El discurso de Emilio Lledó, noticia en LNE

23 10 2015

Emilio Lledó “El género humano no ha logrado superar la ignorancia”

En su discurso, el filósofo ha explicado que entiende que las Humanidades son un ideal en la memoria colectiva, que aporta riqueza y dinamismo a la sociedad

 

EUROPA PRESS El filósofo Emilio Lledó, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015, ha lamentado este viernes el deterioro de las Humanidades, una “oscuridad” que puede llevar al género humano a “no superar la ignorancia”.

Durante su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2015, el filósofo ha dibujado el que, para él, es “el cielo ideal de las humanidades”, un espacio en el que el bien, entendido como excelencia, virtud y conciencia moral, surge y evoluciona “desde el cobijo del clan familiar” y en el que el mundo se va conformando gracias a una “luz interior nacida en el corazón del lenguaje” que “nos ha hecho comunicación y humanidad”.

Entiende que las Humanidades son un ideal en la memoria colectiva, que aporta riqueza y dinamismo a la sociedad, a pesar de que “el cielo ideal” de la disciplina está en realidad “lleno de nubarrones violentos” que la deterioran, convirtiendo al género humano en una “degeneración” debido a “la ignorancia y su inevitable compañía: la violencia, la crueldad”.

Para combatir esta ignorancia, ha subrayado la importancia de la educación como medida para “construir el quien que mide en nosotros” desde la infancia. En este proceso educativo, Lledó ha querido destacar el papel de los medios de comunicación y su influencia, asegurando que su lenguaje “condiciona, esclavizándola o liberándola, nuestra vida y nuestra persona”.

“Estoy convencido de que los maestros, los profesores, son conscientes del privilegio de la comunicación como forma suprema de humanidades. Ese anhelo de superación, de cultura, de cultivo es, tal vez, la empresa más necesaria en una colectividad”, ha apuntado durante su intervención.

Es esa “educación de la libertad” la que, en su opinión, “alienta el futuro” de la verdad, la lucha por la igualdad, por la justicia y por la inteligencia.

Emilio Lledó Íñigo (Sevilla, 5 de noviembre de 1927) se licenció en Filosofía en la Universidad de Madrid (1952) y estudió tres años en la Universidad de Heidelberg (Alemania) con una beca de la Fundación Alexander von Humboldt. Fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades por ser “un pensador de relevancia internacional y de trayectoria ejemplar en el ámbito de las humanidades”.



Programa-debate sobre Grecia Millennium: “Grecia obstinada”

18 10 2015

“Grecia obstinada” es el título del programa-debate que Millennium dedicó a la situación económica y sociopolítica de Grecia, el lunes, 12 de octubre (madrugada del lunes al martes). El debate fue moderado por Ramón Colom y participaron como invitados Joaquín Almunia (Comisario Europeo para Asuntos Económicos y Monetarios), Pedro Olalla (escritor y helenista), Irene Martín (profesora de ciencias políticas) y Gonzalo Gómez (economista).

La2. TVE. Martes, 13 de octubre de 2015, 1 a.m.
Información sobre el programa en la web oficial de Millennium
Vea el programa completo en este enlace



Pablo Huerga, Notas sobre la leyenda del rey Astur

4 10 2015

Artículo de Pablo Huerga Melcón, publicado en La Nueva España el último domingo de agosto 2015.

Por razones que tienen que ver con la vocación por el mundo griego y latino quisimos hacer el año pasado una pequeña celebración en la Playa de la Griega, en Colunga. En los días que pasé por Colunga para preparar un poco el evento, se me ocurrió preguntar el porqué del nombre de “La griega” para esta maravillosa playa asturiana. Decidí darme una vuelta, preguntar en Información y Turismo, y luego acercarme a la Biblioteca Pública. La información que iba a recoger de manera casi casual y sin prácticamente hacer más que una pequeña incursión bibliográfica, me dejó atónito. Y voy a referirla porque la cosa no deja de ser sorprendente.

¿Por qué esta playa lleva el nombre de la Griega? Lo primero que pensé es que se trataría de alguna derivación etimológica que no tendría nada que ver ni con Grecia, ni con los griegos. Pero, para mi sorpresa, me entero de que el nombre persiste por los siglos, y arrastra consigo una leyenda; una leyenda de sorprendentes consecuencias, una leyenda digna de un poeta como Virgilio.

Muchos son los que dicen que la Cueva de Covadonga es el lugar más emblemático de Asturias, centro mágico, y religioso, el lugar donde se concreta el mito del origen de Asturias, y aun de España. Pero a juzgar por lo que se cuenta, creo que podríamos decir que si hay algún lugar emblemático en Asturias, ese lugar debe ser una playa. Y no la playa también asturiana que acogió la llegada del rey Carlos I de España, la playa de Tazones, sino esta que estamos homenajeando: La playa de La Griega.

