Los sintagmas son una mierda

22 06 2016

Y este es el final. Me traslado de centro, y aunque no se hace efectivo hasta setiembre, los alumnos ya se han despedido de mí y con mucho, pero mucho cariño, incluidos aquellos que también tienen que volver en setiembre por culpa de los sintagmas, cómo no.

Sólo quería daros las gracias a todos por los regalos y por haberme demostrado vuestro cariño. Que sepáis que yo también os voy a echar de menos. ¡Y que los sintagmas son una mierda!



Esto ye’l caos

3 06 2016

A bombo y platillo se publicita el último año de la PAU; el año que viene los alumnos tendrán el mismo examen con otro nombre. Se celebran las oposiciones sin terminar el curso. La Consejería ordena suspender las clases para los estudiantes pero no para los profesores: me pregunto a quién van a dar clase (¿a los bedeles? ¿a las urracas del patio?). Y lo escribo en tercera persona porque a mí me ha tocado tribunal, que es lo peor que puede pasarle a uno después de ser opositor. España sin gobierno, pero ni lo notamos. La Consejería antes aludida me obliga en una misma tanda a demostrar que no soy una delincuente sexual y a cambiar mi cuenta de correo profesional. La reforma educativa sigue adelante sin nadie que la apoye. Ah, y me dan el traslado; menos mal que es porque lo he pedido yo.



Despojada

4 04 2011

La baremación definitiva no me ha devuelto mi segunda carrera. A efectos prácticos, no tiene importancia, ya que es mucho más que tres puntos lo que me separa de ir todos los días al trabajo a patita.

Ni siquiera voy a hacer el esfuerzo de indignarme con la degradación, ni a asombrarme por la incompetencia de quienes hacen los baremos: en realidad, lo extraño es que te baremen bien, y lo milagroso, que te admitan una reclamación, como sabe el noventa por ciento de mis compañeros de gremio.

Por algo será que nos han puesto Kafka de lectura obligatoria.



Me quitan una carrera

21 02 2011

Dudaba si escribir este artículo o dejarlo, pues este blog fue creado para contar lo que se sale de lo normal, por bueno o por malo, y no lo que pasa todos los días (véase separar críos peleándose, confiscar móviles, soñar con la jubilación, etc.). Al final me he decidido a contarlo: me han baremado mal. Como ven, un acto cotidiano en esta incompetente administración, que le ha ocurrido a casi todo el mundo en algún momento de su servicio. Alguna vez tenía que tocarme a mí.

De resultas de la tal baremación, me han quitado una carrera. De pronto me he visto rebajada, por omisión de una computadora anónima, a licenciada en una sola cosa en vez de en un par. Qué liviana me han dejado con un título de menos, oigan.

He de consignar que tampoco me importa demasiado. Confieso que tengo una posición de privilegio, y esto del concurso de traslados lo hago solo por quitarme carretera, pero en estos momentos me acuerdo de los pobrecitos cuya vida depende de que los manden a un lugar concreto y a los que probablemente también les han hecho la misma jugada. Porque, de hecho, conozco muy de cerca a alguien a quien un error de estos casi le cuesta la plaza, y eso no son bromas, señores.

Menos mal que cuento con que las cosas se arreglen en la baremación definitiva, para la que acabo de lanzar la correspondiente reclamación (si nadie la pierde por el camino). Dentro de unas semanas espero tener el gusto de volver a verme bilicenciada (y no pido perdón por el neologismo). Y, si no… tendrán noticias.