El cuento más trágico del mundo

18 01 2017

Dicen que se ha dejado de hacer tragedia desde que ya no somos griegos. Lo niego, y no sólo porque existen Shakespeare o Buero Vallejo. No se trata de teatro, sino de un relato: “Los pájaros traen el sol”. de Alistair McLeod. Aviso: abstenerse menores de edad y personas sensibles. Puede que no sea el cuento más triste, pero es el más trágico; todos los componentes de la tragedia establecidos por Aristóteles están presentes: la ironía trágica, la catarsis, el mal que persigue al inocente y que no puede evitarse, producido involuntariamente por el propio inocente, el destino, la compasión y el temor.

Si tengo algún pero que ponerle es nada más que el título; el que tiene es realmente precioso, pero sin duda le quedaría mejor “La cù mòr glas” (traducción disponible en el propio cuento). No pongo enlace a pdf alguno porque este texto no es aún de dominio público. Lo encontráis en el libro de relatos del mismo nombre.



El cuento más triste del mundo

15 05 2015

Este es el cuento más triste del mundo.

No puedo leerlo sin llorar, aunque no sea la primera vez, aunque ya sé de sobra en qué termina. Muy breve, como todo lo bueno. En absoluto una novedad; en el arte, las fechas no importan. Chéjov. Vanka.

Intentad leerlo sin derramar una lágrima, a ver si podéis.



Día del libro (y II)

28 04 2015

 Habíamos organizado un puesto de intercambio de libros: los alumnos que voluntariamente lo desearan entregarían un libro para ser intercambiado con el que aportara otro compañero.

En dicha actividad han ocurrido las siguientes anécdotas:

1) Un alumno consiguió colar su opinión en el marcapáginas artesanal, tras haber pasado el estricto filtro de mi compañera de departamento: “un libro es una perdida (sic) de tiempo”.

2) El alumno que entregó un libro “para deshacerse de él”, dejando muy claro que no quería cambiarlo sino regalarlo, acabó cogiendo otro.

3) El mismo alumno, que dice odiar los libros, estuvo ayudándonos en la organización y gestión del puesto, sacrificando todo su tiempo de recreo.

5) Y, sin embargo, sobraron libros.



Día del libro

22 04 2015

Una compañera de departamento organizó una actividad para celebrar el Día del Libro. Se trataba de poner a los alumnos a hacer marcapáginas. Este ejercicio venía con trampa: cada marcapáginas incluía una frase cortada, que los estudiantes debían, obligatoriamente, completar. Dicha frase comenzaba con: “un libro es…”. Se suponía que los muchachos tenían que escribir, con su mejor letra, cosas como “un árbol lleno de hojas”, “un laberinto”, “un sueño”, y poeticidades varias (la profesora les recomendó explícitamente el uso de la metáfora). Pero a uno de los chicos de primero no se le ocurría qué hacer. Tras estrujarse el cerebro durante angustiosos minutos, desesperado, acabó escribiendo: “Un libro es largo”.

Más sincero, imposible.



Si quieres…lee

5 05 2014

Tengo que recomendar esto:

Dedico este libro a todos los inspectores de Educación, a todos los ministros del ramo, a todos los hacedores de la PAU, a todos los directores obsesionados con el “plan lector”, a todos los jefes de departamento atados al libro obligatorio. El autor dice lo mismo que yo pienso, y además lo dice muy bien -y sin retórica-: que no se puede obligar a nadie a leer, lo mismo que no se puede obligar a amar.

Y, entre otras autoridades, cita a Pessoa y su poema contra la obligatoriedad de las lecturas, “Libertad”. Qué triste que Pessoa sea libro obligatorio de 2º de Bachillerato, ¿no creen?



El antropólogo inocente

13 02 2014

“En las escuelas ocurría lo mismo. Esas instituciones disponen de un increíble aparato burocrático para determinar qué alumnos deben ser expulsados, cuántos pasados al curso siguiente y cuántos obligados a repetir. La cantidad de tiempo invertido en el obtruso cálculo de promedios mediante fórmulas secretas es cuanto menos igual al pasado en las aulas. Después de todo esto, el director puede añadir dos puntos más a todo el mundo si las notas le parecen demasiado bajas, o bien aceptar sobornos de un padre para cambiar la calificación de su hijo”.

Que no, que no estamos hablando de la educación en España -aunque las referencias a la burocracia pudieran hacerlo creer, yo nunca he visto a ningún director aceptando sobres-. Y no, este párrafo no es mío. Se trata de una cita literal de El antropólogo inocente, de Nigel Barley, uno de los libros más divertidos de la literatura occidental con permiso del Quijote. Por si quieren saberlo, la situación descrita corresponde al Camerún de los 80. Honestamente espero que hayan mejorado un poco.