Y eso fue todo

13 05 2014

Me llaman para que firme los papeles de la carrera profesional, con el inspector delante, para más señas. Al final, en esto se ha quedado todo. El pomposo instrumento para promoción interna –o cheque en blanco, si se prefiere– ha acabado por reducirse a una lista de ítems con la crucecita puesta que tú firmas y después cobras. ¿Atiende usted a los padres de sus alumnos? Pues claro, no los voy a dejar tirados en una cuneta. ¿Asesora eficazmente a las juntas docentes en el proceso de evaluación del alumnado (sic)? Pues hombre, no sé si eficazmente o no, pero si me preguntan por qué suspende el niño, lo explico. And so on.

Y no es que me queje, que de cobrar no se queja nadie, y yo menos.



La chapuza continúa

14 01 2013

Seguimos cobrando, al menos hasta nueva orden, los doscientos euros de la mal llamada “carrera profesional”. Además, se ha abierto un plazo de adhesión para nuevos funcionarios -de los interinos ya, ni hablamos-, aunque, eso sí, no será para todos: tan solo quedarán admitidos los que hacen cinco años de servicio en una fecha arbitraria.

Se lo resumo en lenguaje coloquial: yo continuaré chupando de la teta mientras otros compañeros con el mismo mérito se quedan a dos velas. Y es que esta vez me ha tocado caer en el lado bueno de la valla. Pero eso no significa que me parezca justo.



Ilegalidad de la carrera profesional

11 12 2012

No se habla de otra cosa. El único tema de conversación en la sala de docentes es la sentencia. La carrera profesional es ilegal, por lo que no tenemos derecho a cobrarla. Y lo peor es que el juez tiene toda la razón, por mucho que nos fastidie a todos los que habíamos acabado por conseguir que nos pagaran. En lugar de equiparanos  a otras comunidades, nuestros ilustres gobernantes nos hicieron recibir un complemento en función de un servicio que, a día de hoy, todavía no sé cuál es.

¿Voy a llorar por doscientos euros menos? ¿Voy a lamentarme por la paga de navidad que no veré y las dos horas de más que me han encasquetado? ¿Voy a echarme las manos a la cabeza por la posibilidad de que me echen de mi centro y me manden a Degaña el día que le empiece a caer mal al director? Lo cierto es que ya me (nos) tienen tan harta (-os) que no tengo fuelle ni para enfadarme. Y es que hay días en los que mi única aspiración se reduce a llegar a jubilarme sana.



Admitida

26 04 2011

Soy admitida en el nuevo formato de la “carrera profesional”. Por el lado más egoísta me alegro: a nadie le amarga cobrar unos euros de más. Por el lado más reflexivo doy, quizás, la razón, a algunos sindicatos: pretenden valorarnos lo que cualquier profesor hace de oficio; a saber: escuchar a los padres, tener un seguimiento constante del alumno, llegar a la hora. Para esto mejor nos hubieran subido el sueldo sin hipocresías (si es que había presupuesto, que seguimos en crisis y va para largo) y sin obligar a la administración y a los directores a cargar con unos trámites costosos en tiempo y dinero.

Además, como “evaluación del profesorado” resulta bastante incierta. ¿Qué debería valorarse en un profesor? Que enseñe bien; que haga que sus alumnos aprendan, tratándolos con cariño y respeto. Pero eso no es cuantificable: ¿significa un aprobado que mi discípulo ha aprendido cuando la nota se la pongo yo? ¿quién puede medir si los estudiantes se sienten cómodos en mis clases o me tienen terror o asco? Así que nuestros examinadores optan por la vía fácil: evaluemos lo que está reflejado en un papel. Otra vez nos hemos topado con la burocracia. Funcionarios antes que docentes. Y, sin embargo, he firmado.



Llega la evaluación del profesor

11 03 2011

Parece ser que mi pequeño desacuerdo con la administración va a llegar a su fin. En breve se llevará a la práctica el plan de evaluación al profesorado. Mientras que la carrera profesional me parecía insostenible (por conciencia y por precaución, no puedo ni quiero firmar un contrato sin saber cuáles son las condiciones), en principio no veo nada objetable en la evaluación al profesor: uno se somete a un examen; si lo aprueba, cobra, y si no, pues no.

Dicen, además, que dicho examen será mero trámite -lo pondrán tan fácil como los que les hacemos a los de la ESO, vaya-. No me voy a quejar, pero incluso si se tratara de una evaluación exigente, me parece correcto: nos pagarán por lo que hemos hecho, no por lo que suponen que haremos en un futuro.

Y dicho esto, bienvenido sea el dinerito… si al final me lo gano, que nunca se sabe.