Despojada

4 04 2011

La baremación definitiva no me ha devuelto mi segunda carrera. A efectos prácticos, no tiene importancia, ya que es mucho más que tres puntos lo que me separa de ir todos los días al trabajo a patita.

Ni siquiera voy a hacer el esfuerzo de indignarme con la degradación, ni a asombrarme por la incompetencia de quienes hacen los baremos: en realidad, lo extraño es que te baremen bien, y lo milagroso, que te admitan una reclamación, como sabe el noventa por ciento de mis compañeros de gremio.

Por algo será que nos han puesto Kafka de lectura obligatoria.

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