La selección

10 05 2017

“La selección”, o cuando la portada vale más que el libro.

Somos conscientes de que esto no es 1984; ni siquiera Los juegos del hambre. Pero no nos parece lícito (nótese, por favor, el plural de modestia) juzgar un libro según sus posiblidades de ingreso en El canon occidental. Cada historia tiene una función y un alcance: este es un libro para adolescentes (en su mayoría femeninos) y sólo pretende cumplir una fantasía, lo que en absoluto es reprochable: la literatura se escribe por placer y se lee por placer, y quien te diga lo contrario se ha pasado demasiado tiempo estudiándola.

La premisa es muy interesante: mezclar Cenicienta con un reality show. Y en un futuro distópico, además. Una sociedad de castas y escasez coronada por una monarquía de opereta. Ruritania en un mundo feliz. Pero no se ha sacado partido a las posibilidades que el tema ofrecía. Ni se nos muestran los entresijos del reality, ni se describe a las concursantes (el color del vestido no cuenta como descripción, gracias), ni la sociedad presuntamente distópica es analizada ni cuestionada. Oh, sí, aparecen unos rebeldes muy educados que atacan cada dos capítulos porque los guardias de palacio no han recibido el entrenamiento suficiente para acordarse de cerrar la puerta.

Sin embargo lo que arruina la lectura por completo es la presencia constante de estereotipos (la protagonista es a un tiempo pelirroja y temperamental), algunos de ellos abiertamente racistas (la única concursante asiática es introvertida y honorable) y machistas: una chica de dieciocho años comenta entre lágrimas que quiere un marido –se deduce que la frase terminaría con “antes de que sea demasiado tarde para pillarlo”–; varios personajes se extrañan de que una señora calificada por todos como “lista y buena” no se haya casado –es evidente que toda mujer que supere los antedichos dieciocho en estado de soltería tiene que ser por fuerza “tonta y/o mala”. Me pregunto por qué no se han atrevido a decir abiertamente ”fea”. Ah, y no se olvide que en el futuro se considerará inapropiado que una mujer lleve pantalones. Me refiero a la prenda, por si no quedara claro.

Una distopía pone de relieve las injusticias que existen en la realidad, pero para luchar contra ellas, no para refrendarlas.  Es obvio que La selección no está batallando contra la desigualdad social ni contra el machismo, sino asumiéndolos y aceptándolos. Así que llamemos a las cosas por su nombre: ni distopía ni ficción especulativa; simplemente, novela romántica. Una novela romántica con un trasfondo ideológico retrógrado y machista que nos parece increíble que esté resurgiendo a principios del siglo XXI. Vayan con cuidado: 1984 ya no es el futuro. El futuro es 1950.



Machismo ibérico

6 11 2008

No deseo difamar a la primera comunidad autónoma que me dio trabajo, pero no puedo pasar de largo ante una realidad: el machismo andaluz no es un tópico. Existe, y en un grado alarmante. Es cierto que el machismo es una lacra que aún pervive en todas las regiones españolas, pero en Andalucía me he topado con situaciones que ponen los pelos de punta.

No, no cuento entre estas el que un indígena me lanzara un piropo por ir ¡tapada hasta los pies! (me había puesto un vestido hippie; no me imaginen con burka). Tampoco cuenta el caso de una compañera que no podía ser vista fumando por las calles de su pueblo: las mujeres del campo cordobés, por lo que se ve, no fuman en público. Estos recuerdos solo me hacen sonreír. A fin de cuentas, también en Asturias hay chigres llenos de paisanos donde no pone en ningún cartel que no se admitan chicas, pero no entra ninguna.Pero hay historias que no me hacen tanta gracia. Como de costumbre, los ejemplos más graves son de Sanlúcar de Barrameda. Como esta bitácora va sobre educación, me limitaré a contar lo que pasaba en el instituto, que no es más que un reflejo de lo que ocurre en la sociedad entera.

Mis alumnas tenían que tener novio a los dieciocho; no haberlo conseguido a tan provecta edad era una tragedia. Además, en cuanto se echa una novio el instituto deja de importar, porque ya tienes quien te mantenga en el futuro (no crean que esto se aplica a millonarios: la mayor parte de los novios de mis alumnas iban para temporeros o parados). Recuerdo a una niña concreta que estudiaba muy bien. Sacaba todas las asignaturas, estaba interesada, era educada y respetuosa, no faltaba a clase… y le quedaban dos meses para sacarse el título de la ESO. Menor de edad, para más señas. Pues se echó novio. Un chaval que había dejado los estudios y era camarero por cuatro perras. No volví a ver a mi alumna por clase: una vez la encontré en la calle, a la grupa de la moto del muchacho. Sus compañeros me explicaron, textualmente: “E… ya no viene más, señorita. Tiene novio”. Sobraban las explicaciones.

Una vez que tienes conseguido el novio, lo único que no puedes hacer con él es romper. Romper con el novio porque te das cuenta de que no es el que necesitas (o se da cuenta él de que no lo eres tú, o conoces a otro, o… lo que sea) es impensable en Sanlúcar de Barrameda. No pocas de mis alumnas comentaban que ellas no dejarían nunca a un hombre, les haga lo que les haga (léase infidelidad, maltrato… lo que se quiera), pues ser dejadas es lo peor que puede pasarles, ya que podrían no encontrar otro jamás. La orientadora, que estaba más al tanto de estos temas, me contaba que se daba con frecuencia el siguiente caso: el chico obligaba a la chica a mantener relaciones sexuales con la amenaza de dejarla si no consentía. Por mucho que digan las películas y los folletos informativos del ministerio, existen personas de catorce años que aún no desean acostarse con alguien; sin embargo todavía quedan lugares donde la mujer tiene que dar sexo si quiere compañía, afecto o simplemente estatus social. ¿Qué les parece?

Por supuesto, el embarazo adolescente es más frecuente en esta región, y lo mismo el aborto, aunque no tanto como podría temerse: yo solo me he topado con tres casos en cinco años. En cuanto a la generación anterior, me encuentro con muchas madres de alumnos que los tuvieron a los quince o dieciocho años: hoy tienen treinta y parecen viejas. Una vez confundí a la madre de uno con su abuela: luego me enteré de que no me llevaba más de dos o tres años.

Pegarle a la novia es considerado medio normal en Sanlúcar de Barrameda; arrearle a la mujer es la prolongación natural. Entre los padres de mis alumnos había muchos que se habían separado por esta causa: al menos, las mujeres adultas se atreven a romper con la pareja, cosa que no hacen, por lo general, sus hijas. De cuando en cuando sabías de algún alumno que pegaba a su madre. Con el padre no se atreven.

Las niñas son obligadas a realizar todas las labores domésticas; a los niños no se les exige ninguna. Por labores domésticas no entendamos enseñar a la muchacha a hacer la cama o a poner un guiso: se incluye también suplir a la madre en el cuidado de los hermanos menores, ya que la madre suele tener un trabajo de ocho horas que la aleja de casa. Algunas de mis alumnas (nunca uno de mis alumnos) estaban al cargo de un hermanito bebé, al que tenían que cuidar mañana y tarde. Muchos de ustedes saben lo que es tener un bebé: no es una planta que puedas olvidarte de regar, y suele pedirte de comer varias veces, como poco, y enfermar de cuando en cuando. Yo tenía casos de absentismo escolar porque la alumna estaba criando a su hermano. No puedo censurar a los padres por privar a sus hijas del derecho a la educación, porque estoy segura de que los pobres no tenían otro remedio, pero lo cierto es que estas niñas-madres no titulaban; sus hermanos libres de cargas, sí.