Fernando el Toro, un cuentu en llingua
6 05 2009La vida de Fernando el Toro, un personaje muy especial, asturianu
Categorías : Concurso Literario 2009, General
La vida de Fernando el Toro, un personaje muy especial, asturianu
¡Cómo me gustan los ordenadores! Sobre todo los juegos. Me parecen alucinantes. ¡Son tan reales!
Me llamo Daniela. Nada en mí es muy normal, la verdad; ni mi nombre, ni mi vida, ni la historia que os voy a contar.
Todo empezó un viernes. Invité a mis amigos a casa a jugar al ordenador y a merendar. No sé si he dicho todavía que yo para las nuevas tecnologías soy un poco negada. Estuve toda la tarde mirando como mis compañeros jugaban y se reían y disparaban y se partían de la risa. Pero a lo que vamos. Cuando terminó la tarde, mis amigos se fueron a casa y yo me quedé frente al ordenador. ¿Pasaría algo por probar un poco a ver como funciona lo de Internet? No lo pensé dos veces y me lancé, pese a que mis padres me repitieron mil veces que sola en casa no debía entrar en la red, por si tenía algún problema. Pero yo ya estaba allí. En el colegio, mis amigos no paraban de decirme que si el Messenger estaba muy bien, que no pasaba nada, que era seguro … y yo me lo creí. Entré y decidí hacerme uno. Al rato, ya estaba en el Chat: Danielita36. La gente empezó a hacerme unas preguntas un poco incómodas y me desconecté.
Tenía mucho miedo, porque aunque soy un poco irresponsable, no soy tonta; y le había dicho muchas cosas a Mateo15. ¡Qué mal! Tenía que hablar con mis padres, pero pensé que no tenía valor. Tras una noche sin poder dormir, decidí hablar con mi profesora de informática, Susana. Ella entendió mi problema y me recomendó una página; www.pormiseguridad.com. Cuando entré, vi muchos consejos: como huir de los correos Spam y como navegar de forma segura en Internet.
También hubo una cosa que me llamó la atención: había un guía que te llevaba por Internet. Cliqué ahí por pura curiosidad y me encontré con un pájaro dibujado. Me dijo: “te voy a enseñar los habitantes del ordenador” y me llevó a muchos sitios: al receptor de información, a los servidores, a las carpetas … También pasamos por una zona negra en la que revoloteaban los virus, dispuestos a incorporarse a cualquier descarga. Finalicé el recorrido. Estaba mucho más segura se mí misma y ya sabía como funcionaba esa máquina llamada ordenador. Al rato llegaron mis padres y me preguntaron qué había hecho.
Les dije:
- He estado dando un paseo por el ciberespacio. ¿Y vosotros qué tal?
Cuando enciendo mi ordenador, veo un mundo nuevo, lleno de color. Es muy entretenido, y creo saberlo todo sobre el … o no…
Una vez, vi en la pantalla una luz muy extraña, era triangular y pequeñita, no sabía lo que era, pero, de repente, se me abrió otra ventana, era la foto de un champiñón.
¡Qué raro era todo aquello! Después se amplió la imagen y descubrí más lucecitas, pero de diferentes colores, amarillas, azules, verdes…, escuché una voz…:
- ¡Hey, tú! ¿Qué te piensas? No sabes tanto de nosotros como crees, o acaso…¿Nunca te aburriste sentada en el ordenador?
- La verdad es que sí, pero… ¿A dónde quieres llegar con eso?- Le dije.
- A que, aunque no lo creas, es imposible aburrirse sentada ahí, mira esto y dame tu opinión- me dijo, lo que luego descubrí que era una lucecita verde-.
Luego, vi que aparecía una especie de programa… ¿Llena de champiñones! Vi cinco películas, jugué a diez juegos que nunca conocí, y un montón de cosas más. Cuando acabó, escuché otra voz:
- ¿Ves como no te puedes aburrir?- dijo una lucecita azul-.
Al rato, habló otra luz:
- Pero, si esto no se lo dices a tus amigos, el ordenador se pasará de moda y … ¡Desapareceremos! ¡Tienes que ayudarnos!
Les pregunté qué tenía que hacer, y una luz amarilla me contestó:
-Tienes que entregarles este CD a todos los amigos que puedas, se irán fabricando más, cógelos hasta que todos tus amigos tengan uno.
Y Así lo hice, yo, de recadera, pero mis amigos no se aburrieron nunca más (yo tampoco).
Poco a poco, fui descubriendo más cosas sobre estos “bichitos”, que se llamaban habitantes, pero de mi ordenador y el de todos los que tuvieron ese CD en sus manos.
Y colorín colorado, habitante, mi ordenador, y habitante mi cabeza, este cuento se ha acabado.