La encargada de la Biblioteca pública de Colunga me enseñó algunos libros que tenía guardados como pequeñas joyas de colección. Entre ellos, este libro de Braulio Vigón, titulado, Asturias, de la Biblioteca Popular Asturiana. En él (pág. 12) se dice:

“El nombre de la Griega que toma el río de Colunga en el sitio donde desagua en el mar, tiene origen, según cuenta la tradición, de unos griegos que en tiempos muy antiguos aportaron allí y fundaron un establecimiento, cuyos edificios dícese que son los derruidos muros que existen en la falda de la colina de la Villeda”.

Total, que tendríamos hasta algún yacimiento arqueológico. ¿Qué griegos serían estos? ¿Antiguos?, sí; pero ¿cuánto?

El mismo Braulio Vigón (pág. 545) hace referencia a la obra de Juan Antonio Suárez Victorero Robledo, Descripción geográfico-histórica del concejo de Colunga en el Principado de Asturias, publicado en Villaviciosa en el año 1896 (pág. 127); que

“refiere, sin prestarle crédito, cómo se decía que era éste el lugar de desembarco de los griegos, capitaneados por Astur.”

En efecto, en el libro Anales del Reyno de Galicia, T. I, del Doctor Don Francisco Xavier Manuel de la Huerta y Vega, Juez Eclesiástico de la Ciudad, y Arzobispado de Santiago, su visitador general y juez subcolector por la Reverenda Cámara Apostólica de Santiago de Compostela, escrito en 1733, encontramos la siguiente afirmación:

“Del origen y Pobladores de Asturias, nobilísima Provincia de España, no se cuentan menores fábulas, que las que llevamos referidas. Muchos historiadores, siguiendo la autoridad de Silio Itálico, dicen, se llamaron así de Astur, el cual fue cochero de Memnon, Príncipe oriental, de quien cuenta Homero, vino a el socorro de Troya, donde murió; y concluida la guerra, refieren, que Astur se embarcó con los de su Nación, y vino a poblar esta provincia”.

Memnón, rey de Etiopía, hijo de Titonio y Eos, la diosa de la Aurora, y sobrino de Príamo (rey de Troya), participó, al parecer, con un ejército, en la defensa de la ciudad de Troya y, a pesar de portar una armadura fabricada por Hefesto, fue muerto por Aquiles, como venganza por la muerte de Antíloco[1], hijo de Néstor y muy amigo de Aquiles. Eos envió los cuatro vientos a recoger su cadáver, y no cesó de llorar la muerte de su hijo toda la noche. Sus lágrimas aun se pueden ver todas las mañanas de frío en forma de Rocío. Conmovido por el llanto de Eos, Zeus le concedió la inmortalidad a Memnon. (A Memnon se le atribuyen también otras cualidades, entre ellas, el haber inventado el alfabeto, y cosas más curiosas.)

La muerte de Memnón aparece relatada ampliamente en el poema épico La Etiópida, escrito en el siglo VII antes de Cristo, un texto perdido atribuido a Arctino de Mileto. Quinto de Esmirna también habla sobre la muerte de Memnón, en su Posthoméricas (Siglo IV). Y Proclo resume el poema de Etiópida en la Crestomatía. Según esta obra, Aquiles, irritado al ver que Zeus devuelve la vida a Memnón, persigue a los troyanos hasta los muros de Troya y allí muere delante de las puertas Esceas por una flecha de Paris Alejandro. Veamos algunos textos del relato por Quinto de Esmirna.

Cómo mata Memnón a Antíoco:

“Memnón, irritado por su muerte, saltó sobre Antíloco, como un león de enérgicas entrañas sobre un jabalí, que también sabe luchar lo mismo contra hombre que contra fieras y su ataque es irrefrenable. Asíd e rápido se abalanzó él, mas Antóloco lo hirió con una piedra ancha. Pero no quedó deshecho su corazón, porque su poderoso yelmo lo protegió del doloroso golpe mortal. Terriblemente se encrespó en su pecho el corazón del herido al retumbar su casco. Aún más se iba enfureciendo contra Antíloco y se inflamaba su poderoso Vigor. Por eso al hijo de Néstor, aun siendo como era buen guerrero con la lanza, lo golpeó bajo el seno. La recia pica penetró hasta el corazón, por donde les viene veloz la aniquilación a los mortales.”

