La mentira de la reválida

28 10 2016

Un día después de la huelga sale el presidente del gobierno en funciones (¿se decía así?) a anunciar como novedad que la reválida no tendrá efecto académico, al menos (adviértase la letra pequeña) hasta que no se alcance un “pacto por la educación”. ¿Y? Desde el principio de curso ya sabíamos que dicho examen iba a ser, este año, de prueba (o sea, de mentirijillas, de broma o de esperpento del Callejón del Gato, si me apuran ustedes). ¿Dónde está la concesión?

En román paladino, para que me entienda hasta mi vecino: los alumnos tendrán que hacer el examen igual, aunque no les contará para nada. A no ser que tengan intenciones de acceder a la universidad, en cuyo caso les servirá como prueba de acceso. Y yo me pregunto para qué le han cambiado el nombre a la PAU.

Yo era de las que esperaba que una reforma educativa arreglara los terribles problemas que teníamos desde que la enseñanza se hizo obligatoria hasta los dieciséis. Ingenua de mí, me creía que la LOGSE era tan infumable que no había manera de inventarse nada peor. Pero me equivoqué. Nos endilgaron la LOMCE. Ahora me he vuelto realista y ya no espero nada: sólo la jubilación.

P.D.: Si hay algún alumno por ahí, que se deje de huelgas. La única oposición posible a la reválida es que todos a una dejen el examen en blanco.



La gran decepción

26 10 2016

¿Por qué?

P.D.: Al desayuno me entero de que los responsables de Educación han intentado minimizar el impacto de la huelga anti-reválida. No sé a los demás, pero a mí no se me presentó ningún alumno.



Todas las huelgas la huelga

22 10 2014

Tres días de huelga. Los alumnos mayores de catorce están en huelga y posiblemente con razón –aunque quizás sea un tanto tardía e inefectiva–. Me temo, sin embargo, que la mayoría de los estudiantes no sabe ni por qué está pirando clases; el otro día un chaval le preguntó a su tutor: “profe, de qué es la huelga”.

La pregunta (y su gramática) no me alarman en absoluto. Todos los fuegos el fuego; todas las huelgas la huelga.