuerdo que me gritara o castigara cuando hacía algo malo; lo único que hacía era decirme que no estaba bien hecho, y le funcionaba muy bien, porque yo no volvía a hacerlo. Era un hombre singular, muy atento, cariñoso y siempre me hablaba como si recitara un poema de amor; no le daba vergüenza que los demás lo viesen como una persona sentimental. Cuando necesitaba ayuda, él me la daba, fuera la tontería que fuera.
Empezó el año escolar. Yo acababa de entrar en 3° de secundaria y no me era fácil estar allí. Desde que estaba en el colegio, no había tenido amigos. Pero ese año llegó una chica nueva. Se llamaba Claudia, con unos ojos preciosos más oscuros que el universo; su pelo liso y moreno brillaba como si miles de pequeñas estrellitas estuvieran situadas en sus cabellos; Una sonrisa tan bella como si solo tuviera perlas. Me quedé impresionado la primera vez que la vi, pero no hice mucho caso. No
cesaba de pasarme por la cabeza:
- Es muy guapa. Seguro que hace amigos y al solitario de la clase ni hola -lo pensaba con mucha seguridad- Seguro que se mete conmigo, como lo hacen todos…
Al pasar los días, mi teoría de que no me daría ningún hola se volvió cierta. Pero un día caminaba con sus amigos y se apartó de ellos. Mientras tanto, yo comía mi bocadillo de cada recreo, se sentó a mi lado y me dijo:
- Hola -con una voz que inspiraba sensibilidad- ¿Qué tal?
- Bien- contesté con un poco de amargura - ¿Y eso?
- ¿Eso?-extrañada me lo dijo.
- Sí, a mí solo me hablan las mujeres que quieren meterse conmigo, las que me quieren gastar una broma o simplemente me piden cosas creyendo que se las voy a dar por su cara bonita -respondí con un poco de rabia, pensando que iba hacer algo de eso.
-¡Quée mal! ¿No? - con una sonrisa, me dijo con un tono cómico- ¿Cómo te llamas?
- Eh…yo…Jordán -respondí muy confuso.
- ¿Quieres ser mi amigo?-me preguntó con voz alegre .
- Vale -respondí, pensando que me estaba tomando el pelo.
Después de ese día fuimos amigos inseparables. Hacíamos todo juntos, los deberes, salir, jugar e incluso nos dio por apuntarnos a tenis. Estaba muy feliz, tenía una amiga a quien no le importaba que fuese alguien marginado, ni friqui, ni raro. Ella me aceptó tal cual era, como yo a ella.
Pasaron los meses, vino mi padre a verme y le hablé sobre mi única amiga. Me sonrió y, con su voz peculiar, me dijo: “Cuídala. Creo que va ser más importante de lo que crees”. No entendí lo que me quiso decir en ese momento. Pero, bueno, yo era feliz. ..
Transcurrido un tiempo, me llamó para quedar en la plaza donde siempre quedábamos. Estaba muy preocupada ya que me llamo triste. Le dije al llegar:
- ¿Qué te pasa?-con tono de preocupación.
- Mis padres se van a divorciar y no me dijeron nada -me contestó con muchas lágrimas cayendo de sus ojos como una cascada.
La abracé, dejé que su llanto cayera sobre mi hombro y no la solté hasta que dejó de llorar. Miré a sus ojos tristes y le dije: “Ven conmigo” y la llevé a un lugar donde me encantaba ir con mi padre. Era en la playa, no llegaba prácticamente luz (algo bueno para mí, porque me encantaba ver las estrellas.) y le dije:
- Cuando yo estoy triste, vengo aquí, me relajo y miro las hermosas estrellas -cuando me soltó con una pequeña sonrisa, se la devolví y me volvió a hablar.
- Gracias -con una voz menos triste y más relajada.
- De nada -musité con un tono bajo.
