La séptima hora

21 10 2015

La llaman séptima hora en unos centros; hora cero en otros. No ocurre todos los días. No todos los alumnos la sufren, ni todos los profesores. Las víctimas favoritas de esta medida son alumnos con pendientes, alumnos bilingües, alumnos de primero de Bachillerato, profesores de inglés, tutores y el último interino del departamento. No es más que una hora de más. Como si fueran pocas seis horas de clase al día, alumnos y profesores se ven obligados a levantarse antes que el sol o a comer a las cuatro de la tarde (téngase en cuenta que no todo el mundo vive en el mismo lugar en que trabaja o estudia). Pero claro, la cultura del presentismo ha hecho creer a los que diseñan los programas que aumentar el tiempo de presencia en el instituto equivale a aumentar el rendimiento. Como si un adolescente pudiera mantener la capacidad de concentración durante siete horas; siete horas en las que, para mayor escarnio, le está prohibido levantarse del asiento, hablar, estornudar, beber agua o hacer pis.

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