17 Diciembre 2014

recomendaciones

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 2:31 h.

Desde el equipo de biblioteca y en colaboración con el alumnado del Centro os hacemos estas sugerencias de lecturas por edades.

 

16 Diciembre 2014

il n´est rose sans epine

Publicado en Recomendaciones, el escritor por franciscru a las 10:09 h.

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La emoción de rememorar gestas extrardinarias sólo es comparable con la dimensión trágica de la travesía en cuestión, vivida al límite por sus protagonistas. Ya habíamos hablado aquí del libro de Marco Polo redactado por un tal Rustichello de Pissa, una obra que había inspirado al mismísimo Colón. Pues bien: la aventura de Hernando de Magallanes en su expedición a Las Molucas no fue hazaña menor, y determinó la primera circunvalación al globo terráqueo, aunque el promotor de la expedición, como la gran mayoría de sus tripulaciones, no viviera para contarla. El que sí superó todos los avatares hasta el final fue Antonio Pigafetta, un escritor que buscó (y halló) el escenario de una magnífica odisea, relatándola en forma de diario en el que fue anotando día a día, a lo largo de casi tres años, las novedades de un viaje plagado de penurias, deserciones, resentimientos, traiciones, astucias, equivocaciones y bravuconadas, y que más tarde se conocería como Primer viaje alrededor del mundo. En esta narración queda bien patente la controvertida personalidad de Magallanes, un comandante muy devoto con una fe inquebrantable en el objetivo, que no dudaba a la hora de imponer la autoridad que el rey Carlos I le había conferido. Su desgraciado final en las Filipinas fue un error de cálculo, una sobredimensionada percepción de sus ya escasas energías guerreras. Abatido por los indígenas, se privó a sí mismo de parte de la gloria que le esperaba en una metrópoli que no era la suya (como bien se sabe, Magallanes era portugués) y del reconocimiento histórico de la primera vuelta al orbe que, en parte, le arrebató su segundo, Juan Sebastián Elcano. Al final, la nueva ruta hacia el país de las especias se tornó poco viable comercialmente, y la disputa por las exóticas tierras de la nuez moscada se prolongaron durante siglos. Pero Magallanes dejó su impronta en el estrecho que lleva su nombre y en el gigantesco océano que él percibiera como vacío y calmo, al que bautizara como Pacífico. Así lo vio y lo relató Pigafetta, en cuyo noble blasón figuraba premonitoriamente la divisa “il n´est rose sans epine”.

Luego que hubo amanecido, mandó Magallanes a tierra el cadáver de Mendoza y lo hizo descuartizar, pregonándolo por traidor, ahorcó a Gaspar de Quesada y lo descuartizó con igual pregón, por mano de Luis de Molino, su cómplice y criado; sentenciado a quedar desterrado en aquella tierra Juan de Cartagena y á un clérigo, su confidente. Acto de ferocidad disculpable porque las circunstancias lo hacían necesario; sin él, la anarquía hubiera destruido la expedición y acabado con la vida de su caudillo.

10 Diciembre 2014

mr. morris lessmore

Publicado en De cine por franciscru a las 3:04 h.

¿Será una percepción particular nuestra o este señor Lessmore tiene un aire como de Buster Keaton? El personaje más logrado es el libro-huevo de Humpty Dumpty, compañero fiel hasta el final del simpático bibliotecario. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore es un corto dirigido por William Joyce y Brandon Oldenburg que ganó un Óscar en 2012 en la categoría de mejor cortometraje animado. El filme, según sus autores, está inspirado por el huracán Katrina, el mago de Oz y el amor por los libros. Para su realización se emplearon diversos estilos de animación, incluidos el stop motion (se puede admirar un notable ejemplo más abajo), las imágenes generadas por computadora y la animación tradicional. La idea original era que el cortometraje tuviera una duración máxima de siete minutos, pero los artistas se dieron cuenta que no podían disminuirlo a menos de quince minutos sin “perder todo su impacto emocional”.

4 Diciembre 2014

ars moriendi

Publicado en biblioteca virtual, escribiendo por escribir, vale más que las pesetas por franciscru a las 2:47 h.

