Artículo de Adrados en “El País”
2 03 2009Para leer el artículo de Adrados titulado Ni griego ni latín, publicado en El País el 12 de Junio de 2006, pincha aquí
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Para leer el artículo de Adrados titulado Ni griego ni latín, publicado en El País el 12 de Junio de 2006, pincha aquí
Artículo de Opinión de Luis Arias Argüelles-Meres, publicado en La Nueva España:
LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES
Extensa e intensa la entrevista que le hizo Rafael Sarralde el sábado día 3 de este mes en este periódico. Y, sobre todo, clarificadora. Sus idas y venidas contradiciéndose son de antología. Mire, recuerdo una noticia en este diario, gobernando aún el PP, cuando, según rezaba el titular, el señor Areces y usted «se sublevaban» contra los exámenes de septiembre para la ESO. Es más, en aquel debate sobre el estado de la región, don Vicente, poniendo toda la pasión en ello, dijo no estar dispuesto a consentir que las familias asturianas tuviesen que gastarse sus dineros en todo lo que conllevaba la preparación de las pruebas septembrinas. Ahora cambia usted de parecer, movido, según declara, por lo que es la opinión del profesorado. ¡No me haga reír, don José Luis! ¿Desde cuándo le preocupan a usted los afanes de este colectivo que en su día fue el suyo?
Sobre eso que eufemísticamente se llama «conflictividad en las aulas», manifiesta usted que, en primer término, la LOGSE es inocente. Y, en segundo lugar, que la enseñanza padece las consecuencias de las tensiones sociales. En cuanto a lo primero, señor mío, son ustedes unos virtuosos en el arte de «sostenella y no enmendalla». Contra lo que dicen informes inequívocos, contra lo que es el pensar y el sentir de la mayor parte del profesorado, para usted fue beneficiosa una ley que se cargó el esfuerzo que supone el aprendizaje, así como la necesaria disciplina en las aulas. Eso por no hablar de disparates como pasar de curso con un montón de asignaturas suspensas y un sinfín de barbaridades más.
En cuanto a la conflictividad en las aulas, mire usted a los ojos al profesorado y atrévase a decirles que, como consecuencia de las tensiones sociales, somos un colectivo que debe tolerar la humillación en el desarrollo de nuestro trabajo, que eso va en nuestro sueldo.
Vivimos en una sociedad compleja y violenta, eso ya lo sabemos. Ahora bien, ¿alguien se atrevería, partiendo de esta premisa, a decirles a otros muchos colectivos laborales que va en su sueldo que sean humillados y, a veces, amenazados en sus trabajos? Se lo expondré muy claro, señor mío, tal argumentación es vomitiva.
No está falto de razón cuando afirma que la Escuela no está en condiciones de resolver muchos de los problemas que las familias no afrontan. Sin embargo, no sé yo cómo puede la enseñanza enfrentarse a esto con dignidad y con un mínimo de garantía de éxito, máxime cuando el principio de autoridad en el aula ustedes se lo han cargado y siguen, como dije más arriba, con el «sostenella y no enmendalla». Ni las comisiones ad hoc ni los consejos (muy espirituales) de los que huyen de la tiza y se embozan en sus papelotes de retórica demagógica van a resolver nada. Educar (seguimos con perogrulladas) es, entre otras cosas, hacer ver la necesidad de respetar unas normas mínimas para la convivencia en un espacio público como es el aula. Reventar el desarrollo del trabajo de quien está impartiendo la clase, con lo que ello conlleva de lesión al derecho de aprender de la inmensa mayoría del alumnado, es un atropello que no se debe consentir ni enmascarar con comisiones ni cursillitos al propósito.
Sale, por otro lado, en defensa de esa materia llamada «Educación para la ciudadanía». Lo suyo es mucho, honorable consejero. La mejor educación para la ciudadanía sería, para empezar, que la vida pública no fuese el espectáculo que es, gracias, entre otras cosas, a lo que hacen ustedes, los políticos. ¿Puede el Consejero de un Gobierno que pisotea en sus nombramientos la meritocracia referirse sin atragantarse de educación para la ciudadanía? ¿Puede hablarse de educación para la ciudadanía cuando han recortado tanto y tanto las enseñanzas del latín, el griego, la historia, el arte y la filosofía, cuando en esta última materia tuvieron la tentativa de cargársela casi por completo? ¿Puede haber ciudadanía consciente sin un conocimiento siquiera elemental de las materias que acabo de nombrar? ¿Considera que alguien puede creerse que a ustedes los políticos les interesan ciudadanos críticos?
La educación para la ciudadanía empieza por el ejemplo en la vida pública y concluye por poner a disposición del estudiante un mínimo de conocimiento acerca de las llamadas materias humanísticas. Y ustedes no están por la labor. Que defienda una materia como ésa, especie de decálogo de lo políticamente correcto, es un insulto a la inteligencia.
