Huelga de alumnos

5 02 2013

Tres días de huelga contra la reforma educativa que se nos viene encima. Nadie en el sistema está de acuerdo con los futuros cambios, bien porque querríamos otros, bien porque todavía quedan quienes no quieren cambiar. Nadie nos ha consultado a los que estamos dentro: alumnos, profesores, padres; hasta los bedeles serían más de fiar que los políticos-economistas-administrativos que han hecho las nuevas normas.

Los alumnos me preguntan: “¿hay huelga?”, como si la huelga significara tan sólo el permiso de no asistencia a clase, y como si ese permiso tuviera que otorgarlo yo. Lo hacen siempre, y no hay que censurarlos: es normal su falta de independencia; por algo no son aún adultos. Otros, en, cambio, saben perfectamente lo que están haciendo y animan a sus compañeros a ir a la manifestación: “una huelga no son unas vacaciones, es una protesta”. Los profesores se lamentan de la repercusión que este parón tendrá en el temario de segundo de Bachillerato, pero todos nos vamos a la cafetería con cara de alivio si a cuarta hora ya no tenemos “clientes”. Y yo aprovecho estos minutos, en los que tendría que estar explicando la complejidad psicológica de la duda de Hamlet, para escribir este articulillo, que en nada nos recuerda a Shakespeare.

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