NO a este extraño sistema de oposición

10 06 2008

En estas fechas nadie en los centros piensa en otra cosa: las dichosas oposiciones. Poco voy a decir que no se sepa, pero quería añadir mi granito de arena. Para que todo quede muy claro dejaré consignado ya en el primer párrafo que esto de las oposiciones ni me va ni me viene, puesto que yo las aprobé -con plaza, por supuesto- hace mucho. Solo que para aprobarlas tuve que marchar de mi tierra, pero eso es otro asunto.

En realidad, muchos de los profesores que conozco también las han aprobado, igual que yo, e incluso mejor que yo, pues hay quien las aprobó ya tres veces, pero sigue sin plaza. Solo este pequeño detalle da indicio de la justicia de nuestro sistema de selección: puedes tener un nueve con nueve como calificación, y quedarte para sustituciones.

Se me dirá que se trata de un concurso-oposición, y que la experiencia docente cuenta. Eso hace que un tío con veinte años de experiencia y que jamás ha pasado de un uno en el examen obtenga la plaza mientras otro que nunca ha trabajado, con un diez, siga en la cola del INEM. Es una buena forma de perpetuar dinosaurios en el puesto, sí señor: con haber sacado una vez un suspenso, hace veinte años, tienes aseguradas las lentejas para toda la vida, y hasta puedes ir a pie al trabajo, si me apuras. No sé, para eso mejor que pongan a todos los aspirantes en fila por orden de edad y cada año den paso a los diez más viejos, librando al resto, por lo menos, del incordio de estudiar.

Últimamente han modificado el sistema de acceso. En mi ignorancia de funcionaria asentada no me entero de mucho, pero parece ser que ahora les piden que traigan de casa un trabajo de extensión equivalente a una tesina, trufado de lenguaje educa-administrativo y encuadernadito en colores. El trabajo en cuestión puede bajarse del rincón del vago, componerse a escote entre quince o comprarse por un ojo de la cara en una academia, pero cuenta tanto o más que el aprendizaje memorístico. Supongo que lo hacen para evitar que se cuelen los empollones sin dotes pedagógicas (todos hemos sufrido al típico profe que sabe mucho pero no es capaz de transmitir nada), pero me temo que con un trabajo por escrito no se enteren de tu capacidad oratoria. Sobre todo si está escrito por otro.

Otra novedad es que ahora te puedes presentar a profe de Matemáticas aunque tu titulación sea de Historia del Arte, y es que para la administración todas las licenciaturas son intercambiables. No les falta razón, ya que si llegas el último al instituto te ponen a dar Comunicación Audiovisual y Multimedia cuando eres especialista en Latín, y eso, si tienes suerte, que si no te toca doblar guardia de patio. En realidad esta cláusula no es tan novedosa. Siempre se ha podido acceder a la enseñanza de una materia con cualquier licenciatura, pero existía entonces una prueba práctica para distinguir a quien sabía hacer de quien tan solo memorizaba; dicha prueba funcionaba como un efectivo colador. La novedad es la eliminación de tal prueba práctica, con lo que, más que colador, lo que nos dejan es un coladero. Pero sobre esto ya ha escrito, con información más exacta, un compañero mío Guiño.

Todo concurso tiene un jurado, y por lo general el jurado consiste en personas expertas en el tema y con mayor excelencia académica que los concursantes. Aquí el jurado son tus propios compañeros; nada de profesores universitarios, qué va: a esos los reservan para la PAU, pues debe de ser mucho más complicado juzgar ejercicios de adolescentes, con la de faltas de ortografía que cometen. No es poco habitual que te toque de jurado un compañero (actual o ex) de departamento o incluso uno de la carrera que haya tenido más suerte que tú. Antes de excrementarte en su prostituta progenitora si no te pone el sobresaliente piensa que él también va obligado a los tribunales, designado por un bombo inapelable, y que no es parte de su cometido estar actualizado en las nuevas teorías que hayan podido surgir en tu materia.

Lo dicho, en estas fechas nadie piensa en otra cosa en los institutos. Incluso los funcionarios. Porque, en lugar de celebrarse con Junio ya terminado, tienen la idea de poner el examen de oposición justo al final del curso, cuando se corrige, se evalúa, se deciden cosas tan importantes como la promoción o no de los chavales, etc. Total, que aquí no hay un solo interino que no esté pendiente de los exámenes… pero de los suyos propios, no de los de sus alumnos, como es normal jugándose uno lo que se juega. Buena manera de fomentar la calidad de la enseñanza, ¿no les parece?

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