saltar a navegación

Nunca lo olvidaré

8 Junio 2010
Publicado por Carolina en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nosotros, Nuestro cuaderno de notas, Nuestros trabajos
Un comentario

Tres años, cuatro y cinco:

en el “cole” trabajamos, pero deberes no mandan

los profesores nos divierten y cantan.

Seis años, siete y ocho:

el cambio a primaria algo duro fue,

pero, nada comparado con lo que venía después.

Nueve años, diez y once:

bastante mayores éramos ya,

aunque los deberes no paraban de aumentar.

Ahora, ya con doce,

dentro de poco de escuela cambiamos,

y por ello muy nerviosos estamos.

El colegio, fue y será,

para siempre, un sitio genial.

Los profesores nos enseñaron.

Lo que no sabíamos nos lo explicaron.

¡Llegan las notas y viene el verano!

8 Junio 2010
Publicado por illancgov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario
 
Ahí llegan las notas 
están al caer,
Nunca llegan rotas,
están para comer.
 
Está muy organizado,
el sobre de las notas
y estoy emocionado
 
Estoy harto de las riñas
estoy cansado,
me entra ganas de cascar piñas
estoy enfadado.
 
¡Ya llega el verano
y va a llegar muy temprano!
 

TERCETOS CONSECUTIVOS

26 Mayo 2010
Publicado por andreahlov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

Mirando la hora un día,

cuenta me di yo,

de que esta corría.

Sólo la noche había pasado,

de un pequeño niño,

pobre y abandonado.

Llegada la noche, llegaba el peligro,

nadie sabía, nadie dormía

todo el tiempo había concurrido.

El tiempo se detenía

mientras estaba la luna,

y el sol se ponía.

 

TERCETOS…

24 Mayo 2010
Publicado por eduardolsov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

Siempre el perro a por el gato,

el gato con el ratón,

y el gato espera un rato.

El ratón ve un rosetón,

el ratón con el elefante,

y el elefante huye un montón.

El elefante siempre tan elegante,

el pingüino tan galán,

y algunas veces tan pedante.

 El pingüino parece catalán,

luciendo siempre esmoquin,

y siempre tan galán.

 

Un terceto encadenado muy estelar

24 Mayo 2010
Publicado por andreagcov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nosotros, Nuestro cuaderno de notas, Nuestros trabajos
Un comentario

Mirando las estrellas  

embobada me quedé,

parecida a las velas.

Una estrella fugaz miré,

alucinando y  sin poder pestañear,

vi  que caía y pensé

¿Que será eso? Y me puse a caminar.

De repente fuego ardía

nerviosa empecé a temblar,

mi corazón muy rápido latía.

Una piedra preciosa distinguí.

pensé en llevarla a una joyería,

pero  supe que era para mí.

Niño

12 Mayo 2010
Publicado por mpilarlsov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

Si la vida fuera bella

Tu serías mi estrella.

Niño de mi vida ¡cuándo te volveré e ver!

 Cuando te marchaste la vida no tuvo sentido.

Mis ojos se llenaron de lágrimas

recordando todo lo que habíamos vivido.

Nunca podré dejar de pensar en ti.

Cuando éramos niños me cogiste de la mano,

me dijiste que me querías; yo me confié.

Pasaron los años y tu me iluminabas la vida.

Si la vida fuera bella

tú serías mi estrella.

Niño de mi vida ¡cuándo te volveré a ver!

Tus ojos eran mi guía,

quien los mire no podrá escapar.

Pero la guerra apareció y tu te fuiste.

Soy muy joven para este sufrimiento.

Ahora solo noto un cosquilleo,

una punzada de dolor y una luz.

La única más fuerte que tú.

Si la vida fuera bella

tú serías mi estrella.

Niño de mi vida

¡cuándo te volveré a ver!

LA HORMIGA AL REVÉS

9 Febrero 2010
Publicado por Nacho en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

En un bosque muy frondoso

vivía una hormiga que parecía un oso.

Era muy grande ¡Enorme!

Tanto que la confundían con un hombre.

También era muy vaga

y a sus compañeras no ayudaba.

Como veis era una hormiga al revés

de la cabeza a los pies.

Un día las hormigas se hartaron

y del hormiguero la echaron.

¡Ya valía de romper

y no ayudar a recomponer!

