Locura digital

12 04 2020

La ministra se cree que podemos dar clase con un teléfono móvil.

Las empresas ponen a nuestra disposición todos los medios digitales de que disponen de manera gratuita… de momento.

Alumnos, profesores y hasta padres están saturados de tareas, pero, eso sí, sigue prohibido avanzar materia.

Los alumnos de segundo de Bachillerato se enfrentan a una Ebau anormal en estado de ansiedad mientras las autoridades educativas todavía insisten en que se trata de la única forma de evaluación justa.

La sociedad se vuelve loca ante la pérdida de unas semanas en la larga vida educativa de sus menores, y lo califica de tragedia. No sé que nombre reservan para las familias abocadas al paro y a la pobreza. Tragedia son los nuevos parados, tragedia son los pobres, tragedia los enfermos.

Tragedia son los muertos.



Primera semana de cuarentena

19 03 2020

La realidad no es nunca como la pintan los políticos. Al cerrar las aulas, la Consejería emitió un mensaje de normalidad: que si continuaríamos las clases por vía telemática, que si –afortunadamente, recalcó– no vivíamos en la Prehistoria… Voy a dejar aparte la obvia discriminación hacia las sociedades de cazadores-recolectores y a centrarme. Resumo la situación: esto es un puto caos.

Cada autonomía va por libre: unos no pueden avanzar materia y a otros sus inspectores les exigen un informe sobre la programación telemática y el progreso semanal de sus discentes. Las compañías telefónicas piden que se haga un uso razonable de internet o se nos cuelga todo el sistema, pero hay profesores tan diligentes que están conectados mañana, tarde y hasta noche para las últimas dudas, además de impartir videoconferencias por YouTube y chateo en vivo con el móvil.  Hay profesores que levantan a sus alumnos antes del alba para examinarlos online en una plataforma educativa que se cuelga en cuanto se conectan más de sietelos hay que se han limitado a enviar una lista de tareas y otros que ni siquiera rellenan su parte correspondiente en la página web de su instituto. Hay compañeros que no pueden manejar una plataforma educativa porque no saben; otros, porque no tienen acceso; los demás, porque se satura, y el resto, porque se acaban de ir para Urgencias con síntomas de coronavirus.

En cuanto a los padres, hay quien exige que les pongan más deberes a sus retoños, quien protesta porque les hemos puesto demasiados, quien nos llama vagos por el Twitter y quien se queja, y con razón, de que no puede sentarse con los chavales a explicarles la tarea porque por algo no está licenciado en la misma materia que el profesor que se los encargó. Hay quien no puede atender a la vez a su abuela, el propio teletrabajo, la mujer con síntomas de gripe, el nene de teta y los dos chavales con deberes que tienen que enviar obligatoriamente antes de las 12.15 aunque en casa solo dispongan de un ordenador de hace diez años. Con respecto a los alumnos, los dividiré para simplificar en tres grupos: los responsables que te hacen en un día todo lo que les has mandado para quince y todavía te preguntan cómo los vas a evaluar, los que están jugando al Fortnite y pasando de ti (o sea, lo mismo que hacen en clase, para qué engañarnos) y los que tienen problemas más graves en su casa que en la clase de Matemáticas, como por ejemplo el paro y la recesión que van a destrozar el bienestar de muchísimas familias.

Y mientras tanto, corren por ahí los bulos de que nos van a reducir el sueldo y obligarnos a volver en Julio, medidas ambas, sobre todo la última, que si se acaban tomando no será más que para contentar a una opinión pública desde hace años predispuesta en contra de nuestro colectivo. No estará de más, en consecuencia, recordar que seguimos disponibles en nuestro horario, y que si no estamos mandando más tareas de enseñanza-aprendizaje (digámoslo en jerga) es porque algunos todavía creemos que lo más importante en estas circunstancias es la salud.

Y la lectura.



Coronavirus

13 03 2020

El primer muerto en Asturias por el coronavirus es un profesor. Y digo adrede “muerto” en vez de “fallecido”, porque no me da la gana maquillar las verdades.

