“Los habitantes del mio ordenador”, por Elisa Pis Vigil, accésit de 6º en llingua asturiana (C.P. “Asturias”)

23 04 2009

Había una vegada un rapacín llamáu Xulián que-y prestaba muncho l’ordenador. El que más y gustaba yera un xuegu nel qu’él yera’l rei d’una ciudá grandísima y tenía de too: cines, parques, chigres, colexios. Él podía facer daqué: xugar, danciar, canciar, montar en bici…; pero Xulián yera mui mal rei: nun atendía a los enfermos, ponía los precios carísimos, nun daba un res a los probes…

Una nueche, Xulián dexó l’ordenador prendíu y toos los habitantes escapáronse del xuegu, pel ordenador y pel cuartu de Xulián. Y fuéronse.

Xulián entró nel xuegu al día siguiente, y al ver que nun había naide, entrugó:

-¿Ónde tan los habitantes de la mio ciudá?

Y al non ver a naide púnxose a catalos per toles partes.

Buscó por tolos llaos: pela casa, pel xardín, pel pordenador…pero nun alcontró a naide. Lluéu volvió a entrar nel xuegu y alcontróse a una neña pequeñina que-y dixo:

-Colaron toos poque yes mui malu con ellos.

-¿Qué pueo facer pa que tornen?, entrugo-y Xulián.

-Siendo buena persona y meyor rei, ayudando a toos.

-¿Y cómo sabrán que ya soi buenu?, volvió a entrugar Xulián.

-Ellos vienen cada nueche; así danse cuenta de que ya yes buenu, respondió Xulián.

-Gracies

-De ná- dixo la rapacina.

-Gracies de ná, repitió Xulián.

Entós Xulián iguó la ciudá, dio dinero a los probes, y camudó el preciu’l dinero.

Y asina fue como Xulián aprendió a ser bona persona.

¡Ah!. Escaecióseme, que me regaló el so ordenador y agora yo curio la ciudá y soi la reina, aunque Xulián sigue siendo el rei, un rei bonu

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“Los habitantes de mi ordenador” Primer premio del concurso literario por Sául Sánchez Valledor, 5º nivel (C.P. “Asturias”)

23 04 2009

Bueno, yo empiezo la historia en un día en el que estaba con mi ordenador nevo, ya que el anterior había tenido mejores días. Mi ordenador nuevo era un poco raro por distintos motivos: en lugar de computadora tenía una esfera brillante de color rojo y a veces hacía ruidos extraños, una vez hizo un ruido…un ruido muy parecido al de una frase pero sin sentido: “Ayuda, esfera contaminada roja está”.

El ordenador, a los tres meses de la frase sin sentido empezó a hacer un proceso antivirus. Yo le dije esto a mi padre:

-Este ordenador no sirve ara nada, lleva con ese proceso nada más y nada menos que dos días!

-No te alteres, hijo -me cortó tajante mi padre-, cómo se nota que no sabes todo lo que tiene que hacer un ordenador para librarse de un virus.

Yo no le hice caso y seguí enfadado. Cuando fui a la cama le dije al ordenador:

-¡Pero cómo eres tan lento!¡yo ya habría solucionado el problema!

Entonces la esfera rojo de unos veinte centímetros pasó de repente a medir dos metros y me absorbió.

Lo único que veía eran ceros y unos de color verde en un fondo negro, y yo desplazándome a toda velocidad hacia una luz blanca.

Entré en la luz y vi de muchísimos colores un mundo inmenso habitado por luces verdes, rojas, azules y muchísimos colores más.

Una luz rasa se me acercó y me dijo: 

-Tú eres el niño que nos llamó lentos y que dijo que podría salvarnos del virus. Te llevaré al castillo.Y los mismos números verdes de antes me llevaron al castillo y allí una luz dorada me fue explicando todas las luces, lo que hacían pero yo dejé de escucharlo en la decimoquinta luz. Al acabar dijo:

-Si eres quien dices ser, destruirás al virus.

-¿Dónde está? -le pregunté- ¿Está muy lejos?, dije intentando escabullirme.

-No, a dos “glick”

-¿Qué es un glick?-pregunté-

 Y¡bum!, ya me encontraba en medio de una batalla descomunal entre luces azules y sombras negras que aplastaban a las luces como si nada.

-¡Defended la entrada a la esfera!, si entran habremos muerto todos.

Y cuando le iba a preguntar por qué se me acercó una sombra y me dijo:

-Ahora voy a por ti, pero una luz me empujó, y mientras me empujaba, dijo que tenía que salvarnos.

Me desperté y estaba en mi cuarto. Empecé a bajar las escaleras escopeteado, fui a la tienda de nformática y compré un antivirus nuevo, lo compré (y todo esto en diez minutos).

Cuando llegué a casa, la luz era muy tenue y me di cuenta de cómo podría conectar el antivirus sin computadora, tiré el antivirus a la esfera, que se lo tragó. La esfera al instante se volvió azul y el proceso de antivirus se había acabado de golpe.

Y bueno, así es como mi ordenador sobrevivió y podía decir frases claras como:

-¡Buenos días!. ¿Me echas un poco de aceite a las tuercas?

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“Los habitantes de mi rodenador” accesit del concurso literario por Carmen López Muñiz, 5º nivel (Colegio Virgen Reina)

23 04 2009

Les voy a contar una historia que no creo que conozcan.

Hace ya unos años, a un niño llamado Samuel, al que le gustaban mucho los ordenadores, se le ocurrió la original idea de pedir por su cumpleaños un deseo no muy habitual. Pidió que en su ordenador hubiera habitantes, lo cual, a él le parecía muy normal, pues era un niño imaginativo y fantástico.

Un día al terminar los deberes decidió encender el ordenador para comprobar si su deseo se había hecho realidad. Salió un momento de su habitación y, al volver vio que en la pantalla había algo raro.

Él se fue acercando poco a poco hasta que al llegar vio un extraño personaje de color verde…¡Comiéndose una manzana!.

Samuel se apresuró a cerrar la puerta, pues no quería que su madre lo viera.

Al volver de cerrar la puerta se encontró con unos diez personajes más como aquél.

Samuel se tranquilizó, tomó aire y dijo:

-Hola-con voz temblorosa- me llamo Samuel. Todos se apresuraron a contestar:

-Hola Samuel.

Él se sorprendió mucho y continuó haciéndoles preguntas hasta que su madre le llamó para cenar.

Y así Samuel se pasaba horas y horas al día después de terminar los deberes, se sentaba frente al ordenador, esperando a aquéllos personajes. Samuel comprobó así que todos pueden ser buienos amigos, hasta unos insignificantes personajes de ordenador. Nnca nadie supo de la existencia de aquellos personajes, ni siquiera sus mejores amigos.

 Samuel comprobó así dos lecciones: una, que todos pueden ser buenos amigos, y dos, que todos los deseos, hasta los más raros, pueden hacerse realidad.

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