Muy indignada se fue a visitar al oso,

seguro que la aceptaría ¡Él era mimoso!

Pero para vivir con él, tenía que trabajar.

¡Debería hacerle las tareas del hogar!

Indignadísima se dirigió a la casa del zorro

aunque sabía que él tenía mucho morro.

Pero para estar con él tenía que cazar

piezas frescas. ¡Un manjar!

“Superhiper” indignada se fue con la liebre.

Que la pobre tenía fiebre.

Estar con ella quería,

pero la tendría que llevar a la enfermería.

La hormiga se dio cuenta

de que la vida puede dar muchas vueltas.

De que si buena vida quieres llevar

vas a tener que trabajar.

Muy lastimada decidió volver con sus compañeras

esperando que refugio le ofrecieran.

Y se dirigió hacia el hormiguero

aunque le daba muy mal agüero.

Al verla las hormigas se extrañaron

porque muy mal las había mirado.

Pero la veían tan arrepentida

que pensaron que podría haber otra salida

La perdonaron

y las penas se acabaron.

Pero tendría que ayudar

a muchas frutas recolectar.

Mª del Pilar López Secades  - 6º A  - Curso 2009 / 2010

SER DISTINTO

9 Febrero 2010
Publicado por Nacho en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

Había una vez un águila con gafas que,

en su vieja y ordenada guarida,

contemplaba con cierta sabiduría

a una liebre entristecida que, entre muchas otras,

muy lento y pausado corría.

- ¡No te angusties, liebre querida!

pues ser diferente

a las de tu especie,

hoy en día,

es una tontería.

- ¡No es una tontería!,

pues mírame aquí sola y aburrida

mientras que mis compañeras

corren veloces y saltan contentas,

como si fueran unas atletas auténticas.

- Un consejo te voy a dar,

que la vida te va a alegrar:

cuanto más despacio pases por el mundo,

observarás las cosas de un modo más profundo.

Te lo aseguro yo,

que en lugar de vista aguda

debo observar todo desde menos altura,

pero a diferencia de los demás.

gracias a que veo menos, ¡me fijo más!

Andrés Suárez Priede  -  6ºA - Curso 2009 / 2010

UN GUEPARDO NO GALLARDO

9 Febrero 2010
Publicado por Nacho en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

 - ¡Podría haber sido yo! - sollozaba el gordísimo guepardo.

- ¡Pero no lo has sido! - decía, severo el sabio mono - No todos consiguen triunfar en la vida. Además, aquí tienes una familia que te quiere, amigos, una bonita tienda…

- Pero ese era mi sueño… -justificaba el guepardo.

- ¡Además, cuánto más lejos estés de ese loco, mejor!

- ¡Mi sueño era convertirme en caballero! - exclamaba el guepardo - Creía que podía conseguirlo…

El sabio mono se agachó ante él.

- Y algún día lo conseguirás… Estoy seguro… Pero, has de trabajar duro. No todo se obtiene con chasquear las garras… Pero tú eres fuerte de corazón y pondrás todo tu empeño en conseguirlo, hasta tal punto, que algún día lo lograrás. Pero no olvides que hasta el gran leopardo tuvo un día que mancharse la piel para poder cazar…

El guepardo sonrió. Empezaba a animarse.

De pronto, agitaron una de las acacias que tapaban la entrada a la cueva donde ellos vivían. Pues habían instalado un grillo de unos quince centímetros en una de las acacias, de modo que, al agitar una de ellas, se despertaba y hacía “Cri-Cri” para avisar de que habían picado a la “puerta”.

Pero sigamos con nuestra historia:

Entonces entró una delgadísima y larguísima serpiente, que dijo a nuestros protagonistas:

- Buenos días, venía a por una nueva piel, ya que la última se me está empezando a deshacer…

- Oh, por supuesto, señora Ki-Natacha, ¡qué gusto verla por aquí! - la atendió el mono.

El mono y el guepardo se conocían hacía muchísimo tiempo. El mono había criado al guepardo desde bien pequeño, pero eso es otra historia. La cuestión es que eran verdaderos amigos y unos grandes socios. Ambos, habían fundado tiempo atrás una tienda de pieles de serpiente. Ellos eran los que las fabricaban…

- Estupendo… Saben que confío plenamente en ustedes. Las demás tiendas siempre me dicen que soy demasiado delgada y nunca encuentran pieles a mi medida. Dicen que las serpientes son delgadas, pero jamás tanto. No obstante, a mí siempre me ha gustado mucho mi aspecto.

