NO al nuevo calendario escolar

5 11 2015

No ha sido aprobado aún y ya los periódicos se nos echan encima con titulares estilo “los profesores proponen más semanas de vacaciones”. Nos referimos, claro está, a la nueva propuesta de calendario escolar que la administración asturiana se ha sacado de la nada. Pues bien: ni se trata de más vacaciones, ni los profesores hemos propuesto nada. Al revés: a mí nadie me ha pedido mi opinión, y a los miembros del claustro al que pertenezco, tampoco.

La nueva propuesta de calendario escolar pretende imitar en un país de clima cálido modelos válidos en lugares en los que nieva en noviembre, como si la excelencia educativa de Finlandia se contagiara copiándoles las fechas festivas. Qué magnífica idea: en tiempos de crisis y reforma, cuando toda la enseñanza española anda patas para arriba, Asturias propone además una nueva complicación: organicemos de nuevo los horarios y separémonos de hecho del resto del país, que, por supuesto, seguirá descansando en Semana Santa.

Que se queden tranquilos los padres, que no nos están ofreciendo más vacaciones. Lo que se nos viene encima en verdad es un calendario en que los alumnos tendrán más días sin clases… pero los profesores acabarán teniendo que asistir al centro de una manera o de otra, bien para tareas administrativas (que aumentan en progresión geométrica), bien para hacer de cuidadores procurando “servicios mínimos” para los alumnos cuyos padres reclamen su derecho de tenerlos encerrados a buen recaudo.

Que se queden tranquilos los sindicatos, que no nos están quitando ningún derecho más. Después de todo, el número de días de trabajo sigue siendo el mismo… por ahora. El próximo paso será extender la actividad lectiva a los sábados con la excusa de que así ocurre en algún país europeo, o el comienzo de las clases el día 1 de septiembre, lo que nos obligará a realizar todas las tareas de evaluación en… ¿lo adivinan? ¿A finales de Agosto tal vez?

Habrá compañeros a los que este nuevo calendario les parezca estupendo, y sé que tienen tanto derecho como yo a manifestar su opinión, pero el problema está precisamente ahí: nadie nos ha preguntado. Nadie ha votado en los claustros qué nos parece un cambio tan violento y repentino; ningún representante sindical se ha pasado por los institutos a consultar si queremos o no otra modificación más en nuestras condiciones de trabajo.

Que no nos engañen los titulares: los profesores no hemos propuesto nada. El nuevo calendario escolar ha sido una idea impuesta desde arriba, que la administración llevará a cabo si le sale de las narices, y que nos tendremos que comer con patatas nos guste o no, porque se nos ha negado hasta el derecho de protestar. Oh, sí, si a algunos nos mosquea un poco, podemos hacer una huelga, que no tendrá ninguna consecuencia porque, como todo el mundo sabe, los alumnos cuyo profesor está ejerciendo su derecho a la huelga deben ser atendidos por otro pringado al que le toque la hora de guardia.

Desde aquí aprovecho para dar las gracias a los sindicatos por defender tan bien nuestros intereses, a la administración por hacernos la vida cada día más fácil y al gobierno por pretender que cobremos a tanto el aprobado. Gracias por haber convertido nuestra vocación en una absurda pesadilla.

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