Mi despiste más gordo

30 03 2009

Intento ser benevolente con los despistes de los alumnos (a no ser que vea que intentan escaquearse de hacer los deberes, claro). ¿El motivo? Porque ninguno de ellos ha superado nunca este que sigue. El despiste más gordo que tuve en mi carrera profesional me ocurrió en Andalucía. Ya no me acuerdo si fue en Sevilla o en Sanlúcar, pero sí que me acuerdo, casi palabra por palabra, del diálogo que sostuvimos los chicos y yo. Tal que así:

(La escena muestra un aula con las mesas separadas y los alumnos decentemente colocaditos de uno en uno. Entra la profesora)

Profesora (que soy yo, claro): ¡Hombre! ¿Qué tal? ¿Habéis tenido examen?¿Con quién?

Alumna aventajada: Pero profe… ¡si lo tenemos ahora, contigo!

Profesora:¡Ay, Dios! ¡Se me había olvidado!

Alumnos: Nada, profe, no te preocupes… lo dejamos para mañana, si nos da igual…

Profesora: De eso nada, ¡que lo tengo en la maleta! (o eso esperaba)

Desgraciadamente para mis pobres pupilos, que ya se habían hecho ilusiones, el examen estaba en la maleta, y hasta fotocopiado veinte veces, y a partir de ahí todo normal. Un olvido lo tiene cualquiera, ¿no?

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