Soy una privilegiada

9 03 2010

 A pesar de todo, soy consciente de ser una privilegiada. Cuando un autónomo se pone malo, tiene dos opciones: cerrar la tienda y no comer o ir con la fiebre al trabajo. Cuando un empleado de una empresa privada está enfermo, en teoría tiene derecho a darse de baja; en la práctica, si la solicita, puede encontrarse, cuando por fin vuelve recuperado, con que le han dado a otro su puesto.

El funcionario docente tiene derecho a cuidar sus enfermedades en la camita; derecho que no es capricho, sino necesidad fundamental, que por desgracia muchas empresas se saltan porque tienen poder para esclavizar hombres y pagar menos a las mujeres. Derecho, sin embargo, que al parecer no nos alcanza a todos: escribo consciente “funcionario” y no “profesor” porque parece ser que los interinos lo tienen más crudo: si te das de baja te vas fuera de la lista. Sí, señores, los interinos no pueden ponerse enfermos. Para muestra un botón: un caso verídico. Me han contado de una persona que tenía un cáncer y, estando con la quimioterapia, tuvo que rogarle al médico que le diera el alta para poder mantener su lugar en la lista. Por supuesto que tuvo que cogerse la baja inmediatamente después. ¿Qué clase de sistema inhumano es este, que te obliga a estar más pendiente de tu vida laboral que de tu vida a secas?

Toda persona debería tener derecho a ponerse enferma, pero acabo de aprender que en España la definición de “persona” se restringe a la que ha aprobado una oposición.  ¡Y yo que creía vivir en un país avanzado y democrático!

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