- Excelente, e4xcelente, Señora Ki-Natacha. Sabe usted que nosotros siempre la hemos apreciado mucho…- dijo el mono, muy buen vendedor - En fin, ¡de qué color quiere la piel esta vez?

- Me ha gustado mucho tu color muchachito - dijo Ki-Natacha, dirigiéndose al guepardo, que ahora sonreía feliz - y creo que quiero una piel naranja, con motas negras, con forma de flores de la sabana. Creo que será una piel preciosa y todas mis amigas me la envidiarán.

- Muy bien, señora. Tendremos su piel lista para pasado mañana por la mañana. ¿le parece bien? - dijo el guepardo muy contento, empezando a hablar antes de que el mono dijera nada.

- Claro, señores, muy amables. ¡Muchas gracias! - les agradeció la señora Ki-Natacha.

- ¿Sabes? - dijo el guepardo cuando la serpiente se fue - Me he dado cuenta de que no me importa la fama, sino los amigos como Ki-Natacha y tú.

- Me alegro de que hayas entrado en razón - le dijo el mono.

- Cuando realizaron aquel concurso de “Mejor Caballero”, pensé que no me lo podía perder. Pero ahora me doy cuenta, de que hay cosas mucho más importantes que la fama - y abrazó al mono.

En ese momento se oyó un “Cri-Cri” y tres flemáticas hienas entraron en la cueva.

-¿Qué queréis? - exclamó el mono - ¡Esto es propiedad privada!

Una de las hienas sacó una hoja de arce del bolsillo de su traje y se la entregó al guepardo.

- Ten - dijo - Viene de Palacio, de parte de su Majestad del Reino de Wanyama. su Excelentísimo Nyamafu del Linaje Tumbusi.

- Oh, pues muchas gracias, señores, por habérnosla traído - dijo el mono cogiendo la carta de hoja de arce.

- Lo que tenías que hacer era arrodillarte. Porque, claro, para llevar una maldita carta, a nuestro señor rey no se le ocurrió más que encargárselo a los animales más altos y distinguidos del reino. Y henos aquí, en las Selvas Bajas de Wanyama… ¡Puaj! - dijo la hiena.

- Lo siento, nobles hienas, no era nuestra intención ofenderos y, ahora, por favor, idos - dijo el mono haciendo una reverencia de mala gana.

- Lo haré encantado, mono. Tengo tantas ganas de salir de este cuchitril - dijo al tiempo que se alejaba.

El mono tapó la entrada con las acacias.

-¿De Palacio? ¿Qué querrán? - se extrañó el mono - Se suponía que habías perdido las oposiciones… - dijo mirando al guepardo.

El mono abrió la carta y, leyó en voz alta, gesticulando mucho…

“Estimado señor Rahisi:

Nos consta que os presentasteis vos a las Oposiciones a “Mejor Caballero”.

Su excelentísimo soberano el rey Nyamafu, se complace al anunciar que no habíamos apreciado vuestra verdadera valía. Si de verdad…”

- ¡Esto es genial! - dijo el guepardo al tiempo que arrebataba la carta al mono. - ¡Sabía que reconocerían mi verdadero talento! - y olvidó todo lo que el mismo había dicho anteriormente. - ¡Ésta es una oportunidad única! ¡Seré caballero! ¡Hurra!

- Chico, por favor - El mono intentó calmarle y puso cara seria - Aquí hay guepardo encerrado, hazme caso… Quiero decir… - El guepardo lo miró con cara rara - ¡Esto me huele mal!

- ¡Tonterías! - dijo el guepardo sin escucharle. - Aquí pone… “Si de verdad queréis ser caballero, preséntese mañana al alba en Palacio” ¡Tengo que prepararme para ir a Palacio!

El palacio era un antiguo templo africano reconstruido por los animales, con ramas, árboles, follaje y hojas secas. El guepardo estaba fascinado; jamás en su vida había visto nada igual. Al llegar a palacio, el mono y el guepardo preguntaron por el rey, mostrando su cita a los guardias. Una liebre que parecía dormirse por las esquinas, les llevó hasta la Sala del Trono, el centro de aquel antiguo templo. El mono dejó a solas al guepardo, mientras éste se presentaba cortésmente al rey.

