Riña de Gatos. Eduardo Mendoza

20 01 2011
Riña de Gatos. Madrid 1936
Eduardo Mendoza
Premio Planeta 2010.

Un inglés llamado Anthony Whitelands llega a bordo de un tren al Madrid convulso de la primavera de 1936. Deberá autenticar un cuadro desconocido, perteneciente a un amigo de José Antonio Primo de Rivera, cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político crucial en la historia de España. Turbulentos amores con mujeres de distintas clases sociales distraen al crítico de arte sin darle tiempo a calibrar cómo se van multiplicando sus perseguidores: policías, diplomáticos, políticos y espías, en una atmósfera de conspiración y de algarada.

(fuente: http://www.lecturalia.com/libro/53443/rina-de-gatos-madrid-1936)

Está muy bien, créanme la recomiendo vivamente. Es entretenida, emocionante, original y por momentos muy divertida: Eduardo Mendoza en estado puro.

El otro día me comentaba un conocido que se dedica al asunto este de la literatura que la cosa debía andar muy mal cuando el mismísimo Eduardo Mendoza se metía en esto del Planeta.

La literatura de la más inmediata posguerra comenzó a desarrollarse de la mano de nuevas revistas y editoriales (entre ellas Planeta).  Rápidamente los editores se dieron cuenta de que una buena forma de publicitar las obras y buscar lectores era la creación de un premio con el consiguiente tirón que el formato de concurso que promociona figuras emergentes podía traer (una especie de Operación Triunfo literaria). Entre estos premios destacó el Planeta, que en la actualidad es el de mayor dotación económica de cuantos se convocan, incluido el Nóbel.

Al mismo tiempo que este concurso se popularizaba y suponía un éxito de ventas seguro para el finalista y el ganador, comenzaron a surgir críticas: que si todo responde a encargos de la editorial a autores concretos, que si fulanito, que firma el libro, no fue quien lo escribió, que si ya se sabía antes de que el jurado se reuniera quién iba a ser el ganador, que si todo es un amaño, que si los buenos escritores pasan de esto de los premios…

Servidor, estudiante de Literatura, desde esa soberbia intelectual que dan los pocos años, rápidamente se puso de parte de los críticos y bastaba con que una novela fuese premiada para que yo ya no la leyera.

Pero este año me encuentro con que Eduardo Mendoza gana el Planeta. ¿Qué hago? El Planeta será lo que se quiera, pero Eduardo Mendoza es Eduardo Mendoza.

Este novelista comenzó su carrera literaria con más de treinta años, algo tardíamente. En 1975 estábamos en plena efervescencia de la narrativa experimental. Los argumentos, la trama, carecían de importancia. Lo trascendente era lo formal: novelas sin capítulos, novelas poemáticas, el collage, novelas sin signos de puntuación, capítulos desarrollados no por un texto normal sino por un esquema, los monólogos interiores, los flash back… Uno sabía que si se decidía a leer algo moderno podía encontrarse con cualquier cosa. Y en estas surge un escritor nuevo con una obra que sorprendió: La verdad sobre el caso Savolta. Con ella se recupera algo que ya se daba por muerto; se vuelve a la historia, al placer de contar. El lector vuelve a disfrutar con el argumento, con las tramas, con la intriga, con el suspense. Mucho se podría decir sobre La verdad sobre el caso Savolta; pero lo que nos trae por aquí es otra cosa: el Premio Planeta 2010.

Riña de Gatos. Madrid 1936 representa una vuelta a los logros de su primera novela. Podemos encontrar en ella trazas de relato policiaco, de novela histórica o pseudohistórica, de novela de espionaje e incluso de folletín. Riña de Gatos es como La verdad una novela de argumento; no vaya el lector buscando personajes, conflictos emocionales, evolución psicológica ni nada por el estilo, no son estas las formas que suele ofrecernos Mendoza. Riña de Gatos es una novela de acción, con un ritmo trepidante (las páginas finales son antológicas), es una novela de enredos, de sorpresas, de intrigas y con momentos de innegable humor.

Pese a desarrollarse en una época que ha dado innumerables argumentos novelescos (la Guerra Civil), Riña de Gatos es muy original. El conflicto español y el marco histórico no son más que un pretexto para contarnos la historia de un inglés experto en Velázquez metido en una trama  de contrabando de obras de arte que se le escapa de las manos. Todo sucede en un Madrid tabernario de tintorro, broncas y con olor a cocido y bocadillos de calamares; uno de los fuertes de Mendoza es la ambientación urbana, y lo que consiguió en otras obras anteriores con Barcelona, lo aplica en esta ocasión a Madrid, ciudad que retrata con eficacia e indudable cariño: calles y plazas, barrios populares, hoteles de lujo y hoteluchos de tres al cuarto, calabozos y palacetes de señores, museos, iglesias o cabarets; todos los ambientes están en esta novela.

Por el medio de esta trama circulan personajes de ficción de toda índole: marqueses, adolescentes enamoradizas, curas que no respetan el secreto de confesión, el típico policía sabueso, prostitutas adolescentes con hijos no deseados, ministros, diplomáticos, espías, jovencitas desengañadas metiéndose a monjas… Pero lo original es la inclusión de personajes históricos reales. Trufados en la ficción, nos encontramos con un José Antonio Primo de Rivera aventurero, seductor, y juerguista; con Azaña; con Franco, Queipo de Llano y Mola haciendo pesquisas en una casa como si de personajes de una novela de Agatha Christie se tratara, y, en el paroxismo final, al mismísimo Niceto Alcalá Zamora desempeñando su papel de caballero andaluz del XIX que se reencuentra con su juventud. Al igual que Madrid, casi todos los personajes históricos también están tratados con cariño, uno tiene la impresión de que no hubiera hecho falta haber acabado a tiros en una guerra. Tanto Primo de Rivera como Azaña se ganan la simpatía del lector; no así los tres militares golpistas, única excepción de lo dicho; pero sobre esto no voy a decir más, no quiero destripar la obra.Una novela altamente recomendable (valga el anglicismo), Eduardo Mendoza vuelve a hacer una de las suyas. Una gran demostración de su maestría narrativa, de su dominio del ritmo y de los tiempos a la hora de ir contándonos lo que ocurre. Hay que leerla, ¿eh?

Alberto Sánchez Prado

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