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La presencia de la muerte fue una constante a fines de la Edad Media. Las malas condiciones de vida en el campo, las guerras y la peste, unidas a la fuerte religiosidad y la superchería otorgaban a la muerte un significado muy distinto al que tiene hoy en día. Abandonar “el valle de lágrimas” de este mundo no era un castigo, sino un designio divino que abría las puertas hacia un merecido descanso eterno a todo tren. Eso sí: demostrando méritos terrenales contrastados, que pasaban por evitar todo aquello que podría proporcionar un poco de desahogo para cualquier martirizada alma del momento. En este contexto, el Ars moriendi es “una especie de guía destinada a mostrar las prácticas, los rezos y las actitudes que debían adoptar el enfermo, sus familiares y el sacerdote llamado para atender espiritualmente al moribundo“. El libro resultaba muy útil porque aleccionaba sobre los cuidados del espíritu ante la inminencia del óbito, una especie de “hágalo usted mismo” en un momento en que las filas del clero habían sido fuertemente diezmadas por las epidemias. El libro nació para satisfacer las dudas de moribundos y allegados, que se aprendían de memoria cómo combatir las postreras tentaciones: dudar de la fe; la desesperación por miedo a la justicia divina; la vanagloria, o complacerse en exceso por las buenas obras realizadas; la impaciencia, producto de los dolores y el sufrimiento de la agonía; y la avaricia, entendida como el apego hacia todos los bienes terrenales. Cada una de ellas es descrita de forma terrorífica, porque son incitadas por los demonios, al acecho siempre que se trata de aprovecharse de las humanas debilidades. Las distintas versiones del Ars moriendi fueron un verdadero superventas, tan solo superadas por los libros de Horas. Había versiones largas y cortas, éstas últimas para facilitar la lectura y asimilación del contenido. La que presentamos hoy aquí es de éstas últimas: circuló a mediados del siglo XV y está iluminada con once preciosos dibujos de lo más sugerentes.

Cualquier que quiere de dessea bien morir, considere diligentemente las cosas contenidas en este libro, e conseguirá grand ayuda, e utilidad para se defender de las temptaciones del diablo, e alcanzar la gloria del paraíso, la qual nos quiera otorgar Dios en todo poderoso.

Consulta del tomo de ARS MORIENDI

2 Diciembre 2014

a qué huelen los libros

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 7:34 h.

Todos estamos de acuerdo en que nuestra vida se acabará algún día. Es una certeza universal e inmutable. Y que nuestros átomos, que en tiempos formaron parte de las estrellas, regresarán a sus orígenes para seguir formando parte del todo cósmico… Ele la metafísica. Esa misma naturaleza perecedera es la que amenaza nuestras posesiones más preciadas, incluidos los libros. Con ellos compartimos su naturaleza orgánica así como la tendencia al envejecimiento y deterioro. Los roedores, la temperatura, los insectos, la humedad… serán los que finalmente contribuyan a degradar cualquier biblioteca hasta convertirla en polvo y en nada. Y con ella, el empeño de toda una existencia por coleccionar las obras que marcaron los pequeños hitos que jalonan la vida intelectual de cada cual: las lecturas escolares, los libros que nos recomendó el abuelo, las primeras adquisiciones de segunda mano, los regalos, la herencia de algunos volúmenes muy queridos por alguien, las compras universitarias, los caprichos de un verano…  La biblioteca de la Casa de Alba cuenta con dieciocho mil volúmenes, con un censo de joyas bibliográficas que atesoran un buen número de historias alrededor de sí mismas. Esta es una de las centenas de bibliotecas públicas o privadas que esconden tesoros que la mayoría de los mortales nunca podremos admirar, soportes que han contribuido a forjar la historia y la evolución de la humanidad, que dan cuenta de la inagotable creatividad de nuestra especie. Pero como ocurrió con la biblioteca de los Alba al principio de la Guerra Civil, ningún fondo está a salvo del desastre, la rapiña, la desidia o la negligencia, por mucho que se mejoren las instalaciones, la seguridad o el acomodo de los libros. Muchas instituciones están digitalizando sus fondos para preservar este legado y ofrecer a los amantes de los libros a secas la oportunidad de leer y admirar también esa dimensión artística de la edición, restringiendo el acceso físico a los llamados investigadores acreditados. Suponemos que este es el precio que hay que pagar por preservar estas joyas que, sin embargo, tarde o temprano terminarán volviendo al polvo como las mascotas, los automóviles, los palacios, las duquesas o las secoyas.

