El cumpleaños de Hitler

20 04 2017

Hoy es el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler. Por fin he conocido al inspector. La yuxtaposición de dos oraciones no tiene forzosamente que establecer una relación causal entre ambas.

Hitler bebé

Este bebé tan mono no es exactamente un inspector de educación.

El inspector andaba por el centro desde ayer, y aunque no nos encontráramos entonces, tuve pruebas fehacientes de su existencia. En efecto, una compañera entró muy sofocada en la sala de profesores anunciando que acababa de entrevistarse con el inspector: tengo que añadir que mencionada compañera está muy lejos de la edad en que tales fenómenos pueden atribuirse a la naturaleza. Murmuró algo sobre “registrar las entrevistas con los alumnos” que tenía que haberme puesto sobre aviso, pero es que yo soy de improvisar.

Susodichos alumnos me estuvieron contando anécdotas sobre visitas de inspectores a sus anteriores centros educativos: se habían enterado de la llegada del fulano, aunque yo (fiel a mi política) no les había facilitado la información. Pero es una verdad universalmente reconocida que los alumnos se enteran de todo excepto de lo que quieres que se enteren. En fin, que me estuvieron contando que la última vez que vieron un inspector de educación le escupieron dos veces (uno al principio de la visita y otro cuando el jefe de estudios volvió con la sanción), o que cierto chavalillo, ante la aparición de un inspector en el aula, le espetó a bocajarro un: “¿Pero qué hace aquí el payo este?”

Y por fin se despejó la incógnita que planeaba sobre la apariencia física del inspector y hasta sobre su misma existencia. Bien, en primer lugar no se trataba de un solo inspector, sino de todo un equipo de inspección completo (formado por dos personas, tampoco hay que pasarse). El que me entrevistó a mí resultó ser un señor muy agradable (pero no nos fiemos: también era muy amable O´Brien con Winston Smith) al que tengo que agradecerle haber respetado el recreo que dedico a comer galletas. También le agradezco haberme obligado a saltarme la hora de guardia para que ambos la pasáramos juntos charlando (de trabajo, no se vayan a pensar…), y como ser agradecidos es de bien nacidos, voy a incluir en esta ristra de agradecimientos a todos mis queridos tutorandos, que por supuesto no se presentaron a la hora de tutoría.

Con toda probabilidad el inspector se ha quedado descolocado ante mi costumbre de no guardar copias de documentos que no voy a volver a mirar, así como ante mi informalidad con las fechas y los números (para encima el señor es de Matemáticas), así como con mi renuencia a utilizar el formato preestablecido para las comunicaciones internas. Esta entrevista me ha servido, además, para darme cuenta de que debería controlar mi tendencia a decir lo primero que se me pasa por la cabeza aunque el audiorio esté compuesto por menores de edad, inspectores de educación o señoras católicas. En resumen, que me alegro de que el inspector no pueda despedirme ni destinarme a Degaña.

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