La Consejería decide suspender las clases (el eufemismo utilizado es “actividad docente presencial”), pero nos exige a los profesores la presencia inútil en los centros y el obligado arrejuntamiento. Cuando al resto de los trabajadores se les permite realizar sus tareas desde casa, a nosotros se nos obliga por decreto a acudir a un lugar de seguro contagio. Nos enfrentamos a un problema gravísimo de salud pública, pero la única preocupación de la sociedad parece ser que los alumnos hagan seis páginas de deberes. ¿Y cómo están intentando los sindicatos defendernos del despropósito? ¡Convocando una concentración masiva para repartirnos los virus entre todos!

Que esto no son vacaciones, que es una maldita cuarentena. Que tenemos muertos, y el próximo puedes ser tú. A ver si os dais cuenta de una vez, cojones.

EDITO A DÍA DE HOY, 16 DE MARZO: En menos de tres días, este artículo ha quedado desfasado. La “concentración” sindical no fue una manifestación masiva. La orden de presentarse en el puesto de trabajo quedó rescindida un día después. El país ha entrado en estado de alarma. Gracias por leerme.



La parida(d)

24 09 2019

Se nos impone la obligación de corregir un examen de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero no todos los profesores serán agraciados con tal suerte: al tribunal elegido se le exige una única condición: ser paritario (que no paritorio). Es decir, que estará constituido por idéntico número de hombres que de mujeres. Y por qué no, me pregunto, de rubios y de morenos, de españoles y de extranjeros, de homosexuales y heterosexuales. Por más que doy vueltas a la cabeza, no consigo comprender qué relación existe entre la adjudicación de una nota y la posesión de un pene.

Me pregunto qué injusticia histórica se está paliando con semejante medida, ya que sabido es que en la enseñanza somos todo muyeres.



Se acerca el… inspector

17 04 2017

El inspector anuncia su llegada para el día 20 de este mes, fecha que se acerca a paso tan rápido como el invierno en Westeros. No tengo motivos para inquietarme: mi última experiencia con un inspector de educación fue tan positiva que el hombre me hizo llegar su enhorabuena. Aunque la verdad es que no entiendo por qué, ya que la clase a la que le tocó asistir la impartió por entero una alumna y yo sólo moví un bolígrafo para ponerle un sobresaliente. Supongo que sería por eso de la “construcción de aprendizaje autónomo por parte del alumnado”. Lástima que no se trate del mismo inspector.

La pretensión del inspector actual es visitar una sesión de tutoría lectiva. He de suponer que un funcionario de su categoría no será tan ingenuo como para creer que unos alumnos de Bachillerato, muchos de ellos repetidores y mayores de edad, van a quedarse a séptima hora todos los jueves para escuchar las chorradas la información que el tutor tiene que transmitirles. Pero por si acaso, mi pretensión –yo también tengo una– es que el inspector se encuentre cara a cara con la realidad. Es decir, que deseo honestamente que los alumnos hagan ese día lo que tienen por costumbre: o sea, no aparecer por el aula (con la excepción de dos o tres fieles, a los que desde aquí agradezco que cumplan el horario). A ver si así la delegación provincial se entera de lo que significa aumentarnos una hora por la cara en Bachillerato.

¿Alguien ha visto algún alumno?

Así pues, no pienso anunciar a mis alumnos la venida de este personaje, ni recomendarles que se queden este jueves, ni preparar una sesión de tutoría ficticia rogándole al empollón que haga algunas preguntas de fácil respuesta para hacerme quedar bien. Sé que algunos han entrado en el blog, pero exclusivamente para leer las burradas (que no, que las coplas no se hicieron a la muerte de mi padre…), así que no creo que este post les ponga sobre aviso de nada, pero por si acaso se lo reitero: haced exactamente lo que hacéis un jueves normal. Se me ocurre ahora que existe la muy remota posibilidad de que me esté leyendo el mismísimo inspector. Aunque parezca que no, eso tendría sus ventajas, pues es posible que esta entrada me ahorre la redacción del informe de tutoría.

Seguiremos informando…



Cirujanos con asterisco

21 12 2016

Algún partido político anda diciendo que habría que adaptar el Bachillerato para que “todos puedan hacerlo”. No me queda muy claro qué quieren decir con eso de “todos”. Por supuesto que queremos que la silla de ruedas o la pobreza no sean un impedimento para nadie. Pero dejando aparte esos casos, las adaptaciones en Bachillerato están fuera de lugar. ¿Creen ustedes que el Madrid o el Barça pueden ser obligados a admitir jugadores con adaptaciones curriculares significativas? ¿O dejarían que les operara un cirujano que se hubiera sacado el título con asterisco?