21 Noviembre 2014

la tabla periódica, la literatura y la vida

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir por franciscru a las 8:21 h.

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La Tabla Periódica de los elementos representa el orden natural, la armonía de la materia. Más allá de la apariencia, el reino de lo muy pequeño se muestra tan enigmático como el oscuro y vacío Universo de galaxias y estrellas que tan solo podemos intuir a través de esa ventanita diminuta que llamamos cielo. Sin embargo, hemos podido establecer de que están hechas las cosas y las leyes que determinan las distintas combinaciones, lo que ha proporcionado al género humano un inmenso poder para transformar su entorno y obrar en provecho de unos intereses en ocasiones poco claros. La engañosa simplicidad de la tabla de Mendeleiev es uno de sus atractivos, y por eso su elegante arquitectura ha inspirado a otros para crear sus particulares clasificaciones “periódicas”, con sus propios números, colores y símbolos, aunque no tan rigurosas e incontestables. De entre ellas, nos ha llamado la atención esta Periodic Table of world literature, un ejercicio anglosajón que agrupa a los escritores más influyentes de la historia, y en el que comparten grupo Charles Baudelaire (Ba) con Bob Marley (Bo), por ejemplo; o Dostoiesky (Fd) y J. K. Rowling (Jk). Quizá entre el Hidrógeno (H) y el Praseodimio (Pr) no haya tanta diferencia como entre cada uno de estos pares, eso suponiendo que todos pertenezcan a la misma entidad química que podríamos denominar literatura. Otra conocida tabla periódica es la del siempre interesante Primo Levi, una obra dividida en veintiún capítulos dedicados a distintos elementos y donde esboza historias en las que la química (las profesión del autor) y sus experiencias en los campos de concentración nazis se funden en un relato apasionante, incluso para los que no tienen idea de lo que es el número atómico o la teoría de los orbitales moleculares. Ni falta que hace. En el capítulo dedicado al Vanadio (V), una partida de barniz defectuoso propicia el contacto con un antiguo carcelero que pretende limpiar su mala conciencia…

¿Qué hacer? El personaje Müller se había entpuppt, había salido de la crisálida, se perfilaba nítido, bajo los focos. Ni infame, ni heroico. Dejando aparte la retórica y las mentiras de mejor o peor fe, lo que quedaba era un ejemplar humano típicamente gris, uno de los no escasos tuertos en tierra de ciegos. Me hacía un honor que no merecía al atribuirme la virtud de amar a mis enemigos. No, a pesar de los lejanos privilegios que me deparó su trato, y aun cuando no hubiera sido un enemigo mío en el estricto sentido del término, no era capaz de amarlo. Ni lo amaba, ni tenía ganas de verlo. Y sin embargo me despertaba un conato de respeto; ser tuerto no debe resultar cómodo. No era un cobarde ni un sordo ni un cínico, no se había adaptado, estaba ajustando cuentas con el pasado y las cuentas no le salían; se esforzaba por hacerlas coincidir, aunque fuera haciendo algunas trampas.

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3 Noviembre 2014

nos vemos allá arriba

Publicado en Naturalmente leyendo por franciscru a las 11:07 h.