El rey Nyamafu III era un buitre, uno de los animales mas “reales”. Era más gordo incluso que nuestro protagonista. Tenía cara sonriente, de gordo bonachón.

- Bien, así que eres el joven aspirante a caballero, ¿eh? ¡Felicidades, amigo, tu habilidad nos ha impresionado!

- Con todos mis respetos, señor… éste… majestad, ¿no había acaso suspendido las oposiciones? ¿No había sido la ganadora aquella valiente gallina?

- ¡Jamás! - y soltó una carcajada, pero enseguida se calmó - Bueno, sí… Ganó aquella gallina, y también se hizo chef de palacio. ¡Menudos huevos fritos hacía ella! Pero… desgraciadamente… dejó de poner huevos… y tuve que buscarle otra utilidad - dijo sonriente, acariciando su barriga - Y después, sí, probé con aquel conejo, pero era demasiado calmado para ser caballero, y no me quedó otro remedio - dijo mientras, picaronamente, se daba unos golpecitos en la barriga - Y llegó aquel lobo, pero ni siquiera tenía olfato, así que… - y se volvió a mirar la barriga.

El tan extasiado guepardo, ingenuo de él, parecía no enterarse de nada.

- Y le tocó el turno, elegí a una cabra, que podía pegar muy buenos golpes, pero era tan razonable que me ponía de los nervios. ¡Ahhhg! Aún recuerdo el daño que me hicieron sus cuernos cuando me la tragaba. ¡Buaj! - y le sonaron las tripas - Así que no me quedó otra, tú eres el siguiente plato… Digo… ¡candidato! Yo te declararé caballero, joven Nené de los Rahisi, si consigues hacer lo que todo buen caballero debe saber hacer: ¡aprender a volar!

Al pequeño inocente guepardo no le importaba lo que le mandase; estaba decidido a convertirse en caballero.

El infame buitre continuó:

- Quiero que subas hasta la más alta almena de palacio y, desde allí, aprendas a volar. Tienes hasta el próximo anochecer, jo, jo. Y ahora, retírate.

Y, en cuanto se fue, el buitre susurró al oído del nuevo chef, un cerdito jabalí que, a pesar de serlo, estaba totalmente flaco y huesudo.

- Vete preparando la salsa, ja, ja, o tú serás el siguiente plato - dijo mientras se relamía.

El guepardo estaba en lo alto de palacio intentando saltar, pero el vértigo le podía. De pronto, apareció su amigo, el mono, y le dijo:

- Mira, no sé lo que te ha dicho, pero no me fío de él. Solo te digo que no hagas tonterías y deja de intentar saltar o lo que estés haciendo. Pero tú mismo has dicho que la fama no es lo más importante. ¿Por qué no vuelves a casa con tus amigos y familia? Yo no te puedo ayudar a ser caballero, pero sé que, si te esfuerzas, puedes llegar a ser un héroe. Confío en ti - y le sonrió - Espero que, cuando seas famoso, vengas a visitarme algún día - y, triste, pegó un brinco hasta la muralla y, de otro salto, se fue.

El guepardo se dio cuenta entonces de lo que estaba haciendo. A veces, el arrepentimiento hace que tu cabeza se llene de ideas luminosas y extraordinarias; y algo así fue lo que le pasó a Rahisi, el guepardo.

Quería librar al pueblo de Wanyama del terrible azote que sufría debido al malvado rey y a su crueles secuaces, las hienas.

Se acordó de las pieles semejantes a la de él que había encargado la señora Ki-Natacha. Así que fue a la tienda y cogió algunas de las que ya se habían fabricado, sin que nadie se enterase. Esperaba que la señora Ki-Natacha no se enfadara. Después, cogió algunas de las flores que el mono había recogido de muestra para las motas que ella quería en el vestido. Por último, cogió varias de las acacias que tapaban la entrada de la cueva y unos leños de madera con los que se calentaba el fuego.

Se le acababa de ocurrir una idea brillante.

Construiría un gran muñeco parecido a él. Con los leños de madera hizo el cuerpo. Con las pieles de la señora Ki-Natacha lo vistió. Después, utilizó las flores como ojos. Acto seguido, utilizó una de las acacias como rabo. Y, para terminar, cogió otra acacia, una de las más flexibles y altas que encontró, y la plantó firmemente en el suelo. Y, en su otro extremo, ató una liana bien trenzada y elástica a la que unió el muñeco.

