Echando de menos Vandalucía

3 06 2009

Lo malo del tiempo es que desdibuja los recuerdos; buenos o malos, hubiera querido conservarlos prístinos. Se me está olvidando Andalucía: el color de la luz, el olor del aire, el acento de la gente. Pero es inevitable: todo lo que vives, pasa; todo lo que pasa, se ha ido.

Aunque estoy en Asturias feliz de la vida, a veces echo de menos Andalucía, sobre todo tres cosas: algún amigo (quien se tenga que dar por aludido, que se dé), a los alumnos (eran majísimos; de verdad los quise) y las aceitunas de diversas especies aliñadas en casa (y no extraídas de un triste bote de conservas, única manera de conseguirlas aquí).

Pero estoy olvidando demasiado. No me importa olvidarme de las motos sin silenciador que pasaban sin tregua debajo de mis balcones, pero lamento no poder acordarme de todos los nombres de aquellos a quienes traté. Ya se me desvanece todo en la memoria: lo indignante y lo magnífico, lo triste y lo divertido, sin duda para dejar sitio a lo que haya de venir. Por eso pongo punto final, con este, a los artículos de Exiliada, que, por cierto, no creo que me ganen precisamente el nombramiento de hija predilecta de Sanlúcar Burla.

Y a todos los asturianos que tienen que trabajar lejos de casa, desearles mucha suerte y pronta vuelta.

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