El ACOSO ESCOLAR existe

24 01 2018

Hace poco, los responsables de Educación que nunca han pisado un instituto aseguraron en los medios, anunciándolo a bombo y platillo, que la mayoría de las denuncias por acoso escolar eran falsas. Cuánta clarividencia.

A esto se le llama táctica del avestruz: esconde la verdad, que molesta. Nos encontramos ante una juventud educada en la violencia, una carencia grave de disciplina en los centros educativos y una falta de control por parte del profesorado, al que se ha privado de medios para atajar la mínima desobediencia, y ¿qué nos dicen los de arriba? Que el problema no existe. Que ningún niño de Asturias se ríe de un compañero, insulta a un compañero, pega a un compañero. Que aquí no acosamos escolarmente a nadie, ho. ¿Y el alumno que me he encontrado esta mañana en la esquina llorando, qué?

Quizás si no tuviéramos este sistema garantista que te prohíbe castigar sin haber rellenado tropecientos informes y obliga al alumno víctima a probar que efectivamente es víctima (¿alguien percibe la semejanza con los casos de violación?) quizá, digo, arregláramos algo. Por supuesto que el castigo no es la mejor solución ni la más recomendable. Pero a veces es la única disponible. No me digan que es justo que el alumno acosado tenga que cambiar de centro y el acosador se quede. No me digan que el acosador tiene derecho a la educación mientras que al acosado se lo quitan por la fuerza.

Y mientras tanto, nuestra comunidad se gasta a saber cuánto en un estudio sobre la convivencia en los centros. Luego nos obligarán a redactar un “plan de mejora”. Y el niño que llora en la esquina que siga llorando.

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