Feliz Navidad

20 12 2012

 Y este es el villancico que unas navidades hicieron mis antiguos compañeros del IES Cristóbal Colón de Sanlúcar de Barrameda. Estupendo trabajo, chicos. Feliz Navidad a vosotros también.



¿Realidad o ficción?

22 11 2010

 Me envían un correo con esta historia. Desconozco si es real o se trata de una de esas cadenas con que los piratas intentan hacerse con nuestras direcciones ofreciéndonos un chiste. En cualquier caso, si no es verdad, merece serlo: el mero hecho de encontrarme incapaz de distinguirlo ya dice bastante. Paso a ofrecerles el texto literal:

“Créase o no, esta es una sugerencia que un equipo de inspectores de la Consejería de Educación ofrecieron a los directores/as de centros educativos de una comarca muy cercana a Sevilla:

El alumnado debe contar entre su material con tres pequeños cubiletes de plástico: uno rojo, otro amarillo y el otro verde. Durante la clase, cada alumno atenderá a las explicaciones del profesorado y situará en su pupitre el cubilete que indique su comprensión de lo explicado. Rojo: “No entiendo nada”. Amarillo: “No lo entiendo todo”. Verde: “Lo entiendo”. De esta manera, el docente, de un solo vistazo, captará si su explicación está llegando a la clase o, por el contrario, debe esforzarse por hacerse comprender y/o por bajar el nivel de complejidad de lo explicado.

Pero miren cómo la realidad supera a la ficción. En los experimentos dentro de una clase ocurría esto:

-¿Maehtro, er cubilete amarillo pa qué eh?
-Maehtro, er Yozua ma quitao loh cubileteh.
-Maehtro, la Yeni eh una empollona, que ciempre tiene er cubilete verde.
-Maehtro, me zan perdío loh cubileteh, ¿puedo i ar cervicio?
-Maehtro, ¿ci zaco er cubilete verde maprueba?
-Maehtro, mira cómo toco la batería con loh cubileteh.
-Maehtro, er Crihtian ma ehcupío en er cubilete.
-Maehtro, yo lo primero lo he entendío pero aluego no, ¿qué cubilete pongo?
-Maehtro, ¿ci traemoh loh cubileteh hay que traé tamién er libro?
-Maehtro, yo er cubilete roho no lo pongo, que me llaman zurnormá.

Y es que solo los que estamos dentro de una clase sabemos qué es eso. En los despachos parece todo muy bonito. Y de color rosa.



Echando de menos Vandalucía

3 06 2009

Lo malo del tiempo es que desdibuja los recuerdos; buenos o malos, hubiera querido conservarlos prístinos. Se me está olvidando Andalucía: el color de la luz, el olor del aire, el acento de la gente. Pero es inevitable: todo lo que vives, pasa; todo lo que pasa, se ha ido.

Aunque estoy en Asturias feliz de la vida, a veces echo de menos Andalucía, sobre todo tres cosas: algún amigo (quien se tenga que dar por aludido, que se dé), a los alumnos (eran majísimos; de verdad los quise) y las aceitunas de diversas especies aliñadas en casa (y no extraídas de un triste bote de conservas, única manera de conseguirlas aquí).

Pero estoy olvidando demasiado. No me importa olvidarme de las motos sin silenciador que pasaban sin tregua debajo de mis balcones, pero lamento no poder acordarme de todos los nombres de aquellos a quienes traté. Ya se me desvanece todo en la memoria: lo indignante y lo magnífico, lo triste y lo divertido, sin duda para dejar sitio a lo que haya de venir. Por eso pongo punto final, con este, a los artículos de Exiliada, que, por cierto, no creo que me ganen precisamente el nombramiento de hija predilecta de Sanlúcar Burla.

Y a todos los asturianos que tienen que trabajar lejos de casa, desearles mucha suerte y pronta vuelta.



El Anda luz

2 06 2009

Los alumnos tenían que inventarse una forma de vida extraterrestre. La ocurrencia de este chaval de Primero de la ESO me pareció genial: llamó a su “marciano” anda luz.

Anda luz:

Es un personaje peculiar, toda la gente quisiera uno. Es como una bombilla con piernas de gimnasta, sin brazos y sin aparato reproductor tanto femenino como masculino. Es resistente al agua, fuego, etc… (va sin ropa)

Por MARIO FUERTES MELGAREJO, actualmente en 1º ESO.



Mi despiste más gordo

30 03 2009

Intento ser benevolente con los despistes de los alumnos (a no ser que vea que intentan escaquearse de hacer los deberes, claro). ¿El motivo? Porque ninguno de ellos ha superado nunca este que sigue. El despiste más gordo que tuve en mi carrera profesional me ocurrió en Andalucía. Ya no me acuerdo si fue en Sevilla o en Sanlúcar, pero sí que me acuerdo, casi palabra por palabra, del diálogo que sostuvimos los chicos y yo. Tal que así:

(La escena muestra un aula con las mesas separadas y los alumnos decentemente colocaditos de uno en uno. Entra la profesora)

Profesora (que soy yo, claro): ¡Hombre! ¿Qué tal? ¿Habéis tenido examen?¿Con quién?

Alumna aventajada: Pero profe… ¡si lo tenemos ahora, contigo!

Profesora:¡Ay, Dios! ¡Se me había olvidado!

Alumnos: Nada, profe, no te preocupes… lo dejamos para mañana, si nos da igual…

Profesora: De eso nada, ¡que lo tengo en la maleta! (o eso esperaba)

Desgraciadamente para mis pobres pupilos, que ya se habían hecho ilusiones, el examen estaba en la maleta, y hasta fotocopiado veinte veces, y a partir de ahí todo normal. Un olvido lo tiene cualquiera, ¿no?