NO a la enseñanza de religión

23 05 2011

Cuando se trata de juntar educación con religión me adhiero al pensamiento laico: que el estado no pague ni exhiba ni haga propaganda de religión alguna, pero tampoco luche contra ellas; que la religión sea asunto exclusivo del creyente.

Por eso defiendo la supresión de la asignatura llamada “Religión” de las escuelas. Y mira que lamento escribir esto, porque precisamente entre mis mejores amigos hay profesores de esta materia, y no quisiera que se quedaran sin trabajo. De hecho, si he tardado tanto en decidirme a colgar este artículo ha sido por amistad: uno de los compañeros a quienes más aprecio fue profesor de Religión (hola, Manolo Guiño).

Conocer la historia de las religiones, y, sobre todo, de la religión que ha marcado el devenir de Europa es positivo y necesario. Todos estamos de acuerdo en que un ciudadano medianamente culto no puede ignorar quién es esa señora con orla dorada que sale en el cuadro barroco sujetando a un bebé gordito. Sin frivolizar: el cristianismo está en la génesis de la mitad de las obras de arte del mundo occidental, por no decir de instituciones y costumbres. Pero todos sabemos también que este no es el planteamiento de la asignatura en cuestión. Se afirma que no se trata de “catecismo”, pero sus profesores han de ser aprobados por la autoridad eclesiástica (que les pide cuentas hasta de su vida privada). Se insiste en que no es una “maría”, pero hay institutos en que no se ha visto un insuficiente en Religión desde tiempos prehistóricos. ¿Y por qué hay una “alternativa no evaluable” a la asignatura de Religión y no la hay, pongo por caso, a la de Francés? ¿Qué tal si yo les dijera a mis estudiantes que pueden optar entre dar Lengua o nada?

Ninguna creencia religiosa -ni siquiera el ateísmo- debería ser materia de enseñanza en un centro educativo estatal.  Defiendo el derecho de cada confesión religiosa a educar a sus propios fieles, pero no en un centro público, con dinero público, instalaciones públicas y horario público –añadiendo de paso una hora inútil a los alumnos que no la cursan-. Y probablemente el noventa por ciento de la gente piensa así (soy consciente de que no estoy lanzando ninguna idea original); sin embargo, no hay manera de erradicar de las escuelas el lastre de una asignatura que corresponde a una forma ya caducada de entender la enseñanza. Me preguntó por qué nos cuesta tanto.

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