Cantabria nos traiciona

9 06 2016

Cantabria nos da la puñalada por la espalda. Sin consultarlo con nadie, ni con padres, ni con alumnos, ni con profesores, la autonomía vecina acaba de implantar el nuevo calendario escolar modelo europeo, adaptado a las condiciones climáticas que reinan por encima del paralelo 45 Norte. Bienvenidos a las vacaciones de nieve sin nieve y a encerrarnos en el aula a cuarenta grados en verano.

P.D.: Cierto partido político propone implantar el inglés en los colegios como lengua vehicular. ¿Nadie se da cuenta de que esto acabará dejando al español en situación de diglosia?



Geografía vándala

27 03 2008

En Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, la Geografía es una materia abstracta e incomprensible y hasta es posible que pertenezca al género fantástico.

El alumno medio sanluqueño ignora su propia situación en el mundo. Para empezar, había chavales que no se creían que la Tierra era redonda. Pero no es que fueran tan precisos de señalar que, en efecto, no es redonda sino esférica, y más bien achatada por los polos. No. Un compañero de historia me puso al día: le había costado horrores convencer a su clase de que nuestro planeta tenía la forma aproximada de una pelota. Porque, claro, el problema era del profesor, que no sabía explicarse. Para empezar, cuando dijo “redonda”, los alumnos interpretaron que tenía la forma de un CD. Y por ahí no pasaban. “Maestro” (allí en Andalucía eres maestro, impartas el nivel que impartas), “¿Cómo va a ser redonda? ¿Y si te toca en el lado de abajo, cómo no te caes?” Os juro que son preguntas reales, y que los chicos pasaban de los doce años.  ¿Es que nunca habían visto una bola del mundo?, cabe preguntarse. Creo que alguno siguió pensando que la tierra era plana; vale, con forma de circulito, como los CDs y las sartenes, pero plana como el coto de Doñana. Y eso que vivían en Sanlúcar, y en un instituto cuyo nombre homenajeaba a Colón; sí, ese del huevo y las tres carabelas.

Lo siguiente era que no sabían dónde estaba España. Más exactamente, no sabían que ellos vivían en España. Recuerdo un alumno que le preguntó al conserje si la foto oficial del rey con doña Sofía era la foto de boda del propio conserje cuando era joven: he de ser honesta y consignar que el chaval tenía necesidades educativas especiales, por decirlo con el eufemismo administrativo.

Pero no resulta tan grave ignorar que el país de uno es una monarquía como no saber siquiera cuál es el país de uno. Lo comprobé un día en que les llevé al aula de informática. Después de realizar el trabajo de búsqueda que les había encomendado, sobró tiempo, y les permití usar internet al libre albedrío (bueno, tuve que cerrarle a uno la página “pornogay punto com“, pero eso no viene al caso). Entonces una niña se puso a chatear, previa autorización. Se pasa un ratito escribiendo y al poco me viene y se desarrolla el siguiente diálogo entre nosotras:

ALUMNA: Seño, es que estoy ligando con unos niños.

PROFESORA: ¿Y cuál es el problema?

ALUMNA: Es que dicen que son de España.

PROFESORA: (pausa dramática)

ALUMNA: ¿Y yo de dónde soy?

Me parece necesario decir que la alumna no tenía necesidad educativa especial alguna y contaba diecisiete años.

Lo último, y por supuesto menos importante, es que no sabían de dónde era yo. Aunque me había presentado el primer día, diciendo nombre, apellidos y región -para explicar mi acento raro- no conseguían situarme en un mapa. Algún alumno aventajado sabía que eso estaba “por el norte”. El resto me salía con que yo era de Austria.

No reparaban en la contradicción: si yo era la profesora de lengua española, ¿por qué narices tenía que ser centroeuropea y presumiblemente germanoparlante? Aunque tampoco lo tenían tan claro: otro chaval me enseñó un día el mapa de Australia y me pidió que señalara en qué parte había nacido yo. Me sentí exótica. Solo cuando un tal Fernando Alonso saltó a la fama todos aprendieron de pronto dónde estaba Asturias, patria querida.



Geografía (y van dos)

28 02 2008

Uno de mis mejores alumnos de cuarto me acaba de preguntar que dónde estaba Jaén. Dado que se trata de un chaval inteligente, culto (tanto que hasta tiene formación musical), interesado por los estudios, etcétera, etcétera, y dado que no es la primera vez que se plantean preguntas semejantes en un aula de instituto (véase esto) concluyo que la culpa no es del muchacho, sino de un sistema que proscribe la memoria, los mapas y el conocimiento de la nacionalidad propia.

Algo huele a podrido en el sistema educativo.