Esto ye’l caos

3 06 2016

A bombo y platillo se publicita el último año de la PAU; el año que viene los alumnos tendrán el mismo examen con otro nombre. Se celebran las oposiciones sin terminar el curso. La Consejería ordena suspender las clases para los estudiantes pero no para los profesores: me pregunto a quién van a dar clase (¿a los bedeles? ¿a las urracas del patio?). Y lo escribo en tercera persona porque a mí me ha tocado tribunal, que es lo peor que puede pasarle a uno después de ser opositor. España sin gobierno, pero ni lo notamos. La Consejería antes aludida me obliga en una misma tanda a demostrar que no soy una delincuente sexual y a cambiar mi cuenta de correo profesional. La reforma educativa sigue adelante sin nadie que la apoye. Ah, y me dan el traslado; menos mal que es porque lo he pedido yo.



Un opositor demasiado viejo

15 09 2009

Sucedió hace no muchas convocatorias, y aunque parezca cuento es verídico -o, al menos, así me lo hicieron creer a mí-. Había un opositor que llevaba bastante tiempo presentándose y no aprobaba; tantos años pasaron en semejante situación que por fin le faltó sólo uno para jubilarse. Entonces acudió, persuadido que de esa las sacaba, pues ya había completado con creces el cupo de puntos necesarios de experiencia. Cuál sería su sorpresa cuando se encuentra con sus antiguos alumnos, convertidos ahora en miembros del tribunal. Parece ser que el opositor, en lugar de soltarles el rollo académico, tan sólo quiso apelar a sus más compañeriles sentimientos. Y así les dijo:

-No me vayáis a catear ahora, ho, que os he dado clase y aprobabais…

Y así sacó la plaza y se jubiló en el mismo año. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.



NO a las oposiciones a la asturiana (y van dos)

22 09 2008

Para empezar, mi enhorabuena a todos aquellos que han conseguido la plaza en las oposiciones; enhorabuena sentida de corazón, puesto que algunos son amigos míos. Pero nótese, por favor, que he dicho con toda intención “conseguir plaza” en lugar de “aprobar”; en las oposiciones asturianas ambos términos distan mucho de ser sinónimos. Es de todos sabido que en las oposiciones asturianas no se elige al aspirante que más sabe, sino al que más paga. ¿Conciben ustedes un sistema de selección que prefiera al candidato que paga por entrar antes que al que demuestra competencia en la materia? Pues así es el sistema de oposición vigente en esta autonomía: lo que menos cuenta es la nota del examen; lo que más, los cursillos cuya matrícula se ha abonado en el banco, cuyo precio, que de simbólico no tiene nada, puede llegar a los mil euros o más (hablo de un caso real y comprobado). Nótese, por favor, que hablo de “pagar” y no de “cursar”: sé, como todos en el gremio sabemos, que los tales cursillos, convenientemente no presenciales, pueden ser plagiados y reenviados de un aspirante a otro. ¿Conciben ustedes un sistema de selección en que la nota media de una carrera de cinco años cuente menos que la realización de un seminario de siete horas? Pues ya saben en qué administración está vigente tamaño despropósito: cómo no, tenía que ser la nuestra. Si un empleador escoge a sus trabajadores según un criterio equivocado, que luego no se queje de los resultados. Si se deja sin plaza a aspirantes que han obtenido notables y sobresalientes en el proceso selectivo para otorgársela a candidatos cuyo único mérito es llevar veinte años en la cola o haberse comprado los méritos a golpe de talonario, que no se nos quejen luego de la calidad de la enseñanza; quizás si empezaran por buscar la calidad del enseñante nos iría mejor.