¿Quiénes van a Diversificación?

24 03 2010

Hemos celebrado una de tantas sesiones de evaluación. Hay que ir mirando ya si el alumno con problemas puede pasar al programa de Diversificación el año que viene, así que en ello estamos. Dos casos reales y significativos: el/la alumn@ cuyos padres se niegan en redondo a que siga este programa a pesar de que bien lo necesita y el/la alumn@ que no podrá entrar en él porque las está aprobando todas, aunque con ayuda. Analicémoslos.

El primero de los casos es común: padres que no aceptan que su hijo tiene algunas deficiencias (ya sea de inteligencia, ya sea de falta de hábito de estudio, ya sea… lo que sea). En vez de encarar el problema lo que hacen es negarlo: el perjudicado, por supuesto, el hijo. Pero sin el permiso paterno el alumno acabará en el cuarto/tercero ordinario, donde tiene el noventa y nueve coma nueve por ciento de posibilidades de no sacarse el graduado. ¿Pero quién tiene que diagnosticar el problema de un alumno, el profesor o su padre? ¿Se imaginan ustedes a un padre decidiendo el tratamiento médico de su vástago, pasando del “consejo orientador” del galeno? Pues eso es lo que tenemos en los institutos cada día.

Del otro caso no culpo a las familias, sino a la Administración, que está formada por gente que, o nunca ha dado clase, o se les ha olvidado. Por lo visto, uno de los requisitos para ser admitido en Diversificación es haber suspendido casi todo el curso pasado. Pero ocurre que los alumnos con dificultades están siguiendo clases de apoyo, en las que se les exige de manera proporcional a sus carencias. Es decir, que si el alumno se esfuerza, lo normal es que apruebe. Pero entonces ¿qué pasa? Que los de arriba deciden que, si el alumno está oficialmente aprobado (nada importa cómo lo ha conseguido), no puede entrar en Diversificación. Con esto obligan a los profesores a una decisión inmoral: suspender al alumno que ha estado haciendo lo mejor que puede durante todo el año porque esa será la única manera de permitirle ser admitido en el programa pensado para él. O eso, o lo apruebas y lo echas a los leones. En resumidas cuentas, ¿por qué siempre paga el más débil?

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