Puro teatro

23 06 2017

Ha ocurrido hoy mismo en nuestro centro: un afamado director de teatro y zarzuela (cuyo nombre omito por caridad) se había ofrecido para dar una sesión de teatro a nuestros estudiantes. Empezó por echar a los profesores, sin duda para aparentar mayor cercanía con el alumnado, y aunque los tales profesores se ofrecieron a quedarse en el aula e incluso le advirtieron de lo que pasaría si no (en lugar de aprovechar la ocasión para tomarse un café, lo que dice mucho en su favor), el afamado director, cuyo nombre se omite por motivos humanitarios, prefirió prescindir de su ayuda y/o asistencia. Así le fue.

A los cinco minutos el afamado director de teatro y zarzuela había comprobado la total ausencia de atención (por lo que se ve, nadie le miraba a la cara, sino más bien al dispositivo móvil), había solicitado un profe de guardia para que por favor sofocara la creciente algarabía y había expulsado, en un acto de rabia y desespero, a seis alumnos (sin firmar el parte de incidencias). Todo esto antes de llegar al minuto seis de su intervención. Lo siguiente fue la aparición de la señora directora en la sala de profesores suplicando que alguien que estuviera por casualidad libre se hiciera cargo del desastre.

Al parecer, el pobre hombre pretendía ofrecernos un curso de iniciación al teatro para chavales en horario de tarde. No creo que vuelva.



Evaluando para diagnosticar

29 05 2017

Según palabras textuales del Director General de Ordenación Académica e Innovación Educativa (¡toma ya!) la evaluación de diagnóstico no es una reválida (le concedo parte de razón, puesto que ya existía antes), sino una “actividad académica ordinaria que anualmente deben realizar los centros para conocerse mejor”.

Lo lamento, pero no. No vemos la necesidad de “conocernos mejor” mediante un examen con plantilla cuando ya nos hemos estado conociendo todo el año. ¿O se cree este señor que los profesores no tienen ni idea de en qué fallan sus alumnos a estas alturas de curso? El susodicho lamenta, además, que parte del alumnado, autorizado por sus progenitores, haya declinado el honor de asistir a una prueba que no tiene efectos académicos. Será el único que lo lamente, porque que yo sepa los profes estamos encantados de que por fin alguien se plante cuando se le pide un esfuerzo inútil.



El nombre de la rosa

17 05 2017

A reválida by any other name would smell as rotten.

Mientras los de arriba proclaman que nos han quitado las reválidas, nos imponen un nuevo examen externo en cuarto de la ESO cuya utilidad no conoce nadie. En teoría no servirá para evaluar a los alumnos, ni para influir en modo alguno en sus notas medias, ni mucho menos para evitar que les regalemos el título en setiembre. Si fuéramos mal pensados creeríamos que se trata más bien de evaluar a los profesores y a los centros, pero esta teoría queda inválida porque van a ser los mismos profes que les dan clase los encargados de corregirles los exámenes. De lo que se trata en verdad es de mostrar estadísticas que poder ofrecer a políticos y periódicos, y aumentar (¡todavía más!) la ya agobiante carga de burocracia que arrastramos en los centros.

Desde aquí recomiendo a los profesores que tienen que corregir que les pongan a todos los ejercicios la misma nota: 0 ó 10, lo mismo da. Y a los padres, que no manden a sus hijos al instituto el día de la prueba: aceptaremos con una sonrisa un “es que, profe, ayer me puse malo”. Digamos NO a exámenes inútiles y a imposiciones externas. NO aceptemos que nos diga un político cómo tenemos que hacer nuestro trabajo.