Ha llegado un extraño

13 02 2013

 

Leí por primera vez Ha llegado un extraño (Mollie Hunter, 1975) cuando tenía más o menos la edad que la contraportada recomienda, pero no pude hacerme con el libro. No recuerdo por qué; probablemente, porque lo habría encontrado en alguna biblioteca pública. Muchos años después (aunque no frente al pelotón de fusilamiento) recordaba este libro con nitidez. Me había parecido hermoso, poético y sugerente, y para nada merecedor de llevar el restrictivo cartelito de “literatura juvenil”, aunque el punto de vista sea el de un niño de doce años. Pero no tenía manera de comprobar si era la distancia temporal la que poetizaba el recuerdo, ya que, por lo que se ve, no se ha considerado merecedor de una reedición. Consideraba la opción de buscarlo por internet, cuando hace pocos días, y por pura casualidad, me encontré con un ejemplar en una librería de viejo. Me lo quedé por un miserable euro.

No me ha decepcionado, sino todo lo contrario. Escrito con sencillez, con capítulos breves, con el protagonismo de un niño y basado en el folclore, volvió a parecerme más valioso que otros novelones de mejor fama y fortuna editorial y, desde luego, mejor que muchas historias pretendidamente “adultas”. Y, sí, también los niños de doce años pueden disfrutarlo, así que se lo estoy leyendo a mis alumnos de primero, a capítulo al día, para que les haga tan felices como me hizo a mí. Y les gusta. Y no, lo siento, chicos, pero no voy a revelar en este artículo qué significa el nombre de Finn Learson.

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