Se acerca el… inspector

17 04 2017

El inspector anuncia su llegada para el día 20 de este mes, fecha que se acerca a paso tan rápido como el invierno en Westeros. No tengo motivos para inquietarme: mi última experiencia con un inspector de educación fue tan positiva que el hombre me hizo llegar su enhorabuena. Aunque la verdad es que no entiendo por qué, ya que la clase a la que le tocó asistir la impartió por entero una alumna y yo sólo moví un bolígrafo para ponerle un sobresaliente. Supongo que sería por eso de la “construcción de aprendizaje autónomo por parte del alumnado”. Lástima que no se trate del mismo inspector.

La pretensión del inspector actual es visitar una sesión de tutoría lectiva. He de suponer que un funcionario de su categoría no será tan ingenuo como para creer que unos alumnos de Bachillerato, muchos de ellos repetidores y mayores de edad, van a quedarse a séptima hora todos los jueves para escuchar las chorradas la información que el tutor tiene que transmitirles. Pero por si acaso, mi pretensión –yo también tengo una– es que el inspector se encuentre cara a cara con la realidad. Es decir, que deseo honestamente que los alumnos hagan ese día lo que tienen por costumbre: o sea, no aparecer por el aula (con la excepción de dos o tres fieles, a los que desde aquí agradezco que cumplan el horario). A ver si así la delegación provincial se entera de lo que significa aumentarnos una hora por la cara en Bachillerato.

¿Alguien ha visto algún alumno?

Así pues, no pienso anunciar a mis alumnos la venida de este personaje, ni recomendarles que se queden este jueves, ni preparar una sesión de tutoría ficticia rogándole al empollón que haga algunas preguntas de fácil respuesta para hacerme quedar bien. Sé que algunos han entrado en el blog, pero exclusivamente para leer las burradas (que no, que las coplas no se hicieron a la muerte de mi padre…), así que no creo que este post les ponga sobre aviso de nada, pero por si acaso se lo reitero: haced exactamente lo que hacéis un jueves normal. Se me ocurre ahora que existe la muy remota posibilidad de que me esté leyendo el mismísimo inspector. Aunque parezca que no, eso tendría sus ventajas, pues es posible que esta entrada me ahorre la redacción del informe de tutoría.

Seguiremos informando…



Cirujanos con asterisco

21 12 2016

Algún partido político anda diciendo que habría que adaptar el Bachillerato para que “todos puedan hacerlo”. No me queda muy claro qué quieren decir con eso de “todos”. Por supuesto que queremos que la silla de ruedas o la pobreza no sean un impedimento para nadie. Pero dejando aparte esos casos, las adaptaciones en Bachillerato están fuera de lugar. ¿Creen ustedes que el Madrid o el Barça pueden ser obligados a admitir jugadores con adaptaciones curriculares significativas? ¿O dejarían que les operara un cirujano que se hubiera sacado el título con asterisco?



Adjetivo políticamente incorrecto

30 11 2016

Por fin parece que se descongestiona la ley educativa y los alumnos no tendrán que hacer la reválida para sacarse el título. A ver si es verdad. En cuanto a usarla como diagnóstico, ni falta que nos hace. Para ello no hay más que ver las respuestas de mis exámenes de Bachillerato:

“Grados del adjetivo: comparativo, superlativo e inferiorativo, que indica inferioridad. Por ejemplo: subdesarrollado”

No te atreviste a poner subnormal, ¿eh?



DEJADNOS EN PAZ

10 12 2015

Nueva ocurrencia de los que nunca han dado una clase: el “libro blanco” propone pagar más a los mejores profesores (como si el ser mejor o peor se pudiera medir con fiabilidad y justicia), evaluarnos cada dos por tres (después de lo que nos ha costado sacar una oposición), endurecer el acceso a la profesión (exigiendo a los aspirantes másters que no cuestan dos duros) y, como perlita que remata el collar, “que los mejores profesores pasen a dar clase en los centros más conflictivos”. Sí, hombre, como premio por hacer bien tu trabajo… ¡el traslado a un instituto marginal a doscientos kilómetros de donde vives!

Los profesores estamos hartos de desayunarnos cada mañana con un cambio en nuestras condiciones de trabajo. Estamos hartos de ver cómo nuestros alumnos se gradúan sin saber nada y que encima la sociedad nos eche la culpa a nosotros, y estamos hartos de los políticos que copian el modelo educativo de un país ajeno, le añaden una terminología políticamente correcta y se creen que han arreglado algo. De verdad, estamos tan hartos que sólo queremos pedir a los de arriba una única cosa, y no es ni aumento de sueldo, ni vacaciones, ni una pizarra digital. De una maldita vez os pedimos, por favor: DEJADNOS EN PAZ.



Analfabetos

3 03 2008

Hace muy poco, una política dijo que en Andalucía había muchos analfabetos. Se le echó todo el mundo encima: en una sociedad políticamente correcta nadie puede decir la verdad.

No voy a decir a qué partido pertenece la política en cuestión, ni si yo les doy o no mi voto, pues la intención de este blog no es hacer campaña electoral. Pero voy a darle mi apoyo, al menos, en esto. Reconocer un hecho desagradable es el primer paso para ponerle remedio. En España existen analfabetos. En Andalucía hay más analfabetos que en otras zonas de nuestro país, tanto por motivos de extensión geográfica como históricos y sociales. Estoy hablando de algo que he conocido personalmente.

En el pueblo gaditano en que estuve destinada, más del treinta por ciento de la población adulta era analfabeta. Ignoro si la estadística trataba de analfabetismo completo o funcional, pero poco importa. Nos referimos a personas de ochenta años que en su día no tuvieron oportunidad de educarse, sí, pero también de gente de cuarenta (y sobre todo,  de mujeres) que, en teoría, tuvieron que pasar por la escuela elemental.

Así que dejémonos de maquillar la realidad: en España quedan analfabetos. Reconocer esto no es echarle las culpas a nadie, y mucho menos, a los propios afectados. Pero sí será, vuelvo a repetir, el primer paso para ponerle remedio. Dejémonos de discursitos y eslóganes tipo “Andalucía, imparable” y pongamos manos a la obra. Que ya es hora.