Cómo mata Aquiles a Memnón:

“La discordia enderezó la dolorosa balanza de la batalla. Ya no había equilibrio: fue entonces cuando al divino Memnon el pélida le clavó en la base del pecho la negra espada, que le salió por detrás. Al momento se deshizo su muy amada existencia.”

En el libro de Juan José Sánchez Badiola, En torno a Camposagrado leyenda, eruditismo y mitología heráldica en la montaña cantábrica, publicado en Madrid en el año 1984, pág. 329, se dice:

“Silio Itálico, poeta hispano, dice que Astur “armígero del rey etíope Memnon, fundó Astorga, según la obra del Padre Junco.”

Con relación a Tiberio Catio Asconio Silio Itálico (Titus Catius Asconius Silius Italicus), (muerto en Campania en 101, Cónsul que fue de Roma en tiempos de Nerón), (que desde el Renacimiento muchos han considerado español originario de Itálica en España, aunque hoy esto está descartado) autor de Púnica, el más extenso poema de la épica latina, sobre la Segunda Guerra Púnica, recogemos, del Libro III, 332-339, de la edición de Akal de 2005, lo siguiente:

“Llega asimismo, bañado por las lágrimas de la Aurora, el desdichado escudero del oriental Memnon, el astur que, tras alejarse de los límites de su patria, vino a parar al otro extremo del mundo. Montan caballos de poca alzada no muy habituados a combatir, pero saben ir al galope sin tirar al jinete y arrastrar con su dócil cuello un carro a gran velocidad y sin brusquedades. Los dirige Cidno, infatigable a la hora de recorrer las cumbres de los Pirineos en sus cacerías o combatir a distancia arrojando la jabalina.”

Nótese que el traductor de este texto renuncia a poner en mayúsculas el nombre de Astur, dando por hecho que la leyenda es falsa, y que Silio Itálico pretendió referir con la palabra “astur” al pueblo de los astures, aunque el texto sugiere más bien que Silio Itálico habla del escudero de Memnón, Astur.

En la obra, Asturias ilustrada: Origen de la nobleza de España, su antigüedad y diferencias, en tres tomos, de Jose Manuel Trelles Villademoros, Caballero asturiano, quien dedica al serenísimo señor don Fernando de Borbón, Príncipe de Asturias, en Madrid 1736; pág. 82 y ss.,  leemos un buen resumen, muy complejo, de quién fue Astur y algunas variantes de la tradición referida:

“”Algunos autores como Juan  Gil de Zamora, Florián de Ocampo, dicen que la ciudad de Astorga, llamada en lo antiguo Asturica o Asturica, fue poblada o fundada 285 años antes de Cristo, con el motivo de que entre los Galatas,o galogrecos (que oy llamamos Gallegos) había unas Gentes, llamadas Asturies, o Asturos, y que estos por reyertas que tuvieron con sus compatriotas, se salieron de Galicia y poblaron por tierra de Astorga, que de ellos tomo el nombre de Asturica, o Asturica, difundiéndose después a los habitadores convecinos, que en adelante se llamaron astures. Fundan esta opinión en la autoridad de dos Julianos Poerio y Diacono, autores Franceses que lo refieren así, pero estos sobre ser modernos y no producir autoridad alguna que lo afirme, y estar poco noticiosas de las cosas de España, se convencen claramente de falsos, pues el nombre de astures, consta de las historias, le tenían estos pueblos y sus habitadores más de 1000 años antes; ya referimos lo que expresa Silio Italico…

“Virgilio en su Eneida hace mención de el mismo Astur, hijo, y Armigero de Memnon; pues quando Eneas tuvo Guerra con Turno, passo Astur con sus Tropas de Asturias a favorecerle; era Astur pariente muy cercano de Eneas, por la Casa de Troya; porque Capis, Abuelo de Eneas, y Titón Rey del Oriente, Abuelo de Astur, eran nietos de Troe III. Rey de Troya; y así Eneas, y Astur, estaban en quarto grado de consanguinidad; y sin estas autoridades reconoceremos otras muchas en el discurso de esta obra, por donde consta, que muy antes de lo que dicen los dos Autores franceses, eran conocidos en el Mundo los Astures”.

El rey Astur, según Francisco Sota, en su Crónica de los príncipes de Asturias y Cantabria,  de 1681, se casó con Europa, hija de Agenor, rey de Fenicia, y luego con Erithrea, hija del rey mítico de España o Tartessos, Gerión (que tuvo sus cosas con Hércules). Del casamiento con Europa procede nada más y nada menos que Minos, rey de Creta (porque al parecer uno de los sobrenombres del rey Astur fue el de Júpiter, así lo colige Sota de unas palabras de Eusebio, obispo de Cesarea, en su Chronicon.

