Shakespeare vive

13 12 2019

Segundo de la ESO. Les pregunto a mis alumnos qué quieren leen en la hora de lectura. Resulta que los que no estaban conmigo el año pasado ya habían hecho todas las lecturas pedagógicas que tenemos en el departamento, incluso las que no tocaban: adaptaciones de clásicos, libros para niños del siglo XIX, novela juvenil actual con valores (la nueva forma de llamar a la moraleja). Total, que de pronto levanta la mano un alumno y me sugiere:”¿Por qué no leemos la historia tan chula que nos habías contado el año pasado?” Interesada, pido más pistas. “Esa que iba de un asesinato en Escocia con brujas y unas manos manchadas de sangre…” Y entonces me muero de alegría. ¡Los alumnos querían leer Macbeth! Efectivamente, se la había contado el año anterior a los que estaban conmigo, pero no la habíamos leído en clase. Un curso después, no solo se acordaban, sino que me pidieron a coro que sí, que esa, esa, y no otra, especialmente no uno de esos libros que estaban en la lista del departamento y que se suponen hechos adrede para gustarle a un chaval de doce a catorce años. Porque, señores, resulta que lo que le gusta de verdad a un chaval de trece años son los asesinatos truculentos, las manchas de sangre, las brujas y los misterios en la noche, y no los libros políticamente correctos diseñados por un equipo editorial que se esmeran en el prodesse y olvidan el delectare.

Estadísticas Este artículo ha sido visitado  53  veces


Acciones

Informaciones

Enviar un comentario


*
Para demostrar que eres un usuario (no un script de spam), introduce la palabra de seguridad mostrada en la imagen.
Anti-Spam Image