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Las grandes epopeyas bélicas solo son eso, epopeyas, para los que no las han vivido, para los bardos que cantan las gestas, para los mariscales que mueven sus peones sobre una mesa de roble, para los políticos que acuñan las más altas y las más bajas condecoraciones… para las madres que buscan consuelo en el heroísmo agujereado por la metralla. Sin embargo, los muertos tienen otro punto de vista: vacíos de sangre, pierden lastre y se elevan muy por encima del limbo de bronce y mármol en el que se evocarán sus gestos. Solo así pueden descansar en paz, justo anhelo para los desdichados que se han visto arrastrados a morir sin ella. Albert Maillard falleció enterrado en el agujero que había perforado un obús. Justamente en ese punto arranca la novela Nos vemos allá arriba de Pierre Lemaitre. De las (des)venturas de este soldado y de su “alter ego” Édouard Péricourt extraemos no pocas nociones de la naturaleza humana, que pasan por la solidaridad, el rencor, la ambición, el poder y la avaricia, entre otras estaciones intermedias de parada obligada. ¿Qúe hace una nación con millones de muertos? Enterrarlos y rendirles memoria. Una labor lucrativa que no se libra de una aparatosa corrupción y del tráfico ilícito de los sentimientos más arraigados a la condición humana. La novela es ágil he incorpora elementos narrativos muy notables, sobre todo en los primeros capítulos. Nos vemos allá arriba es una ilustración grotesca de la posguerra y de la agonía de los supervivientes.

30 Octubre 2014

en el frente ruso

Publicado en Naturalmente leyendo, Recomendaciones por franciscru a las 21:04 h.

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El odio, por un trágico engaño, perpetúa los males de los que nace. Con esta contundente sentencia Bertrand Russell alude a los conflictos bélicos y al combustible que los alienta. La guerra se sostiene sobre odios diseñados para obtener la adhesión de la masa y elevar la moral de la tropa. Los soldados de la División Azul formaban parte del extraordinario contingente alemán que Adolf Hitler envió para sojuzgar la roja Rusia Soviética. La participación española en la segunda guerra mundial fue el fruto de una colaboración a medias entre dos autócratas que se hacían favores interesados, acuciados por el miedo y a desconfianza. Franco se las apañó para reclutar unos miles de “voluntarios” entre las ascuas todavía calientes de una España en llamas: fanáticos, fascistas, aventureros; pero también opositores políticos, analfabetos y represaliados a medio fusilar que habían tenido que elegir entre una bala cierta en casa y una incierta en algún lugar remoto muy al este de Europa. Todos ellos a la espera de que el odio nazi alimentara lo que se prometía una gloriosa batalla contra el comunismo.  En La pantasma de los relós qu´atrasen, novela en asturiano del amigo Rubén Sánchez, se analiza con bisturí forense el largo camino de ida y vuelta (en el caso de los más afortunados) de unos hombres atrapados entre odios apócrifos, consignas prusianas y ambiciones totalitarias, figurantes de opereta en un dramón wagneriano con trágico final. El protagonista desemboca en el cauce de una corriente que lo arrastra consigo sin pausa ni sosiego, pero a la que también debe una forzada asunción a la dignidad de héroe, curioso salvoconducto para alguien que lo único que anhela es vivir en paz en su propio terruño. El relato está impecablemente documentado para que el lector no pierda en la ficción el hilo conductor de la historia. Una bonita revisión de la terrible guerra mundial desde el punto de vista de un “voluntario” involuntario, con el recuerdo puesto en los miles de españoles inocentes que sufrieron la represión y el exilio tras la Guerra Civil.

Alcuérdome d´un sarxentu que se clavare la bayoneta en vientre, santiguándose mientres abarquinaba y esvocesaba. Desplomóse faciendo la señal de la cruz.  Tres fíos n´España perdíen un padre mientres la guerra siguía. D´ehí aprendí qu´un home, enantes d´aforcase o de pegase un tiru na sien, cola memoria llanza una mirada perdida y muria´l paixase de la niñez, al llugar onde creció, imaxinando que ye un neñu y que so ma vien abrazalu y garralu en cuellu p´achuchalu. ¡A la hora de poner el puntu final na novela de la vida d´un, volvemos a ser neños!

7 Octubre 2014

el poder de la lectura

Publicado en Naturalmente leyendo, escribiendo por escribir por franciscru a las 5:37 h.