Su plan era perfecto.

Entonces, muy astuto, fue a la Sala del Trono, donde el cocinero ya estaba mostrando su salsa, y dijo:

- ¡Majestad! ¡Majestad! ¡Ya estoy listo! ¡He aprendido a volar! ¡Corred a verlo!

El rey, relamiéndose, con una sonrisa en los labios, se levantó tranquilamente mientras decía:

- ¡Fantástico, muchacho, jo, jo, sabía que podrías!

El rey buitre esperó, apoyado en la pared de su templo, mientras la boca se le hacía agua.

El guepardo subió a la almena. Estaba decidido a acabar de una vez por todas con aquel villano.

Así que, cogió el muñeco y tiró de él hacia atrás, hasta que la acacia se hubo doblado y la liana estuvo bien tensada. Había llegado el momento. Se lo pensó dos veces antes de actuar, pero finalmente lo hizo. Entonces, soltó el muñeco, que salió disparado por los aires. El buitre, que lo vio caer y llevaba un buen rato esperando, se abalanzó sobre él. Solo le dio tiempo a decir:

-¿Pero, qué…?

Y es que no contaba con aquella trampa.

La acacia se desdobló y ambos fueron elevados por los aires, mientras el buitre soltaba gritos y alaridos de terror. Tal fue el salto que la liana se rompió y esa fue la última vez que se vio al excelentísimo rey Nyamafu III del linaje de los Tumbusi. La última vez que se le vio estaba desapareciendo por los aires.

Nadie sabe donde está, nadie sabe que ha sido de él.

Aunque muchos cuentan que su real figura aterrizó en uno de los árboles más robustos de todo Wanyama. Se dice que su figura quedó por siempre plasmada en ese robusto árbol de ese recóndito lugar de la jungla.

El pueblo se libró, por fin, de aquel tirano y ya no tuvo que sufrir más penurias. Convirtieron al guepardo en su héroe por haberles liberado.

El guepardo se convirtió, al fin, en caballero, pero con una importante lección bien aprendida: siempre se ha de trabajar duro.

Su labor como caballero fue totalmente noble, pues, además, siempre ayudaba a sus aldeanos en lo que hiciera falta, ganándose así su respeto y confianza. Pero todo esto sin separarse jamás de sus queridos amigos: el fiel y bondadoso mono y la señora Ki-Natacha.

Ah, y no nos olvidemos de la señora Ki-Natacha quién, aunque con algo de retraso, consiguió su amado abrigo de piel de guepardo. Aún así, ella se lo puso muy agradecida, encantada de poder llevarselo.

No te fíes de las apariencias, pues aquel que parece tonto, puede ser más listo que tú.

“Hasta el gran leopardo tuvo un día que mancharse para poder cazar”

Carlos Usano García   -   6º A   -   Curso 2009 / 2010-01-29

Mohamed, el salvador

4 Febrero 2010
Publicado por victorssov7l en: Cuentos, minicuentos y otras historias, Nuestro cuaderno de notas
enviar comentario

Había una vez un chico pobre de 19 años llamado Mohamed, que vivía en Irak, a 27 Km. de la capital.Todos los días le despertaban cañones, escopetas, ametralladoras y explosiones; el país estaba en guerra.

 A él no le gustaba la guerra, quería ser pacifista.

 Un día, Mohamed decidió que estaba harto de la guerra y se propuso ir a la capital, Bajdaj, donde estaban las bases del ejército.

 Al llegar fue directamente al palacio presidencial.

 Allí había dos guardias armados y Mohamed les preguntó:

 -¿Puedo entrar a hablar con el presidente?-

 -Veré lo que puedo hacer- dijo uno de los guardias.

 Mohamed estuvo charlando con el presidente y de pronto le dijo:

 -¿Cuál es el motivo de la guerra?-

 -Ahora que lo dices no estoy seguro-

 -Entonces no tiene sentido seguir con ella-

 Los dos se levantaron de repente, el presidente fue al megáfono y dijo:

 -¡Ciudadanos de Irak la guerra no tiene sentido! ¡Sois libres!-

 Y así Mohamed consiguió ser pacifista y la paz llegó a Irak.

 Fin