Porque tenemos el empleo asegurado

23 10 2013

Como tenemos el empleo asegurado nos dedicamos a hacer huelga. Oh, sí, desde luego que no es por una ley que suprime el Bachillerato Artístico, implanta exámenes libres y convierte la religión (católica) en evaluable, entre otras mejoras: que nadie sospeche que eso tiene algo que wert. Y para mayor bajeza, les recuerdan a los padres de los alumnos que nuestro puesto de trabajo es fijo -¿nadie se acuerda de los interinos o de los docentes de la privada?-, mientras que ellos están en el paro -eso es mucho dar por supuesto: ¿o acaso todos los españoles de hoy carecen de puesto de trabajo?-.

Dejadme que conceda al autor de semejante frase el beneficio de la duda. No supondré que lo ha hecho para enfrentar a padres contra profesores, en un intento de desviar las balas: no puedo pensar que sea tan ignorante como para no saber que muchas personas son, a la vez, padres y docentes. Tampoco me creeré que lo que realmente piensa es que los trabajadores no tenemos derecho a la protesta -eso sólo se le ocurriría a un ministro de dictadura-, o que los profesores no son trabajadores como pueda serlo un minero, un oficinista o sí, por qué no, un diputado.

Y lo que nunca se me pasará por la cabeza es que el autor de tan sesudo análisis muestra en dicha frase su pensamiento inconsciente; a saber: que el estado natural de un español de hoy es el paro. Porque esto significaría que vivo en un país en que el desempleo se percibe como norma y el trabajo como privilegio. Un país a la inversa.



La huelga de tres días

22 10 2013

Primer día de huelga. El seguimiento, por parte de los alumnos, al cincuenta por ciento. Los terceros no están, faltan la mayor parte de los cuartos; segundo de la ESO asiste casi al completo; segundo de Bachillerato, indeciso. Los profesores estamos todos; no es nuestro día.

Por casualidad, oigo en el autobús a dos señores que nos ponen verdes: “están en huelga los maestros”(sic); “tres días de vacaciones”, “así va el país”; “mira, ese sí va pa´l instituto”, dice uno, señalando a un joven a lo lejos -quien, por cierto, parece estar más en edad universitaria que otra cosa-. Como no puedo seguir soportando tal ensalada de tópicos, intervengo educadamente -o eso intento- y señalo que soy profesora, que en absoluto me han dado tres días de vacaciones y que, si decido hacer uso de mi derecho a la huelga el jueves, me descontarán la parte proporcional de mi sueldo, así como que los alumnos tienen derecho a la huelga también, incluso en el probable caso de que no sepan por qué se ha convocado el paro.

Los señores -por nombrarlos de alguna manera- deciden ignorarme. No eligen discutir conmigo civilizadamente, ni tampoco gritarme o descalificarme; se ve que son demasiado educados para lo último y poco aficionados al debate para lo primero. Esta que está aquí se pregunta si el hecho de ser mujer y varias décadas más joven ha influido de alguna manera en tal comportamiento: quizás no les merece la pena molestarse en escuchar las opiniones de alguien con quien no tienen en común edad, género y profesión. Y ya no sólo me siento molesta porque la sociedad tienda a menospreciar el trabajo de los docentes, tildándonos de vagos privilegiados; más bien estoy preocupada porque en el mundo en el que vivo la gente sólo escucha a los de su propia tribu.



Huelga de alumnos

5 02 2013

Tres días de huelga contra la reforma educativa que se nos viene encima. Nadie en el sistema está de acuerdo con los futuros cambios, bien porque querríamos otros, bien porque todavía quedan quienes no quieren cambiar. Nadie nos ha consultado a los que estamos dentro: alumnos, profesores, padres; hasta los bedeles serían más de fiar que los políticos-economistas-administrativos que han hecho las nuevas normas.

Los alumnos me preguntan: “¿hay huelga?”, como si la huelga significara tan sólo el permiso de no asistencia a clase, y como si ese permiso tuviera que otorgarlo yo. Lo hacen siempre, y no hay que censurarlos: es normal su falta de independencia; por algo no son aún adultos. Otros, en, cambio, saben perfectamente lo que están haciendo y animan a sus compañeros a ir a la manifestación: “una huelga no son unas vacaciones, es una protesta”. Los profesores se lamentan de la repercusión que este parón tendrá en el temario de segundo de Bachillerato, pero todos nos vamos a la cafetería con cara de alivio si a cuarta hora ya no tenemos “clientes”. Y yo aprovecho estos minutos, en los que tendría que estar explicando la complejidad psicológica de la duda de Hamlet, para escribir este articulillo, que en nada nos recuerda a Shakespeare.



Crónica de una huelga

15 11 2012

Catorce de Noviembre. Jornada de huelga general. A media mañana, dos alumnos se acercan al centro. Los conserjes se preguntan si serán piquetes; los profesores, si vendrán a clase. Nada de eso. Cuando se les pregunta, los muchachos responden que “solo venimos a pedir un bolígrafo”. Y es que estaban cerradas todas las tiendas.



Protesta estudiantil (III)

18 10 2012

Tercer día de movilización. Los alumnos han salido por la tele, han hecho una sentada, se han comido el bocadillo en el centro en lugar del potaje en sus casas. Han hablado con coherencia, cohesión y adecuación en las entrevistas (se nota que han pasado satisfactoriamente por las clases de Lengua), en las que también ha colaborado algún profesor. Se han manifestado en Oviedo por la mañana y en Mieres por la tarde, le han gritado a la policía (qué culpa tendrán ellos, que también son funcionarios), a la sede del partido gobernante (donde seguro que también hay gente que no está de acuerdo con los recortes) y a un viejo que pasaba por allí (diré en su defensa que el anciano les insultó a ellos primero).También han cantado a coro La Internacional (me pregunto por qué no Asturias, patria querida; seguramente porque iban sobrios). La profesora que iba con ellos -de voluntaria- asegura estar derrengada (normal, ha hecho una jornada de mañana y tarde); al parecer, el director le había encomendado “cuidar de los niños”, y mi compañera se lo tomó tan en serio que fue la primera insultada por el educado viejecito.

Si queréis más…