Así sin más. No supe qué decir; tampoco sabía que hacer. Sólo quedé mirándola fijamente a los ojos, como si los tuviera pegados con cola a los de ella. Y me pareció que a ella le pasó igual. Ese día supe qué quería decir mi padre, que si te encuentras en una situación incómoda, es que hay algo más que amistad…
Después de unas semanas, me contó que tenía novio. Me sentí tonto, sentí ira e impotencia al saber que lo único que podía hacer era dar una sonrisa falsa y fingir que estaba más contento que cuando alguien gana la lotería. Siguió pasando el tiempo y ella se alejaba más de mí por su novio. Las pocas veces que la veía, la encontré cambiada: ya no sonreía como antes, estaba más seria y nunca tenía ganas de contarme nada. Mi preocupación por su novio fue aumentando, pero no podía hacer nada. Un día me llamó una amiga suya y dijo:
- ¡Ven rápido, ven!-muy preocupada.
- ¿Qué pasó?-pregunté asustado
- ¡Es Claudia! Es urgente, te llevaré hasta donde está.
Llegamos a una fiesta muy siniestra, fui al fondo de la sala, la vi a ella y a su novio esnifando droga. Me enfadé y pensé:
¿Esta es la chica que me dio su amistad? ¿La chica que me hizo creer que existen loamigos verdaderos? ¿La chica de la que estoy profundamente enamorado? Me pasaron por la cabeza los días en que jugábamos al tenis y siempre me ganaba; días en los que salíamos en bici; días en que hacíamos los deberes juntos; días que íbamos a la piscina donde ella siempre me salpicaba o me tiraba al agua; días en la que la apoyaba si estaba triste o ella me apoyaba a mí; los días en que estaba siempre feliz y, sobre todo, el día que descubrí que la quería más de lo que pensaba…
Quedé mirándola sin que ella se percatara. Vi cómo reñía con su novio y, cuando seguía mirándola con lágrimas en los ojos, él le pegó una cachetada. Intervine y le grité:
- ¡Cómo le toques un pelo mas…! -con rabia y desprecio
- ¡Oh, cuidado! ¿Qué me vas hacer friqui? -me contestó con chulería.
La verdad es que yo en la vida me caractericé por ser un matón o ser alguien fuerte capaz de defenderse, pero en ese momento sentía que tenía que ayudarla y no pensé en lo que me pudiera pasar. Se puso Claudia en el centro de la discusión, porque sabía que iba a entablar una pelea y me dijo:
- ¡¿Qué carajo haces aquí?! -con rabia, borracha y colocada.
- ¡¿Que qué hago?! ¡¿Que qué hago?! -grité- ¡Vine a que dejes de arruinar tu vida, a que dejes toda esta basura y a esta escoria! -grité más fuerte.
- ¡Es mi problema! Tú no tienes nada que hacer aquí -me rechistó.
- ¿Ah, no? ¿Qué hay de nuestra amistad? ¿Prefieres todo esto a lo que vivimos? -dije entre muchas lágrima.
- ¡Sí! ¡sí! -me gritó como una loca mientras me empujaba y caía al suelo y después la miré unos segundos viendo todo caer, viendo que no la podría recuperar jamás, que ya no sería nada como antes, que no podría decirle lo que realmente sentía, ni cuanto me dolía verla así. Sencillamente me fui a casa melancólico, con el sentimiento de que me arrancaron una parte de mí, sin tener ya a mi única amiga y mi único amor…
Un día que vino mi padre a visitarme, le conté todo lo que pasó. Me dio uno de sus abrazos y un beso en la frente. Y estaba en su pecho soltando mis lágrimas, desahogando todas mis penas. Me calmé un poco y me dijo: “No te rindas”. No podía hablar, pero reflexioné y me di cuenta que, si me quedaba sin hacer nada, nada cambiaría. Mi padre me apoyaba pero tenía que marchar. Estaba solo pero decidido a intentar ayudarla; fui a su casa, llamé a su puerta, me abrió y le dije:
- Ven conmigo, por favor -con seriedad.
- No sé qué quieres conseguir, pero está bien -me respondió de mala manera.
