Conferencia sobre “Las Geórgicas, de Virgilio” en el Ateneo Jovellanos, Gijón

27 03 2010

El escritor y colaborador de La Nueva España  Ignacio Gracia Noriega  dio el jueves 26 de Marzo de 2010 una conferencia, titulada «Las Geórgicas, de Virgilio», a las 19.30 horas, en la sede del Ateneo Jovellanos (calle de Francisco Tomás y Valiente, número 1).

Una persona que asistió a la conferencia nos envía este comentario:

Ignacio Gracia Noriega comenzó comparando a Virgilio con Homero, repasando la Eneida, y la Odisea, ajustando los graciosos perfiles de tan heroicos personajes: Eneas, Ulises. Después de algunas importantes consideraciones generales sobre la obra de Virgilio, referencias a Dante, a las Églogas, entró de lleno en las Geórgicas, resumiendo sus contenidos, contextualizando en el alma romana agraria y campestre, una obra que ensalza el beatus ille, la vida en el campo, a ver si así evitaba su gran timonel, Octavio, el abandono del campo, la superpoblación de las ciudades. Una recreación ideal, beatífica, que nada tiene que ver con la realidad; un ideal amasado en imágenes del trigo mecido por el viento, nebuloso recuerdo del amor, de los hijos, de los perfumados cipreses cimbreantes, el olor del pan recién salido del horno, la luz de la tarde, el sol del verano, promesa de una buena cosecha, el horizonte abierto al infinito como lo vieron en España los colonos romanos. Comparó la obra con los Trabajos y los días, de Hesíodo, y con él encontró también en las Geórgicas consejos y comentarios, algunos meramente supersticiosos, otros, de larga tradición.

Un discurso propio de quien vive en la metrópoli por excelencia, en el centro del mundo, en Roma imperial, donde, como dice Spengler, comienza la aurora de la civilización total, la disolución del ciudadano, la conversión del hombre en puro microcosmo: ubi bene, ibi patria. Discurso decadente, canto de cisne, prefiguración de un fin anunciado, vuelta al mundo donde los hombres matan y mueren por un pedazo de tierra, mientras los ciudadanos romanos son extraditados de la vida, dejando en manos de los bárbaros, mercenarios, el día a día de lo que hay que hacer para vivir.

Y qué hace el ínclito Gracia Noriega leyendo una conferencia sobre las Geórgicas de Virgilio en el Ateneo Jovellanos de Gijón, un 26 de marzo de 2010 Acaso el mismo canto de cisne, la misma añoranza de un discurso político que fue diseñado para darle tiempo al imperio, aconsejar al romano y recordarle la beatitud del campo. Ya que no hay tal vez nada que lo repare, recordemos que un día los poetas elogiaron la vida campesina, que un día hubo poetas al servicio de los imperios que supieron ser poetas. Si hoy no hay un Virgilio que anuncie el ocaso, si tal vez hay, en la era de la civilización total, un Ignacio Gracia Noriega que recuerda a Virgilio, el poeta que aconsejó el regreso a la tierra, el arraigo de la vida. Recuerda, quizá, que hubo una vez un tiempo en donde los hombres tuvieron la oportunidad de reescribirlo todo, rodeado de un pequeño puñado de personas, todos entrados en años, mientras la vida, la joven y excitante nueva vida de la civilización total late en la calle ajena a la memoria del hombre que araña con sus manos un pedazo de pan.