Echando a un alumno de clase (II)

22 11 2016

Toda la parafernalia del artículo de ayer era nada más que para echar al alumno de clase. Cuando se trata de expulsar al alumno del centro, la cosa se complica tanto que algunos institutos prefieren quedarse con el nene aunque el muchacho/a haya faltado al respeto a profesor, compañeros, personal de limpieza y hasta a la sufrida directora. Pero claro, tomar la decisión de sancionar al alumno da pereza, sobre todo porque hay que pedirles permiso a los padres para remitirles a su angelito, y para ello hay que localizarlos primero.

Además, las medidas punitivas están muy mal vistas (sobre todo por aquellos que se han librado del contacto directo con alumnos), con lo que el número máximo de días que un director puede expulsar del centro a uno de sus estudiantes por primera vez es de tres. Sí, como lo oyen: tres días en todos los casos, haya hecho lo que haya hecho. En un caso de acoso como el que se ha hecho recientemente popular por los telediarios, con la víctima en el hospital y con parte de lesiones, los presuntos responsables han sido sancionados con tres días de privación de asistencia a clase; exactamente lo mismo que pasa con el que se niega a entregar su móvil al jefe de estudios.

Y el remate es cuando te viene te viene el alumno problemático de turno con carita de hastío a preguntarte: “Oye, profe, ¿qué más tengo que hacer pa que me echen, que estoy hasta el gorro de estar aquí?”

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