El ACOSO ESCOLAR existe

24 01 2018

Hace poco, los responsables de Educación que nunca han pisado un instituto aseguraron en los medios, anunciándolo a bombo y platillo, que la mayoría de las denuncias por acoso escolar eran falsas. Cuánta clarividencia.

A esto se le llama táctica del avestruz: esconde la verdad, que molesta. Nos encontramos ante una juventud educada en la violencia, una carencia grave de disciplina en los centros educativos y una falta de control por parte del profesorado, al que se ha privado de medios para atajar la mínima desobediencia, y ¿qué nos dicen los de arriba? Que el problema no existe. Que ningún niño de Asturias se ríe de un compañero, insulta a un compañero, pega a un compañero. Que aquí no acosamos escolarmente a nadie, ho. ¿Y el alumno que me he encontrado esta mañana en la esquina llorando, qué?

Quizás si no tuviéramos este sistema garantista que te prohíbe castigar sin haber rellenado tropecientos informes y obliga al alumno víctima a probar que efectivamente es víctima (¿alguien percibe la semejanza con los casos de violación?) quizá, digo, arregláramos algo. Por supuesto que el castigo no es la mejor solución ni la más recomendable. Pero a veces es la única disponible. No me digan que es justo que el alumno acosado tenga que cambiar de centro y el acosador se quede. No me digan que el acosador tiene derecho a la educación mientras que al acosado se lo quitan por la fuerza.

Y mientras tanto, nuestra comunidad se gasta a saber cuánto en un estudio sobre la convivencia en los centros. Luego nos obligarán a redactar un “plan de mejora”. Y el niño que llora en la esquina que siga llorando.



Discriminación contra la literatura fantástica

30 11 2017

Cita textual de un libro de Lengua que me veo obligada a explicar y de cuyo nombre no me da la gana acordarme:

“La novela fantástica presenta un mundo idealizado, con personajes que realizan acciones, a veces, inverosímiles en lugares de ensueño y que alcanzan los ideales más valorados (amor, felicidad, riqueza, honor…). Son obras de evasión. En este grupo encontramos la novela rosa, la novela romántica, las novelas de aventuras (del oeste, de caballerías…), de ciencia ficción…” (el extraño uso de la coma corresponde al autor del libro y no a mí, que quede claro).

Por supuesto. La Ilíada y la Odisea, la historia de Tristán e Isolda, el Cantar de los Nibelungos y el Beowulf, El Señor de los Anillos y las obras completas de Borges no son más que literatura de intrascendente evasión. Se me había olvidado que para arrojar una inteligente luz sobre los aspectos más ocultos de la condición humana es preciso que la obra trate de la guerra civil española.



El PLEI

6 11 2017

La última chorrada pedagógica de los que mandan: ahora resulta que tenemos que llevar un registro de nuestras actividades de lectura en el aula, aunque sólo sirva para que sea el inspector de turno el que se entretenga leyendo. Es decir, que cada vez que les dé un texto literario a mis alumnos debo apuntar en una hojita, convenientemente ubicada en mi departamento didáctico:

a) La hora y fecha en que he hecho la lectura.

b) El curso y grupo de alumnos que la ha soportado.

c) El estado de dichos alumnos durante la lectura, a saber: callados, comentando puntos de interés, saboteando la clase, dormidos…

d) La utilidad pedagógica de dicha lectura (entiéndase “moraleja”).

e) La conexión de dicha lectura con el currículum oculto (léase racismo, machismo, creacionismo…).

f) La relación entre la lectura realizada y la indepencia de Cataluña (por si acaso).

Si lo que quieren es conseguir que hasta el profesor odie la lectura, pues, oye, lo están haciendo bien.



Los papeles del CESID

25 09 2017

Perdóneseme el título engañoso, que ya me penalizará Google, pero en eso parecen haberse convertido de un tiempo a esta parte los exámenes.  La última novedad en este proceso es que hemos tenido claustro extraordinario sólo para decidir qué protocolo había que seguirse en el caso de que un padre solicitara el acceso a los exámenes de su hijo. No se crean que se nos permite insinuarle al padre en cuestión que él no los va ni a entender, ni mucho menos a poder juzgar. Tampoco podemos negarnos a enseñarlos a alguien más que al alumno alegando que luego se fotocopian en la academia particular para los chavales de la siguiente hornada. No, ahora el padre tiene derecho a ver los exámenes si solicita una fotocopia de los mismos por registro, y por registro debe consignar su entrega el profesor. Nótese la inflación de procedimientos para algo que no es más que un ejercicio sobrevalorado.

Señores, no gastemos tiempo, dinero y papel en cosas sin importancia y canalicemos toda esa energía en lo que sí la tiene. Un examen no es material clasificado: es un ejercicio con el cual el profesor evalúa, y, en el mejor de los casos, el alumno aprende algo. Mi costumbre, allá por los tiempos en que empecé en esta profesión, era permitir que los alumnos se quedaran con los exámenes para que pudieran corregir sus propios errores y trabajar sobre ellos; hoy se me niega la posibilidad y se me obliga a blindarlos mediante un protocolo desmedido. ¿Quién sale aquí ganando? ¿El maestro? ¿El discípulo? ¿El inspector? Les dejo que se lo piensen.



¡Aleluya!

22 09 2017

Comienzo de curso caótico. Para empezar, nuestra querida delegación provincial se ahorra unos pocos sueldos las dos primeras semanas, pasando de enviarnos los interinos correspondientes a pesar de estar las bajas de los titulares más que sobradamente anunciadas. Nada, que como no faltan pringaos para las guardias…

Y, como era de esperar, en el parte de guardia aparecen las temidas palabras “profesor de Religión”. Cosa que en este centro podría significar que se repita el desastre del año pasado (véase). O no se molesten en verlo, que se lo resumo: los alumnos terminaron el curso con una asignatura sin evaluar. Y nosotros, fritos a guardias. Cómo sería la cosa, que este año un chaval me comenta, al verme entrar en su clase: “Profe, yo te conozco, tú nos diste religión”.

Pero la situación se ha resuelto. Milagrosamente,y he de confirmar que lo he visto con mis propios ojos (que de los güeyos de otro no me fío), ha entrado hoy por la puerta del centro un profesor de Religión en toda regla (del sexo femenino para más señas). ¡Aleluya! ¡No volveré a ser confundida con un obispo! Casi no puedo creer en nuestra (repentina) buena suerte.

Ahora que se nos ponga de baja.