El pan de cada día

8 02 2017

Mientras mis compañeros luchan contra una EBAU demencial (la PAU ha cambiado de nombre para asemejarse al ladrido de un perro) yo no tengo tiempo de preocuparme por tan elevadas materias. Mi día a día no suele incluir estudiantes angustiados por rendir en un examen injusto: en su lugar, alumnos dormidos en las mesas, quizás bajo los efectos de alguna sustancia, y otro que me llega tarde, explicando (no me queda muy claro si es una disculpa) que le ha parado la policía. Y yo me pregunto por qué no se lo lleva.

El pan de cada día.



La mentira de la reválida

28 10 2016

Un día después de la huelga sale el presidente del gobierno en funciones (¿se decía así?) a anunciar como novedad que la reválida no tendrá efecto académico, al menos (adviértase la letra pequeña) hasta que no se alcance un “pacto por la educación”. ¿Y? Desde el principio de curso ya sabíamos que dicho examen iba a ser, este año, de prueba (o sea, de mentirijillas, de broma o de esperpento del Callejón del Gato, si me apuran ustedes). ¿Dónde está la concesión?

En román paladino, para que me entienda hasta mi vecino: los alumnos tendrán que hacer el examen igual, aunque no les contará para nada. A no ser que tengan intenciones de acceder a la universidad, en cuyo caso les servirá como prueba de acceso. Y yo me pregunto para qué le han cambiado el nombre a la PAU.

Yo era de las que esperaba que una reforma educativa arreglara los terribles problemas que teníamos desde que la enseñanza se hizo obligatoria hasta los dieciséis. Ingenua de mí, me creía que la LOGSE era tan infumable que no había manera de inventarse nada peor. Pero me equivoqué. Nos endilgaron la LOMCE. Ahora me he vuelto realista y ya no espero nada: sólo la jubilación.

P.D.: Si hay algún alumno por ahí, que se deje de huelgas. La única oposición posible a la reválida es que todos a una dejen el examen en blanco.



Esto ye’l caos

3 06 2016

A bombo y platillo se publicita el último año de la PAU; el año que viene los alumnos tendrán el mismo examen con otro nombre. Se celebran las oposiciones sin terminar el curso. La Consejería ordena suspender las clases para los estudiantes pero no para los profesores: me pregunto a quién van a dar clase (¿a los bedeles? ¿a las urracas del patio?). Y lo escribo en tercera persona porque a mí me ha tocado tribunal, que es lo peor que puede pasarle a uno después de ser opositor. España sin gobierno, pero ni lo notamos. La Consejería antes aludida me obliga en una misma tanda a demostrar que no soy una delincuente sexual y a cambiar mi cuenta de correo profesional. La reforma educativa sigue adelante sin nadie que la apoye. Ah, y me dan el traslado; menos mal que es porque lo he pedido yo.