No es la primera vez que relacionamos aquí la relación entre la competencia lectora y el éxito personal y académico. Parece que esta conexión está fuera de cualquier debate. Pese a todo, en la escuela no hay una presencia tangible de la lectura como la poderosa herramienta que es y el papel fundamental que juega en el aprendizaje. Aceptando que el conocimiento a granel es bueno y conveniente para formar al ciudadano de este siglo —premisa tan potente como dudosa—, convendremos que la solución a todas nuestras carencias formativas no tiene misterio alguno: seleccionar el material más conveniente y proceder a su lectura y asimilación. ¿Que usted no sabe la diferencia entre una borrasca y un anticiclón? No problem. Se busca el libro adecuado (NUNCA un libro de texto) y se lo empolla. Así de fácil. Pero, ¿y si no es capaz de buscar la información relevante? ¿Y si ni siquiera está en condiciones de ordenar y dotar de sentido a todo ese arsenal de palabra escrita que amenaza con explotarle a uno en la cabeza? Así es que colegimos que potencialmente le aguarda un futuro más prometedor al escolar ignorante pero avezado en la lectura y la escritura que al otro que amalgama una amplia gama de conocimientos memorísticos e inconexos, fruto de complejas fijaciones artificiales y escasamente funcionales. Pero aprender a leer y escribir (o a ver cine, o a escuchar música…) no es sencillo: requiere de método y dedicación, y no tiene por qué ser una actividad necesariamente placentera. La aproximación a determinados textos requiere voluntad y perseverancia. El disfrute pleno y la percepción de las cualidades literarias no llegan sino al final de un largo camino de aprendizaje, que pasa por rechazos, lecturas truncadas, intercambio de ideas y formación de un criterio estético propio, pero flexible y abierto al descubrimiento. El mejor de los legados de una generación a otra pasa por enseñar a leer y escribir BIEN a nuestros escolares. Y hacer que esa actividad fértil y enriquecedora se prolongue durante toda la vida como una dimensión más de nuestra personalidad.

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro.
Jorge Luis Borges, Borges oral.

23 Septiembre 2014

césar vallejo

Publicado en buscando un billete, el escritor, musica y literatura por franciscru a las 0:12 h.

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El inti fue una moneda peruana en caída libre entre dos soles. Urgido por las devaluaciones, el gobierno peruano imprimió en el billete de 10.000 la figura (siempre la misma: serio y meditabundo, sujetándose pesadamente el mentón) del poeta César Vallejo. El billete en cuestión se redujo casi a la nada. Pero la palabra de Vallejo conserva el atractivo, atrapa al lector y se mantiene erguida pese a los embates del tiempo. Dicen que en su Santiago de Chuco natal, la gente se expresaba en un castellano rancio y gentil, del que se alimentó el autor de Trilce para, a decir de los expertos, innovar y transformar el lenguaje poético para las generaciones venideras. Más allá del juicio técnico, Vallejo amanece hoy en este blog porque su lectura es muy agradable e invita, casi de inmediato, al recitado. En su país natal, el cuento Paco Yunque es de obligada lectura en los colegios, y su talla literaria se mide con la de los otros dos autores peruanos de obligada pleitesía: Garcilaso y Vargas Llosa. Quien quiera detalles biográficos se encontrará con su pertinaz afición amorosa por las niñas de quince años, su militancia indigenista y su compromiso estético y político; quien lo quiera ver como un inspirador revolucionario, lo podrá oír en boca de el Che Guevara. Y quien lo prefiera para ahuyentar la sombra de las ausencias, que se acerque a una de sus obras y lea sin más.

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

12 Septiembre 2014

mary poppins y la banca

Publicado en De cine, atrapa al personaje, el escritor, musica y literatura por franciscru a las 17:08 h.

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Un banquero ha fallecido. Era un prócer recto, bondadoso e intachable. Generó riqueza incalculable para toda la comunidad sin más ambición que la de servir al prójimo ni más divisa que la del trabajo. El mundo financiero (que también tiene su corazoncito) y la sociedad civil en general están de luto. Pero una duda imperiosa nos devora por dentro: ¿daría alguna vez de comer a las palomas? Esa y otras cuestiones se plantean en la saga de Mary Poppins, escrita por Pamela Lyndon Travers, aunque la referencia más inmediata es la de la película de Disney que, dicho sea de paso, recibió un montón de óscares. Pamela (que en realidad se llamaba Helen) y Walt (que en realidad se llamaba Elías) discutieron hasta la extenuación sobre el personaje de Mary, que Helen-Pamela no reconocía como suyo en la gran pantalla. Al final el dinero de Disney se impuso y Travers se limitó a mostrar sus desacuerdos hasta el momento mismo de su muerte. Ambos dos eran personajes un tanto siniestros, pero no se sabe si queriendo o sin querer, el mensaje de la obra es fresco; la protagonista es una mujer no precisamente bella, de marcada personalidad, libre e independiente. Eso por no hablar de las pequeñas dosis de crítica social y la acertada descripción de la avaricia financiera, la misma que nos convierte a todos en esclavos de unas necesidades impuestas, derivadas de una lógica bursátil incompatible con el gesto de repartir unas miguitas de pan a interés cero.

