Primera semana de cuarentena

19 03 2020

La realidad no es nunca como la pintan los políticos. Al cerrar las aulas, la Consejería emitió un mensaje de normalidad: que si continuaríamos las clases por vía telemática, que si –afortunadamente, recalcó– no vivíamos en la Prehistoria… Voy a dejar aparte la obvia discriminación hacia las sociedades de cazadores-recolectores y a centrarme. Resumo la situación: esto es un puto caos.

Cada autonomía va por libre: unos no pueden avanzar materia y a otros sus inspectores les exigen un informe sobre la programación telemática y el progreso semanal de sus discentes. Las compañías telefónicas piden que se haga un uso razonable de internet o se nos cuelga todo el sistema, pero hay profesores tan diligentes que están conectados mañana, tarde y hasta noche para las últimas dudas, además de impartir videoconferencias por YouTube y chateo en vivo con el móvil.  Hay profesores que levantan a sus alumnos antes del alba para examinarlos online en una plataforma educativa que se cuelga en cuanto se conectan más de sietelos hay que se han limitado a enviar una lista de tareas y otros que ni siquiera rellenan su parte correspondiente en la página web de su instituto. Hay compañeros que no pueden manejar una plataforma educativa porque no saben; otros, porque no tienen acceso; los demás, porque se satura, y el resto, porque se acaban de ir para Urgencias con síntomas de coronavirus.

En cuanto a los padres, hay quien exige que les pongan más deberes a sus retoños, quien protesta porque les hemos puesto demasiados, quien nos llama vagos por el Twitter y quien se queja, y con razón, de que no puede sentarse con los chavales a explicarles la tarea porque por algo no está licenciado en la misma materia que el profesor que se los encargó. Hay quien no puede atender a la vez a su abuela, el propio teletrabajo, la mujer con síntomas de gripe, el nene de teta y los dos chavales con deberes que tienen que enviar obligatoriamente antes de las 12.15 aunque en casa solo dispongan de un ordenador de hace diez años. Con respecto a los alumnos, los dividiré para simplificar en tres grupos: los responsables que te hacen en un día todo lo que les has mandado para quince y todavía te preguntan cómo los vas a evaluar, los que están jugando al Fortnite y pasando de ti (o sea, lo mismo que hacen en clase, para qué engañarnos) y los que tienen problemas más graves en su casa que en la clase de Matemáticas, como por ejemplo el paro y la recesión que van a destrozar el bienestar de muchísimas familias.

Y mientras tanto, corren por ahí los bulos de que nos van a reducir el sueldo y obligarnos a volver en Julio, medidas ambas, sobre todo la última, que si se acaban tomando no será más que para contentar a una opinión pública desde hace años predispuesta en contra de nuestro colectivo. No estará de más, en consecuencia, recordar que seguimos disponibles en nuestro horario, y que si no estamos mandando más tareas de enseñanza-aprendizaje (digámoslo en jerga) es porque algunos todavía creemos que lo más importante en estas circunstancias es la salud.

Y la lectura.

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