EL POETA SUECO TOMAS TRANSTRÖMER, PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2011

8 10 2011

37 años  después de que el novelista sueco Eyvind Johnson ganara el Nobel de Literatura, el 6 de octubre de 2011, su compatriota Tomas Tranströmer ha tomado el relevo.  Nacido en Estocolmo en 1931, es reconocido en su país natal como uno de los mejores poetas del momento. Traductor, psicólogo de profesión (trabajó durante 6 años en la prisión juvenil de Rotxuna, en el sur de Suecia) y músico “ Durante mi adolescencia creía que la música sería mi profesión”, escribió su primera obra en 1954 “17 poemas”.       

En 1990 sufrió un ictus que le paralizó la parte derecha de su cuerpo y le provocó una afasia que le impide hablar; aún sigue escribiendo y tocando el piano.   Ha sido  traducido a más de cuarenta idiomas y galardonado con importantes premios internacionales.

Entre su obra traducida al castellano destaca: «Postales negras»

«El bosque en otoño»

«Para vivos y muertos»

«Góndola fúnebre»

«29 haikus y otros poemas = 29 haiku och andra dieter»

«El cielo a medio hacer»  

A continuación os mostramos un poema de su antología: “El cielo a medio hacer”.    

CONTEXTO 

MIRA el árbol gris.

Fluyó el cielopor sus fibras hasta la tierra

—una nube arrugada solo queda

cuando bebió la tierra. Espacio

robado se retuerce en trenza de raíces,

se trama en verdor. Breves instantes

de libertad se alzan de nosotros, remolinean

por la sangre de las Parcas y aún más allá.



Una pequeña historia antes del brindis del Nobel

11 12 2010

MARIO VARGAS LLOSA

vargas-llosa.jpgSoy un contador de historias y, por lo tanto, antes de proponerles un brindis, voy a contarles una historia.

Érase una vez un niño que a los cinco años aprendió a leer. Eso le cambió la vida. Gracias a los libros de aventuras que leía, descubrió una manera de escapar de la pobre casa, del pobre país y de la pobre realidad en que vivía, y de trasladarse a lugares maravillosos, espléndidos, con seres bellísimos y cosas sorprendentes donde cada día, cada noche, significaba una manera más intensa, aventurera y novedosa de gozar.

Gozaba tanto leyendo historias que, un día, este niño, que ya era un joven, se dedicó también a inventarlas y escribirlas. Lo hacía con dificultad pero, al mismo tiempo, con felicidad y gozando cuando escribía tanto como cuando leía.

Sin embargo, el personaje de mi historia era muy consciente de que una cosa era el mundo de la realidad y otra, muy distinta, el mundo del sueño y la literatura y que éste ultimo sólo existía cuando él leía y escribía. El resto de tiempo, se eclipsaba.

Hasta que en un amanecer neoyorquino el protagonista de mi cuento recibió una sorpresiva llamada en la que un señor de apellido impronunciable le anunció que había recibido un premio y que tendría que ir a recibirlo a una ciudad llamada Estocolmo, capital de un país llamado Suecia (o algo así).

Mi personaje comenzó entonces, maravillado, a vivir, en la vida real, una de esas experiencias que, hasta entonces, sólo existían para él en el dominio ideal e irreal de la literatura. Todavía sigue allí, desconcertado, sin saber si sueña o está despierto, si aquello que vive lo vive de verdad o de mentiras, si esto que le pasa es la vida o es la literatura, porque los límites entre ambas parecen haberse eclipsado por completo.

Queridos amigos, ahora ya puedo proponerles el brindis prometido.

Brindemos por Suecia, ese curioso país que parece haber conseguido, para ciertos privilegiados, el milagro de que la vida sea literatura y la literatura vida.

¡Salud y muchas gracias!