8 Septiembre 2014

Huero y la enfermedad

Publicado en escribiendo por escribir, musica y literatura por franciscru a las 3:34 h.

En su libro Recogiendo tempestades, segundo tomo de memorias del políglota Carlos Huero Caín, el autor recoge las impresiones de la larga convalecencia hospitalaria a consecuencia de un misterioso acceso que lo mantuvo paralizado en cama durante meses:

La piel blanda, teñida de un color ruin y salpicada por huellas cárdenas que firmaban decenas de agujas, envolvía una especie de sarmientos retorcidos que apenas sujetaban los huesos en su sitio. Las manos yacían a los lados del cuerpo, aguardando el aliento de una voluntad que se resistía a navegar por el cauce seco de los nervios dormidos…

Los médicos nunca confiaron en su recuperación e incluso se entabló una sonada disputa entre sus amigos poetas por ver quién redactaba el epitafio más sublime. De aquel suceso Huero siempre guardó recuerdo amargo: Ruines y mezquinos [los amigos]. Y lo fueron no tanto por cruzar apuestas sobre la fecha de mi muerte como por dedicarme atroces frases lapidarias, algunas de las cuáles llegaron a mis oídos: “Espíritu libre, observador atento, poeta mediocre”, “guardaremos como un tesoro la memoria de tus silencios”, “te recordaremos aun a nuestro pesar”… Sin embargo, la infatigable actividad creativa y epistolar nunca cesó por completo merced a los buenos oficios de su tía Luisa, que transcribía todo lo que el eminente sobrino le dictaba. Un tal Iglesias fue ejemplo de fidelidad y devoción hacia el artista en tales momentos de zozobra; y a él le dedicaba Huero estas frases de aliento en una carta fechada por aquellos días: “Te agradezco sentidamente el balón que me enviaste. Es enternecedor que la plantilla del primer equipo haya accedido a firmar el cuero. Pero me disgusta que consagres tu vida a un deporte tan sucio, sobre todo cuando llueve. Ni la canción ni el balompié han de darte de comer. Dedícate a cultivar los talentos que tienes, que alguno habrá [… ] Si es tu voluntad dedicarte al cuento, mi camarada Barísnicov puede echarte una mano”. Cascanueces, la grabación que hoy presentamos, es el resultado de aquella mediación.

1 Marzo 2014

juan josé plans, in memoriam

Publicado en atrapa al personaje, audio libro, el escritor por franciscru a las 23:39 h.

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Muchos recordarán a este gijonés como periodista, guionista o escritor; sin embargo, a nosotros nos resulta más familiar la voz profunda con la que abría sus espacios radiofónicos, en la que nos invitaba a “pasarlo de miedo con miedo”. Las dramatizaciones al viejo estilo de las ondas nos preparaban (o nos indisponían) para el sueño del fin de semana, mientras gozábamos de historias envueltas en jirones de esa niebla baja y espesa, sembrada de gritos, en cuyas entrañas se ocultaban las almas de cuántos deambularon a deshora por los muelles del Támesis. No le gustaba considerarse autor de género, pero Plans no se librará de que le asociemos, casi sin querer, con los inquietantes relatos a los que ponía voz y con aquellos otros escritos de su puño y letra, que llegaron incluso a la pantalla grande, la otra gran pasión del escritor. Con el inestimable concurso y el talento de Ibáñez Serrador, nos puso los pelos de punta con la novela El juego de los niños (La película recibió un nombre más comercial: Quién puede matar a un niño), ambientada en un pueblecito costero donde unos endiablados menores se adelantan en casi una década y media a la implantación de la LOGSE.

