VIEYERA

28 03 2020

 La vejez, o tercera edad, es una etapa  de la vida. La amenizan el Imserso y el Sintrom, vocablos misteriosos que más se parecen a conjuro de magia que a palabras. En la vejez puedes esperar irte de vacaciones en temporada baja, bailar en Benidorm, ligar con otro escacharrado y comer con restricciones calóricas. Si tienes mucha suerte y te compras las cremas que te recomiendan, durante tu vejez habrá otro señor sonriente y bien vestido a tu lado, ambos encima de una bicicleta, y tu cabello deslumbrantemente blanco no te robará un ápice de tu belleza. Aplíquese este cuento, canjeados los sexos, a paisanos, homosexuales, lesbianas, gente trans y ambisexual como corresponda.

Se recomienda, en la vejez, contar con un seguro de pensiones y un par de nietos. Más de dos no resulta práctico, que luego te los tienes que llevar tú al parque.

La vieyera ye lo que nos espera. Agachadina en una caleya, acechándonos, espera con toda paciencia que nos acerquemos a su telaraña, pa agarranos pa siempre. Y no hay forma de eludirla. La vieyera ye lo que se nos echa encima cuando duelen los huesos con la lluvia. La vieyera yera lo que tenía mi abuelo, lo que tuvieron todos los abuelos antes de morise, lo que tienen los paisaninos que tan en el parque asoleándose con cayado y boina, lo que voy, con suerte, algún día, tener yo.

La vieyera te vuelve más vulnerable ante el maldito coronavirus. La vejez, igual.



Las clases en tiempos del virus

25 03 2020

Uno de los alumnos de una compañera le manda un mensaje al correo el día 23 y le pregunta:

“Oye, profe, ¿para cuándo hay que entregar lo del día 21?”



Primera semana de cuarentena

19 03 2020

La realidad no es nunca como la pintan los políticos. Al cerrar las aulas, la Consejería emitió un mensaje de normalidad: que si continuaríamos las clases por vía telemática, que si –afortunadamente, recalcó– no vivíamos en la Prehistoria… Voy a dejar aparte la obvia discriminación hacia las sociedades de cazadores-recolectores y a centrarme. Resumo la situación: esto es un puto caos.

Cada autonomía va por libre: unos no pueden avanzar materia y a otros sus inspectores les exigen un informe sobre la programación telemática y el progreso semanal de sus discentes. Las compañías telefónicas piden que se haga un uso razonable de internet o se nos cuelga todo el sistema, pero hay profesores tan diligentes que están conectados mañana, tarde y hasta noche para las últimas dudas, además de impartir videoconferencias por YouTube y chateo en vivo con el móvil.  Hay profesores que levantan a sus alumnos antes del alba para examinarlos online en una plataforma educativa que se cuelga en cuanto se conectan más de sietelos hay que se han limitado a enviar una lista de tareas y otros que ni siquiera rellenan su parte correspondiente en la página web de su instituto. Hay compañeros que no pueden manejar una plataforma educativa porque no saben; otros, porque no tienen acceso; los demás, porque se satura, y el resto, porque se acaban de ir para Urgencias con síntomas de coronavirus.

En cuanto a los padres, hay quien exige que les pongan más deberes a sus retoños, quien protesta porque les hemos puesto demasiados, quien nos llama vagos por el Twitter y quien se queja, y con razón, de que no puede sentarse con los chavales a explicarles la tarea porque por algo no está licenciado en la misma materia que el profesor que se los encargó. Hay quien no puede atender a la vez a su abuela, el propio teletrabajo, la mujer con síntomas de gripe, el nene de teta y los dos chavales con deberes que tienen que enviar obligatoriamente antes de las 12.15 aunque en casa solo dispongan de un ordenador de hace diez años. Con respecto a los alumnos, los dividiré para simplificar en tres grupos: los responsables que te hacen en un día todo lo que les has mandado para quince y todavía te preguntan cómo los vas a evaluar, los que están jugando al Fortnite y pasando de ti (o sea, lo mismo que hacen en clase, para qué engañarnos) y los que tienen problemas más graves en su casa que en la clase de Matemáticas, como por ejemplo el paro y la recesión que van a destrozar el bienestar de muchísimas familias.

Y mientras tanto, corren por ahí los bulos de que nos van a reducir el sueldo y obligarnos a volver en Julio, medidas ambas, sobre todo la última, que si se acaban tomando no será más que para contentar a una opinión pública desde hace años predispuesta en contra de nuestro colectivo. No estará de más, en consecuencia, recordar que seguimos disponibles en nuestro horario, y que si no estamos mandando más tareas de enseñanza-aprendizaje (digámoslo en jerga) es porque algunos todavía creemos que lo más importante en estas circunstancias es la salud.

Y la lectura.



El cuento más romántico del mundo

18 03 2020

La culpa es de los tlaxcaltecas“, de Elena Garro.

Es este un relato que exige una cierta competencia lectora (esto va por los de Literatura Universal) y que no es tan conocido como merecería: ¿tendrá algo que ver que su autora es mujer y esposa de autor de primera fila? Me lo topé por casualidad en una librería de viejo –que no en el temario de Hispanoamericana–, en una antología de literatura mexicana “de hoy” (años 60: me ha hecho sentir joven; fue antes de que yo naciera). El volumen se caía de ancianito: cada vez que pasaba una página se rompía, lo cual me hubiera hecho reflexionar sobre la fugacidad de la belleza si fuera un poco más pedante. Valió la pena. Más quiero ese relato roto que otro entero.

Ahora bien, si os lo resumo, siquiera un poco, lo estropeo. Lo siento, pero aquí no haré spoilers. Solo decir que está a la altura de Juan Rulfo, que juega con el tiempo y el espacio a lo Cortázar, que baila con la ambigüedad como Henry James, pero el sentimiento de los amantes es intimista y poético.

Mis contemporáneos son los que aún hoy leo con gusto.

P.D.: Aquel alumno de Literatura Universal que lo lea y me lo demuestre a la vuelta se gana el punto por lectura.



Coronavirus

13 03 2020

El primer muerto en Asturias por el coronavirus es un profesor. Y digo adrede “muerto” en vez de “fallecido”, porque no me da la gana maquillar las verdades.

La Consejería decide suspender las clases (el eufemismo utilizado es “actividad docente presencial”), pero nos exige a los profesores la presencia inútil en los centros y el obligado arrejuntamiento. Cuando al resto de los trabajadores se les permite realizar sus tareas desde casa, a nosotros se nos obliga por decreto a acudir a un lugar de seguro contagio. Nos enfrentamos a un problema gravísimo de salud pública, pero la única preocupación de la sociedad parece ser que los alumnos hagan seis páginas de deberes. ¿Y cómo están intentando los sindicatos defendernos del despropósito? ¡Convocando una concentración masiva para repartirnos los virus entre todos!

Que esto no son vacaciones, que es una maldita cuarentena. Que tenemos muertos, y el próximo puedes ser tú. A ver si os dais cuenta de una vez, cojones.

EDITO A DÍA DE HOY, 16 DE MARZO: En menos de tres días, este artículo ha quedado desfasado. La “concentración” sindical no fue una manifestación masiva. La orden de presentarse en el puesto de trabajo quedó rescindida un día después. El país ha entrado en estado de alarma. Gracias por leerme.