Fuimos a la playa y le dije:
- ¿Te acuerdas de este lugar? -pregunté con sarcasmo
- Sí, ¿por? - preguntó ella con miedo
- Mira a las estrellas y acuérdate de todos los momentos felices que pasamos en nuestra amistad -lo dije con un poco de rabia y mucha tristeza.
Ella quedó mirando a las estrellas unos minutos, me miró y le dije:
- Dime ¿hay más estrellas que momentos maravillosos? -pregunté soltando una lágrima de mis ojos.
- No, pero ya no es como antes -me respondió con la cabeza inclinada
- ¿Por qué no? -volví a preguntar con una lágrima más.
- ¡Porque no!- me gritó.
Después salió corriendo desesperadamente y yo, claro está, me fui detrás de ella. No aceptaría que se fastidiara su vida. Luego, después de tanto correr, se cansó y me dijo: “Déjame en paz”. Me callé y seguí tras ella. Por intentar esquivarme cruzó la carretera. Vino un coche, vi que no paraba y que ella no lo vio, distraída por intentar alejarse de mí, e hice lo único que se me ocurrió: corrí hasta ella y la empujé. Cayó al piso. El coche en un intento fallido de frenar me atropello; no recuerdo nada más de ese día, pero sé que estuve en coma con un respirador conectado a los pulmones, con el cráneo partido en dos. Los médicos me daban menos posibilidades de que saliera de ese accidente, debido a que no podían juntar mi cráneo porque tenía el cerebro inflamado y, si cerraban, tenía la muerte asegurada. La única opción era que milagrosamente el cerebro volviera a su tamaño normal y así unir mi cráneo. Si eso no pasaba rápido, el líquido craneoencefálico se perdería y, no me salvaría.
Mis padres, nada más enterarse, fueron a verme pero sé que también fue Claudia.
Según mi padre, dijo:
- ¡Por favor! ¡Lucha! ¡No quiero perderte! -decía ella mientras estaba en un mar de lágrimas.
Después, mi padre puso su mano sobre su hombro y le contó todo lo que sentía por ella. Besó mi mano inerte y se despidió diciendo “Hasta mañana”. Al día siguiente vieron que el cerebro por arte de magia volvió a su estado original. Pudieron unir mi cráneo. Ahora el problema era cuándo me iba a despertar del coma. Pasó una semana y casualmente estaba solo Claudia; mis padres estaban en casa de mi abuela durmiendo; cogió mi mano y me desperté. Sin abrir los ojos, escuchaba todo lo de mi alrededor y escuché cómo me decía:
- Si despiertas será todo como antes; no, mejor de lo que era, porque también quiero decirte lo que siento por ti, algo que debí decirte desde un principio. Te quiero. Tengo miedo que no despiertes y no poder decírtelo nunca. Sería mi peor castigo -me dijo mientras lloraba como una niña.
Me sentí feliz, sentí que todo valía la pena, que era el más afortunado del mundo. Abrí los ojos, la vi con la cabeza agachada llorando y dije:
- Vale, me despierto, siempre y cuando me des un beso de buenos días -con una sonrisa en mi rostro.
Me miró con ojos sorprendidos y con una sonrisa que echaba mucho de menos, luego vino y me dio ese beso, fue el beso que más he disfrutado hasta ahora.
Salí del hospital y la ayudé. Dejó las drogas, a su novio y toda ía mala vida. Mi madre decidió que me iba a vivir a España con ella. Fue como un puñal en mi corazón, no podía hacer nada por evitarlo. Así que pasé los últimos días con Claudia. Esta fue nuestra última conversación:
- Vida, esto para mi es solo un paréntesis -dije con mis ojos llorosos
- Y para mí, cariño -me contestó con dulzura.
- Te prometo que volveré y estaremos siempre juntos -dije con esperanzas.
- Como no vuelvas, voy yo allí y te pego ¿oíste? -me respondió con una sonrisa.
