Confusiones dramáticas

10 03 2020

Pregunta: “¿Cuáles son los tres teatros nacionales?”

Respuestas:

Un alumno: “El teatro español de oro”(no me aclara si era de 18 kilates o de 24).

Otra alumna: “El teatro isabelino, barroco y libertino”(rimas aparte y a pesar de los tópicos, quiero dejar claro que la palabra “libertino” no es un sinónimo anticuado de “francés”).



Shakespeare vive

13 12 2019

Segundo de la ESO. Les pregunto a mis alumnos qué quieren leen en la hora de lectura. Resulta que los que no estaban conmigo el año pasado ya habían hecho todas las lecturas pedagógicas que tenemos en el departamento, incluso las que no tocaban: adaptaciones de clásicos, libros para niños del siglo XIX, novela juvenil actual con valores (la nueva forma de llamar a la moraleja). Total, que de pronto levanta la mano un alumno y me sugiere:”¿Por qué no leemos la historia tan chula que nos habías contado el año pasado?” Interesada, pido más pistas. “Esa que iba de un asesinato en Escocia con brujas y unas manos manchadas de sangre…” Y entonces me muero de alegría. ¡Los alumnos querían leer Macbeth! Efectivamente, se la había contado el año anterior a los que estaban conmigo, pero no la habíamos leído en clase. Un curso después, no solo se acordaban, sino que me pidieron a coro que sí, que esa, esa, y no otra, especialmente no uno de esos libros que estaban en la lista del departamento y que se suponen hechos adrede para gustarle a un chaval de doce a catorce años. Porque, señores, resulta que lo que le gusta de verdad a un chaval de trece años son los asesinatos truculentos, las manchas de sangre, las brujas y los misterios en la noche, y no los libros políticamente correctos diseñados por un equipo editorial que se esmeran en el prodesse y olvidan el delectare.



Puro teatro

23 06 2017

Ha ocurrido hoy mismo en nuestro centro: un afamado director de teatro y zarzuela (cuyo nombre omito por caridad) se había ofrecido para dar una sesión de teatro a nuestros estudiantes. Empezó por echar a los profesores, sin duda para aparentar mayor cercanía con el alumnado, y aunque los tales profesores se ofrecieron a quedarse en el aula e incluso le advirtieron de lo que pasaría si no (en lugar de aprovechar la ocasión para tomarse un café, lo que dice mucho en su favor), el afamado director, cuyo nombre se omite por motivos humanitarios, prefirió prescindir de su ayuda y/o asistencia. Así le fue.

A los cinco minutos el afamado director de teatro y zarzuela había comprobado la total ausencia de atención (por lo que se ve, nadie le miraba a la cara, sino más bien al dispositivo móvil), había solicitado un profe de guardia para que por favor sofocara la creciente algarabía y había expulsado, en un acto de rabia y desespero, a seis alumnos (sin firmar el parte de incidencias). Todo esto antes de llegar al minuto seis de su intervención. Lo siguiente fue la aparición de la señora directora en la sala de profesores suplicando que alguien que estuviera por casualidad libre se hiciera cargo del desastre.

Al parecer, el pobre hombre pretendía ofrecernos un curso de iniciación al teatro para chavales en horario de tarde. No creo que vuelva.