Y, luego, en el asunto de la religión en la enseñanza, se escabulle usted de forma lastimosa. Primero, lo esencial no es la patraña que se traen ustedes y el PP con que sea o deje de ser la religión evaluable. Digo patraña partiendo no sólo de que no debe ser evaluable, sino que además el Estado laico no tiene por qué sufragar la propaganda de una creencia en su enseñanza oficial. Piense, don José Luis, en las horas que un instituto dedica a la religión. Como sabe, hay que multiplicarlas por dos, puesto que eso implica que haya también la llamada «Alternativa» que es una lastimosa pérdida de tiempo para todos. Piense en el rendimiento que podría sacársele a eso si las tales horas fueran dedicadas a refuerzo de aquellas materias que conllevan mayor dificultad. Y, en todo caso, esto no es lo esencial. Lo importante es que el llamado sistema educativo español no sea el furgón de cola de la Unión Europea según atestiguan los informes. Lo importante es primar y fomentar el conocimiento, no la demagogia.
Verá, señor Riopedre, hay algo en usted que me inquieta lo indecible como personaje público que es. ¿En qué lugar de usted mismo, (metafóricamente, se entiende) cobija la sotana del fraile que fue, así como la hoz y el martillo del militante comunista que también fue y, por último, la pizarra que en algún tiempo utilizó? Y me pregunto también si estos objetos zarandean su conciencia, ahora que es un epítome de lo políticamente correcto. Ahora que no está dispuesto a asumir la realidad en términos machadianos. Es decir, a afrontar de verdad «lo que pasa en las aulas».
ARTÍCULO APARECIDO EN LA NUEVA ESPAÑA
ASTURIAS, 23-10-2002
SOCIEDAD
GUSTAVO BUENO: “DESDE LAS HUMANIDADES SE ENTIENDEN TODAS LAS CULTURAS”
El filósofo asturiano ofreció una conferencia en la que defendió la superioridad funcional de la civilización y sus raíces clásicas
Oviedo, Javier NEIRA
Manuel González, presidente de la Asociación Asturiana de Profesores de Latín y Griego, abrió la sesión. Destacó la importancia de las humanidades y, en un registro autocrítico, dijo que frecuentemente sólo se enfocaban en su dimensión filológica, lo que iba contra su fomento. Citando al profesor Adrados, indicó que España es el único país del mundo donde se prohíbe el estudio del latín antes de los 16 años.
Intervino después en un largo parlamento Miguel Ángel Forascepi, funcionario del Servicio de Inspección Educativa de la Viceconsejería de Educación del Principado de Asturias. Criticó la LOGSE con dureza y señaló que tras doce años de esa ley el campo de las humanidades había quedado desertizado en España. Criticó que la LOGSE fuese entendida casi como una religión y auguró un cambio positivo con la actual ley de Calidad.
Gustavo Bueno tomó la palabra lamentando la falta de tiempo para exponer sus tesis e indicando que «con estas palabras burocráticas que han empleado mis predecesores no se convence a nadie salvo a los convencidos. Lo importante es que las humanidades clásicas son un problema. De eso hay que tratar. Son polémicas, son dialécticas, son un debate. Y esa polémica es consustancial a las propias humanidades, eso es lo que quiero demostrar».
Bueno señaló después que destacadísimos pensadores como Mario Bunge quieren suprimir el latín y el griego en los estudios. Una idea generalizada entre los científicos. «Y es que la polémica de las humanidades no es circunstancial, sino consustancial», añadió.
El filósofo asturiano comentó después que la polémica se suele desarrollar en el tablero de la pedagogía, en torno a titulaciones, plazas o campus. Así se dice que «el latín desarrolla la inteligencia, algo cierto, pero también se desarrolla de otra manera». O, ya en un plano político, «como ha hecho el PP en Yuso, se piensa en el latín como plataforma común frente a la dispersión de las autonomías, una tesis que falla porque deja fuera al vasco y porque incluye al francés, al italiano o a buena parte del inglés».
En cuanto al enfoque burocrático, el problema para los profesores, indicó, era cierto, pero no interesa más que al gremio. «Lo que sí es importante es destacar que los profesores son depositarios de un saber, de un tesoro; si desaparecen como cuerpo, desaparece totalmente. Ese tesoro no se puede perder».
Bueno destacó la confusión que se ha introducido al relacionar las humanidades con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Explicó que el género humano no está dado, es resultado de la historia. «La historia no es el desarrollo de la humanidad, es al revés».
Aplicó su teoría del cierre categorial al caso, desarrolló las humanidades según los tres ejes del espacio antropológico y ofreció un cuadro con doce desarrollos posibles del concepto de humanidades.
En el transcurso de la explicación del cuadro comentó que hace poco le invitaron de una televisión para “una entrevista humana”, dijeron. “Pero ¿es que yo soy un gato?”, replicó. Comentó que para Platón lo importante es ser hombre y no animal, griego y no bárbaro, varón y no mujer, y contemporáneo y no de otro tiempo. En cuanto a Cicerón, recordó que destacaba no ser esclavo, ni bárbaro, ni animal, «o sea, saber latín».
Criticó el nacionalismo separatista vasco y dijo que “si te acercas a la cabeza de Arzallus oyes el ruido que hace al pensar”. Concluyó diciendo que “desde las humanidades clásicas se entiende al resto de las culturas, y no al revés”.
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