Por qué Axia

Axia no es mi nombre ni tampoco mi pseudónimo. Es una palabra eufónica de una lengua eufónica. Tiene difícil traducción: hace referencia a las cosas de importancia, a la exigencia, al mérito e incluso a la función de guiar; es fácil y obvia la asociación de este término griego con la enseñanza.

Sin embargo he de confesar que la he elegido como título por su sonido rotundo más que por su significado. Es fácil de recordar, aunque a la vez fácil de malescribir. Por supuesto, no es original: creo que por ahí me confunden el blog con una agencia de seguros, y, peor aún, con una asociación de directores de centros educativos catalanes. Desde aquí declaro bien alto que ni soy catalana, ni vendo pólizas, ni tengo la menor intención de dirigir un instituto (por fortuna para el instituto, se entiende). Pero no hay combinación de letras que no se haya usado en un idioma del mundo, quizás para un excremento o para un dios.

Aunque, si quieren que les diga la verdad, Axia no es más que una palabra que se refiere a una broma privada entre tres amigasGuiño.

Esta bitácora va dedicada a la memoria de Delia Zaldúa, una de las tres amigas, y que ya no vive.