Y es que, según Sota, el nombre verdadero del secuestrador de Europa fue Astur.

“porque Júpiter no era nombre propio, ni apelativo, sino de Regia dignidad de Astur, y así Júpiter Astur, es lo mismo que el Rey Astur”.

Sigue diciendo que llegaron a la provincia de Liébana, de donde procede el nombre de Europa para esos picos magníficos que desde aquí se ven. Lo cual también explicaría la participación de los astures en las guerras púnicas contra Roma ayudando a los cartagineses, descendientes de los Fenicios, como Europa. Su segunda mujer fue Erithrea, hija del gigante rey Gerión o Ieron, con la que tuvo a su hijo Noraco que también fue rey.

Se conoce, según los cronistas, su sepulcro, que estaría localizado en la parte oriental de Asturias, “a la ribera del río Ebro, dos leguas más debajo de su origen, donde está un lugar, hoy corto, y de poca vecindad, llamado Bustassur (de bustum, quemar, y astur, pues lo dicho), por haber sido quemado allí el cuerpo de este rey”, dice Sota. (pág. 196). Su sucesor fue Radamanto, con fama de justo, tanto que aparece juzgando en los Campos Elíseos en la Odisea;  y luego le sucedió Noraco, su hermano, que fue el que pobló con una colonia de asturianos, la isla de Cerdeña (de donde partiría Colón muchos años después camino de América, según algunas teorías). Etc.

Entre las dificultades que puede localizar el lector en esta tradición, no es la menor el hecho de que, según esta leyenda, puesto que Memnón es llamado reiteradamente rey negro, si Astur fue su hijo sería también negro. Cómo podría imaginarse al rey de reyes españoles morenito etíope, y no rubio céltico. En todo caso,  la negritud de Memnón no está fuera de duda, porque al parecer Apolodoro advierte que en la Etiópida se decía que era de piel blanca. No obstante, adjuntamos aquí el único busco que conocemos que representa a Memnón, expuesto en el Altes Museum de Berlin, y en el que se puede comprobar los rasgos negroides del héroe trágico.

Otra importante dificultad, en este caso de clase, es la que encuentra objeto de befa y mofa el hecho de que pongamos como príncipe de los reyes españoles a un individuo que sería además, un lacayo, un sirviente, un cochero, un escudero, en suma, un Sancho Panza. De manera que algunos cronistas se han dedicado a matizar el asunto diciendo que Astur era no sólo escudero de Memnón, sino hijo suyo, dándose la circunstancia de que para ser noble ha de ser negro. En todo caso, la tradición señala dos aspectos destacados de lo hispánico: el mestizaje y la connivencia de la realiza con el vulgo frente a las aristocracias locales.

No sabemos si en los textos antiguos desaparecidos se recogían más datos sobre el asunto que nos ocupa: el tal Astur, cochero de Memnón. Sería tarea interesante determinar el origen de la referencia que hace Silio Itálico, siendo ésta la más antigua, y no es poco, que podemos establecer. Al parecer, Esquilo escribió una trilogía sobre Memnón, de la que se conocen sus dos primeros títulos Memnón, y El pesaje de las almas, y a Sófocles se le atribuye también una tragedia sobre el tema titulada Los Etíopes. Pero estos textos se han perdido. Sin embargo, en la obra Posthoméricas de Quinto de Esmirna, que seguramente se alimenta de fuentes antiguas y que es posterior a la obra de Silio Itálico, no se menciona a Astur, cochero de Memnón.  Y aunque Virgilio, en el libro décimo, habla de un Astur (”el hermosísimo Astur, diestro y muy confiado con su caballo, vistoso con sus muy pintadas armas”), aliado de Eneas, no parece que este príncipe corresponda tampoco con el Astur de Silio Itálico, pues Virgilio hace procedentes a sus trescientos seguidores de ciudades itálicas y no de Asturias, como algún cronista afirma sin empacho. Tampoco hemos encontrado referencias anteriores al armígero de Memnón en la obra de A. Bernabé, Fragmentos de épica griega arcaica (Gredos, Madrid 1979), donde se recogen los pocos fragmentos que corresponderían a la Etiópida de Arctino de Mileto y al resumen de Proclo (Crestomatía).

Total que, al igual que Roma, España tendría, ni más ni menos, raíces troyanas. No tuvo, sin embargo, un Virgilio que cantara la gesta de aquellos astures, dándose por enemigos consumados cuando, al cabo de los siglos, troyanos contra troyanos, Romanos contra Astures, se encontraron frente a frente en la batalla, y quizá por esa raíz común fueron tan arduas las batallas, y tan difícil la conquista.