¡Aleluya!

22 09 2017

Comienzo de curso caótico. Para empezar, nuestra querida delegación provincial se ahorra unos pocos sueldos las dos primeras semanas, pasando de enviarnos los interinos correspondientes a pesar de estar las bajas de los titulares más que sobradamente anunciadas. Nada, que como no faltan pringaos para las guardias…

Y, como era de esperar, en el parte de guardia aparecen las temidas palabras “profesor de Religión”. Cosa que en este centro podría significar que se repita el desastre del año pasado (véase). O no se molesten en verlo, que se lo resumo: los alumnos terminaron el curso con una asignatura sin evaluar. Y nosotros, fritos a guardias. Cómo sería la cosa, que este año un chaval me comenta, al verme entrar en su clase: “Profe, yo te conozco, tú nos diste religión”.

Pero la situación se ha resuelto. Milagrosamente,y he de confirmar que lo he visto con mis propios ojos (que de los güeyos de otro no me fío), ha entrado hoy por la puerta del centro un profesor de Religión en toda regla (del sexo femenino para más señas). ¡Aleluya! ¡No volveré a ser confundida con un obispo! Casi no puedo creer en nuestra (repentina) buena suerte.

Ahora que se nos ponga de baja.



Puro teatro

23 06 2017

Ha ocurrido hoy mismo en nuestro centro: un afamado director de teatro y zarzuela (cuyo nombre omito por caridad) se había ofrecido para dar una sesión de teatro a nuestros estudiantes. Empezó por echar a los profesores, sin duda para aparentar mayor cercanía con el alumnado, y aunque los tales profesores se ofrecieron a quedarse en el aula e incluso le advirtieron de lo que pasaría si no (en lugar de aprovechar la ocasión para tomarse un café, lo que dice mucho en su favor), el afamado director, cuyo nombre se omite por motivos humanitarios, prefirió prescindir de su ayuda y/o asistencia. Así le fue.

A los cinco minutos el afamado director de teatro y zarzuela había comprobado la total ausencia de atención (por lo que se ve, nadie le miraba a la cara, sino más bien al dispositivo móvil), había solicitado un profe de guardia para que por favor sofocara la creciente algarabía y había expulsado, en un acto de rabia y desespero, a seis alumnos (sin firmar el parte de incidencias). Todo esto antes de llegar al minuto seis de su intervención. Lo siguiente fue la aparición de la señora directora en la sala de profesores suplicando que alguien que estuviera por casualidad libre se hiciera cargo del desastre.

Al parecer, el pobre hombre pretendía ofrecernos un curso de iniciación al teatro para chavales en horario de tarde. No creo que vuelva.



Evaluando para diagnosticar

29 05 2017

Según palabras textuales del Director General de Ordenación Académica e Innovación Educativa (¡toma ya!) la evaluación de diagnóstico no es una reválida (le concedo parte de razón, puesto que ya existía antes), sino una “actividad académica ordinaria que anualmente deben realizar los centros para conocerse mejor”.

Lo lamento, pero no. No vemos la necesidad de “conocernos mejor” mediante un examen con plantilla cuando ya nos hemos estado conociendo todo el año. ¿O se cree este señor que los profesores no tienen ni idea de en qué fallan sus alumnos a estas alturas de curso? El susodicho lamenta, además, que parte del alumnado, autorizado por sus progenitores, haya declinado el honor de asistir a una prueba que no tiene efectos académicos. Será el único que lo lamente, porque que yo sepa los profes estamos encantados de que por fin alguien se plante cuando se le pide un esfuerzo inútil.