Luego murió al poco de venirme a España, en un accidente de tráfico. Al parecer se estrelló un bus donde estaba su coche con ella dentro. Me puse muy triste; pero con el tiempo volví a ser feliz. Sigo echándola de menos porque nunca me olvidaré
de la primera vez que me habló, que me dio su amistad y también de mi primer amor, que aunque, pasó lo que pasó, me cambió la vida. Para mí es como muchas estrellas que llevan muertas miles de años, pero su luz sigue llegando hasta mí. Su amor siempre me seguirá llegando esté donde esté.
FIN
CATEGORÍA C: BACHILLERATO
1º PREMIO: “COSMOS”
Y otra vez, te persigo entre la niebla de la mañana, tan solo he alcanzado a ver tu silueta, una sombra que se diluye segundo a segundo, como engullida por algo de lo que no puede escarpar y de nuevo estoy a punto de alcanzarte, entre la oscuridad ya puedo sentir tu olor, el roce de tu vestido y solo tengo que extender la mano para agarrarte, pero como siempre que te siento, te vas, desapareces de mi alcance.
Muchas veces te he perseguido mi ángel, mi eterna pesadilla, estoy cansado, más de lo que nunca imaginarás pero ya avancé mucho por el frío camino para retroceder, otro día más te seguiré, cuando tan solo pueda imaginarte en la noche sin estrellas.
Muchos te tratan de fantasía de rubios cabellos y verdes ojos, inexistente, irreal. Otros, de locura creada por la atormentada mente de los hombres solitarios de este mundo pero yo se que existes porque te he escuchado en el zumbido del silencio y en el vibrar de los árboles movidos por las corrientes, te he olido en las rosas de los jardines y en las olas de cada playa, porque hemos estado juntos en la hierba del prado, en las cálidas tardes del verano y te he visto, en mi mente, en la noche sin estrellas, en los lagos bañados por la luz que tú eclipsas con tu presencia. Por eso y mucho más, mi Sol y mis estrellas, existes.
Y por todo, cierro de nuevo mis ojos, me olvido de la vida para poder acercarme de nuevo a ti y te veo en la noche, en las aguas iluminadas por la Luna y me acerco a ti, el agua se congela a mi paso tal vez porque no merezco tan siquiera compartir un océano contigo ni siquiera debería de estar en este mundo, en este universo pues todo es más de lo que merezco mientras tú estés en él. Hace mucho que me digo estas cosas tal vez porque me gustaría saber qué hice para que te vayas a mi paso o porque eso me consuela. Sea lo que sea, rompo el hielo que te protege, me corto con su filo pero nada vale tanto como tú eres mi Sol, mi vida, mi ángel de ojos verdes.
Otros te tratan de sueño, pero eso es porque nunca te vieron, si lo hicieran… ¡OH, que harían si lo hicieran! La locura les desbordaría pues nadie está hecho para soportar lo que se siente al ver tal belleza sobrenatural. No, me niego a pensar que seas un sueño, pues se que existes, me lo dijiste en la brisa de las pasadas primaveras, no mi niña no, tu no eres inalcanzable.
Tal vez sea culpa mía el mundo ya no está hecha para un joven mago, la magia se ha ido… tan solo quedan viejos libros rotos y viejas creencias olvidadas. El mundo es de los fuertes y el acero domina las ciudades. Atrás quedaron las épocas de los sabios, del arte y la cultura. Viejos templos y antiguos dioses se derrumban en la oscuridad eterna de la muerte.
Realmente mereces al guerrero de grandes brazos portadores de espadas y armadura, no necesitas conocimiento solo fuerza y protección. Mis hechizos no funcionan no siento el maná pero te siento a ti y con eso me es suficiente, tal vez sea lo máximo a lo que puedo aspirar a saber de tu existencia sin experimentarte jamás.
Y entre el frío del invierno, entre la nieve helada, camino un día más intentando encontrar algo que me de sentido, los libros ya no sirven, los animales se mueren y el bosque que un día adoré se marchita ante la pérdida de su diosa.
