“La voz dormida” de Benito Zambrano

14 11 2011

Benito Zambrano nos tenía acostumbrados a que las mujeres tuvieran que arreglárselas solas, sin contar con unos maridos o unos padres o unos hermanos que no las tenían en cuenta para nada y a los que les importaban bien poco sus ideas, sus intereses o sus proyectos. En Solas, su primer largometraje y su película más conocida, las mujeres no pueden contar con ellos y tienen que aprender a encontrar otra manera de vivir confiando en sí mismas y ayudándose unas a otras. Así descubren que pueden quererse, aprender unas de otras, admirarse las unas de las otras, y que están bien juntas. Eso no significa que se aparten de los hombres, pero de alguna manera solo se pueden relacionar con ellos, con algunos de entre ellos, cuando han aprendido a valorarse a sí mismas y a tomar sus propias decisiones. Cuando han descubierto su propio orgullo y su propia fortaleza.

En La voz dormida la forma de valorarse a sí mismas y de ayudarse las unas a las otras consiste, mayormente, en pertenecer al Partido Comunista. Se trata de una forma de solidaridad política en la que las mujeres se consideran iguales a los hombres luchando por una causa común. Pero en los años de la Victoria esa forma de solidaridad entraña un grave peligro. El bando vencedor considera a estas mujeres doblemente traidoras: a su Patria y al papel que, según ellos, les correspondía ocupar como mujeres. La película, basada en la novela homónima de Dulce Chacón, retrata la vida en la prisión de un grupo de estas mujeres que, en medio de las condiciones más inhumanas, son capaces de seguir aprendiendo, de organizar acciones políticas, de conservar el contacto con el exterior, de apoyarse unas a otras; en definitiva, de seguir siendo fuertes, de seguir resistiendo sin abandonar sus principios. Y, en medio de estas condiciones miserables, aún saben cultivar la amistad, cantar, reír o cuidar de sus críos. La voz dormida es un homenaje a las mujeres que tuvieron que resistir estas condiciones tan duras sin renunciar a sí mismas hasta que la Victoria se terminó. Es un homenaje a la fortaleza y al carácter.

Si comparamos estas dos películas vemos que, desgraciadamente, la sociedad española no ha cambiado tanto en los años que median entre una y otra acción. Dejando aparte el contexto político y la historia concreta que narra cada una, encontramos un fondo común que está, tal vez, más claro en Solas pero que se conserva en La voz dormida y que podría enunciarse diciendo que la emancipación de las mujeres aún sigue pendiente.

La película termina con unas palabras que Antonio Machado escribió antes de huir a Francia:

“Para los estrategas, para los políticos, para los historiadores, todo está claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente, no estoy tan seguro… Quizá la hemos ganado.”

O quizá, querido don Antonio, a la vista de lo que sabemos de la actualidad y volviendo al argumento de Solas, en algunos aspectos todavía nos hace mucha falta ganarla.

Soledad García Ferrer

Fragmento de “La voz dormida”

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