Ha llegado un extraño II: Ha vuelto

16 04 2013

Esta es la continuación que ha imaginado uno de mis alumnos para la novela “Ha llegado un extraño”, de Mollie Hunter. A mí me ha encantado.

Aviso: Si no se ha leído la novela en cuestión, el texto que sigue contiene spoilers de los gordos. Léase bajo su propia responsabilidad.

HA LLEGADO UN EXTRAÑO II: HA VUELTO

Capítulo 1

Comienzos

Han pasado más de veinte años desde lo ocurrido con Finn Learson, el Gran Selkie. Y en las islas Shetland han ocurrido muchas cosas: el matrimonio de Elspeth, la descendencia de esta, el envejecimiento de Robbie, la muerte de los padres de los Henderson…

Finn Learson no volvió a aparecer por las islas Shetland, ni se escucharon más rumores sobre él, pero quién sabe, ya sabéis lo que dicen, nada es para siempre, y tal vez tenga un descabellado plan, que estará rondando por la cabeza de ese Selkie.

Los Henderson eran ahora una nueva generación, ni siquiera Tamm, el perro, seguía vivo.

La Segunda Guerra Mundial había devastado medio mundo y la economía de los Henderson era mala, así que seguían viviendo en la misma casa, Robbie tenía su habitación en la parte de arriba y Elspeth y Nicole se instalaron en, obviamente, la parte de abajo, pero la de abajo del todo, casi en el sótano, y la parte del medio de la casa era para todos, pero la casa no era muy grande, así que solo había un baño y un salón–cocina, en el que pasaban la mitad del tiempo y comían.

Capítulo 2

Los personajes

En la casa no solo vivían Nicole, Robbie y Elspeth; los fines de semana, los hijos de Nicole y Elspeth venían de visita; como ya eran ancianos, sus hijos ya eran adultos y vivían en su propia casa. Los viernes los que venían eran los nietos, de Elspeth eran: Johan, Brian y Caitlin, eran unos chavales muy amigables y simpáticos , le caían bien a todo el mundo.

Los nietos de Robbie eran: Stephen y Thomas, dos mellizos de 11 años.

Cabe destacar que, como ya mencioné, el perro ya no era Tamm , sino Chumm, un perro sin raza, pero aun así era un can muy bonito y dócil.

Capítulo 3

La historia

Aquel viernes, Stephen y Thomas estaban especialmente aburridos, tal vez porque estaba lloviendo y no podían salir al patio a jugar o porque simplemente no querían seguir la misma rutina de siempre y cambiar un poco.

-Cuéntanos una historia, abuelo Robbie -dijo Thomas.

-Déjame pensar… ¡Ya sé , puedo contaros como encontramos a Chum!

-No, esa no, abuelo, no nos interesa, parece aburrida…

-Vale, puedo contaros la historia del Gran Selkie.

-¿Selkie, que es un selkie?

-Una criatura con forma de foca que seduce a bellas jóvenes transformándose en un/a joven que les lleva a su palacio submarino, ¡cubierto de sus cabellos!

-¡Pero eso es horrible!, ¿alguna vez viste alguno?

-No solo lo vi , estuve a su lado, y no solo era un selkie, era el Gran Selkie.

-¡Cuéntanos esa historia abuelo! -gritaron los pequeños con emoción.

-De acuerdo, pero es una historia larga, muy larga…

Capítulo 4

Tiempo atrás

“Lo recuerdo como si fuera ayer”, dijo Robbie; mucho tiempo después Robbie acabó la historia, sus nietos le miraron con cara de estupefacción, no podían creer que su abuelo hubiera sido tan valiente y que los selkies existieran.

Durante las siguientes semanas, todos los viernes, los muchachos no paraban de hacerle preguntas al atareado Robbie, y, cansado de preguntas, les llevó a el lugar en el que vio al selkie por ultima vez, los acantilados.

Los niños vieron una foca desde lo alto y llamaron a su abuelo : ‘‘ ¡Mira, abuelo, una foca!’’

Robbie, convencido de que los niños no habían visto nada fue a ver lo que era, y, después de verlo un rostro de terror se apoderó de la cara de Robbie , disimulando esto se llevó a los niños a casa para protegerlos y para que la foca no les viera a ellos .

Capítulo 5

Inquietudes

Robbie no paraba de darle vueltas al asunto; el Gran Selkie estaba allí todavía , merodeando por las Shetland sin que él se diera cuenta, imagínate cuanta rabia tendría desde la faena que le hizo en su juventud, conociéndolo seguro que estará planeando una estrategia para liquidarlo. Todas esas ideas se apoderaron de Robbie y tuvo un sueño, soñó que Finn entraba en su casa y se llevaba a sus nietos, a sus sobrinos y a todos, y por último a él. Robbie despertó sobresaltado y no pudo dormir. Él y solo él  podía detenerlo, tenía que ser más listo que el audaz muchacho que una vez tuvo en su punto de mira a su hermana Elspeth.

