Esperando a Godot

5 04 2017

El inspector vino el viernes pasado, pero yo me encontraba fuera de servicio. Lo cierto es que el jueves y el viernes sufrí de una pasajera infección de garganta que me obligó a ausentarme del instituto: desde aquí afirmo rotundamente que el hecho de que coincidiera con la anunciada venida del inspector fue una desafortunada coincidencia (tengo justificante médico si se necesita prueba). En fin, el caso es que me quedé sin conocer al esperado personaje, pero no me desanimo: tendré otra oportunidad. Tanto la directora como la jefa de estudios, así como una o dos compañeras me han recordado sucesivamente y sin ponerse de acuerdo que había sido agraciada con una cita con el inspector, sin duda para que me ocupe de poner mis papeles en regla.

La verdad, prefiero una cita con el inspector antes que una cita con…

dentista

Asumiendo que todos somos, por definición, profesionales competentes y honrados que desempeñamos nuestro trabajo con eficacia, no entiendo el porqué de tanta agitación, que pudiera malinterpretarse como pánico, ante la aparición de un inspector que no es el de Hacienda. La jefa de estudios me ha citado a su despacho para entregarme unos folios con toda la secuenciación temporal de las actividades programadas para la inspección, de cuáles sólo dos tienen algo que ver conmigo; la orientadora se ha apresurado a devolverme unas encuestas que les pasé al alumnado a principio de curso y que ni a ella ni a mí nos han servido absolutamente para nada, sin duda movida por el laudable objetivo de que se las enseñe al inspector cuando me pida cuentas de lo que he hecho. Al parecer, ni siquiera mi orientadora confía en que haya hecho algo alguna vez en la hora de tutoría.

Sigo esperando a Godot.

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