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22 Febrero 2014

machado

Publicado en atrapa al personaje, el escritor, vale más que las pesetas por franciscru a las 16:01 h.

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Hace setenta y cinco años que desapareció Antonio Machado. Como miles de españoles, abandonó su patria urgido por el compromiso con su familia, arrastrando el peso de la pena y la derrota. Pero se detuvo pronto: quizá fuera porque intuyó la muerte. O simplemente por fatiga. Collioure, un pueblito francés cercano a la frontera, brindó el último cobijo al poeta sevillano, que falleció en un pequeño hotel y hubo de ser inhumado en un nicho prestado que tan solo unos días después alojaría también a su madre anciana, a quién dedicó sus últimas palabras. No es intención nuestra glosar la vida y la obra de Don Antonio, pues son muchos los que con más tino y autoridad se encargarán de hacerlo durante estos días, pero sí llamar la atención sobre sus letras, en prosa y en verso, referente de la literatura española del siglo XX e inagotable fuente de encanto, belleza, sensibilidad y sabiduría. Pruebas de la modestia e ingenua sencillez del poeta son algunas de las líneas escritas para el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española que, por otro lado, nunca se llegó a formalizar:

No soy humanista, ni filólogo, ni erudito. Ando muy flojo de latín, porque me lo hizo aborrecer un mal maestro. Estudié el griego con amor, por ansia de leer a Platón, pero tardíamente y, tal vez por ello, con escaso aprovechamiento. Pobres son mis letras en suma, pues, aunque he leído mucho, mi memoria es débil y he retenido muy poco. Si algo estudié con ahínco fue más de filosofía que de amena literatura. Y confesaros he que con excepción de algunos poetas, las bellas letras nunca me apasionaron. Quiero deciros más: soy poco sensible a los primores de forma, a la pulcritud y pulidez del lenguaje, y a todo cuanto en literatura no se recomienda por su contenido. Lo bien dicho me seduce sólo cuando dice algo interesante, y la palabra escrita me fatiga cuando no me recuerda la espontaneidad de la palabra hablada. Amo a la naturaleza, y al arte sólo cuando me la representa o evoca, y no siempre encontré la belleza allí donde literalmente se guisa.

 

13 Febrero 2014

nueva estantería

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 22:14 h.

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A lo largo de este curso iremos repasando, como siempre, las efemérides literarias de este año 14, que viene cargadito de medios y cuartos de siglo. Para empezar, en julio hará cien años del comienzo de una de las carnicerías más devastadoras de la historia: la Primera Guerra Mundial abrió una profunda cicatriz artística y literaria que dejó huella en la piel lacerada un mundo que ya nunca volvería a ser el mismo. Han pasado cien años y ya no queda nadie que deje constancia de la masacre. Ya solo podemos recrear el pasado inmediato a través de los testimonios grabados y de los ríos de tinta que desde entonces hacen rebosar los sinuosos cauces de la memoria. Pero también es posible recordar el cuadrigentésimo quincuagésimo aniversario del nacimiento de Shakespeare, el centenario de Marguerite Duras, Cortázar, el burro Platero y Bioy, así como las cincuenta primaveras de la Mafalda de Quino. Sin embargo, hay una fecha inmediata, el 22 de febrero, en la que se cumplirá el septuagésimo quinto aniversario de la muerte de un hombre bueno: Antonio Machado. Dicen que la primera noche de destierro en territorio francés se la pasó en un vagón de tren, abandonados en vía muerta (tanto el vagón como el pasajero). No es difícil imaginar la triste figura del poeta, sostenido por su madre, maltrecho, casi exánime, abatido y roto por dentro y por fuera. La estampa del exiliado, del que huye no solo para salvar la vida sino la dignidad, tan laboriosamente construida con fe en el verso y la palabra. Sirva como preámbulo este video, cargado de versos que no por muy conocidos, o quizá precisamente por eso, suenan llenos de ternura y sabiduría. Pues eso.