Muchos te tratan de sentimiento, mi niña, te llaman alegría o algo similar, no recuerdo bien pues ponerte un nombre sería limitar todo lo que eres como si no fueras infinita y eterna.
Siguiendo esa creencia busco algo parecido a lo que vi. en mi mente algo que me haga sentir bien, que haga que la magia que no viene del maná se manifieste de nuevo en mi cuerpo, pero no existe, algo malo debí de hacer en un pasado o haré en un futuro pues los dioses me niegan la tranquilidad del alma poniéndote delante de mis ojos y retirándote cuando mis labios pueden tocarte, son ellos los que quieren que descongele el hielo con más hielo.
Y otro día más caminaré entre el tortuoso camino de mi vida, en solitario, buscando tus alas, tus ojos, tus rizos y tu voz pues nunca la he oído y es algo de lo que más anhelo.
Algunos te encontraron sumergida entre sus discos, en sus pinturas o escrita en las páginas de largas poesías. Tal vez por eso me encuentro escribiendo cada paso que recorro, por eso te dibujo en el lienzo de mi imaginación y te escucho en la música clásica de viejos vinilos y ni siquiera así he estado mas cerca de ti que otras veces.
No es justo que yo no pueda tocarte, no es justo que te desvanezcas entre la niebla cuando estoy a punto de alcanzarte muchos otros te tienen a pesar de ser indignos.
¿Por qué yo, que porto el peso de la justicia en mis hombros, que he ayudado a mucha gente no soy digno de tenerte? ¿Por pensar? ¿Por saber? No, ya se porque es, el motivo es que ya te he dado a demasiada gente como para que pueda aspirar a
pasar un fragmento de mi vida junto a ti.
Mucho le he dado a mucha gente; sacrifiqué amores para que mis amigos los disfrutaran y ahora estoy solo, todos se han ido con sus parejas y se olvidaron de mi, les di mi tiempo, ellos lo cogieron hasta que ya no me necesitaron y desaparecieron.
Estoy harto de darlo todo y no obtener nada a cambio, el mundo se puede olvidar del complaciente mago.
Así pues, con este nuevo pensamiento, te busco, entre la niebla pero ya no alcanzo a verte ¿Es una señal para que cambie? Muy bien, si es lo que desean los dioses… no puedo hacer más que seguir con mi actitud tal y como fue siempre, sumisa, inocente y estúpida.
Eres distinta para cada persona y a la vez igual, muchas cosas eres y serás: ángel de verdes ojos y negras alas, mujer de rubios cabellos, libro, música, sueño y delirio. Algo de esto eres para alguien igual que para mí, puede que se me olviden cosas, por supuesto, yo no soy perfecto como vos, mi señora, ruego me disculpe por limitar las formas en las que se manifiesta en el corazón de los hombres.
Y de nuevo, te busco, en la hierba del verano, y te encuentro de forma momentánea, en las rosas, en los bosques, en las playas, en cada momento tranquilo, te he encontrado porque ya se qué eres, ya se que eres efímera y que no duras para siempre ya que suele ocurrir que ante la perfección el caos del cosmos se confabule para destruirla.
Por para que te muestres todo tiene que ser perfecto, como una partitura tocada por una orquesta, la armonía de la música forma parte de ti, la belleza de las pinturas y las obras escritas son tu esencia, la locura de los hombres es algo que necesitas para vivir pues te da sentido, los sueños son aquello que nos impulsan a alcanzarte.
Tal vez en el mundo de los elfos, de gnomos y enanos de largas barbas sea mucho mas sencillo encontrarte pues el antiguo saber arcano todavía funciona, nuestro mundo está corrupto, no somos capaces de ser felices con lo indispensable y eso nos
convierte en lo que somos, en hombres, ni dioses, ni elfos. Por eso, lucharé por un mundo perfecto, mi ángel, para que todos podamos tenerte en nuestros brazos.
De muchas cosas te han tratado y todos se equivocaron porque ninguno supo saber, mi niña, que tú eres y siempre has sido lo que he buscado, la felicidad.
FIN
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