Como es natural del inquieto Robbie, saltó de su cama y fue al acantilado a ver si conseguía una pista, y lo que encontró, nada, pero él sabía que algún día encontraría una piel de foca ahí, y entonces él sabría que había llegado el momento.

Capítulo 6

Disimulos

Como era de esperar, a la mañana siguiente Robbie tenía cara de muerto viviente, no había dormido ni un minuto por culpa de aquella maldita foca tuerta.

Se levantó, desayunó, y como todos los viernes Thomas y Stephen vinieron de visita, Robbie presintió una nueva oleada de preguntas sobre el selkie, y las recibió, pero no mencionó nada sobre lo de que el Gran Selkie seguía vivo.

Y fue complicado porque tuvo que recurrir a todo tipo de rebuscadas mentiras, todas encadenadas, para no levantar sospechas.

Robbie sabía que a este ritmo no aguantaría mucho, pero es que esos chicos eran tan pesados con el selkie que tarde o temprano tendría que contárselo.

Así que intentó ignorarlos hasta que se olvidaran del tema, pero eso no ayudaría mucho a solucionar el problema del selkie.

Decidió idear el plan y cuando lo acabara, contárselo a los chicos.

Capítulo 7

El plan

Robbie no planeó nada hasta el momento y tuvo que contárselo a los chicos.

-Escuchad, chicos, ¿os acordáis de aquella foca tuerta que visteis en el acantilado?

-Sí, era muy grande.

-Bien, pues era el Gran Selkie en su forma original.

-¿En serio?

-Necesito vuestra ayuda para pararlo, soy demasiado viejo para estas cosas.

-De acuerdo.

Y así, mientras los niños pensaban un plan, él iría al acantilado a buscar un posible paradero del Gran Selkie.

Y así fue, encontró una piel de foca; eso quiere decir una cosa.

Capítulo 8

El final

Ahora que el selkie estaba en acción,y dado el hecho de que no consiguieron planear nada, lo único que pudieron hacer fue colocar madera en las ventanas, taponar las puertas y esperar a que llegara lo peor, nadie sabía nada de esto y se extrañaron mucho al ver que Robbie  estaba  ‘‘asegurando’’ la casa, y, además, en los ojos de Robbie se veía el miedo, nunca lo habían visto tan asustado por dentro, ya que por fuera era un anciano de lo más normal, excepto para los mellizos Henderson, que veían a través de él.

Robbie no sabía qué procedimiento tomar, así que, esa noche, cuando se fue a la cama, sabía que no regresaría jamás.

Thomas y Stephen sabían perfectamente lo que pasaba, subieron al desván y cogieron todo el armamento que había allí; era el armamento que la familia necesitó para sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial.

Lo almacenaron en su habitación y, como ellos mismos planearon, aquella noche, mientras todos dormían, alguien entró en la casa y apuñaló a Robbie mientras este dormía, pero cuando se disponía a salir, Thomas disparó una escopeta, el disparo despertó a todo el mundo, y la bala fue a parar a la espalda del desconocido. Este se volvió con furia, pero una navaja suiza se clavó en el otro ojo de Finn, dejándolo ya, completamente fuera de combate y absolutamente ciego; ahora la cosa se centra en Robbie, que sobrevivió, pero nunca volvió a ser el mismo desde aquello.

Por DIEGO GARCÍA DE VEGA YÁÑEZ, actualmente en primero de la ESO.



Ha llegado un extraño

13 02 2013

 

Leí por primera vez Ha llegado un extraño (Mollie Hunter, 1975) cuando tenía más o menos la edad que la contraportada recomienda, pero no pude hacerme con el libro. No recuerdo por qué; probablemente, porque lo habría encontrado en alguna biblioteca pública. Muchos años después (aunque no frente al pelotón de fusilamiento) recordaba este libro con nitidez. Me había parecido hermoso, poético y sugerente, y para nada merecedor de llevar el restrictivo cartelito de “literatura juvenil”, aunque el punto de vista sea el de un niño de doce años. Pero no tenía manera de comprobar si era la distancia temporal la que poetizaba el recuerdo, ya que, por lo que se ve, no se ha considerado merecedor de una reedición. Consideraba la opción de buscarlo por internet, cuando hace pocos días, y por pura casualidad, me encontré con un ejemplar en una librería de viejo. Me lo quedé por un miserable euro.

No me ha decepcionado, sino todo lo contrario. Escrito con sencillez, con capítulos breves, con el protagonismo de un niño y basado en el folclore, volvió a parecerme más valioso que otros novelones de mejor fama y fortuna editorial y, desde luego, mejor que muchas historias pretendidamente “adultas”. Y, sí, también los niños de doce años pueden disfrutarlo, así que se lo estoy leyendo a mis alumnos de primero, a capítulo al día, para que les haga tan felices como me hizo a mí. Y les gusta. Y no, lo siento, chicos, pero no voy a revelar en este artículo qué significa el nombre de Finn Learson.