12 Enero 2018

la época de la ilustración

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 1:46 h.

Los libros cuando están ilustrados ejercen una poderosa atracción, algo así como la tentación de tocar una escultura con los dedos, palparla impúdicamente con la palma de la mano… Siempre nos hemos sentido inclinados a recomendar obras bien ilustradas porque con ellas el deleite de la lectura se prolonga y tiene continuación más allá de las palabras. Es el regalo perfecto, el reclamo ideal para el joven lector reticente. Y con producto nacional: la calidad gráfica y artística de los ilustradores españoles es de sobresaliente para arriba. Como para muestra valen tres botones, en la biblio nos podemos encontrar de bruces con libros de excepcional calidad plástica y gráfica: Diez días que sacudieron al mundo (Nordica Libros) de John Reed, ilustrado por Fernando Vicente, Frida Kahlo. Una biografía (Lumen), de María Hesse, o el divertido Narices, buhitos, volcanes y otros poemas (MediaVaca), iluminados por Carlos Ortín. Tres ejemplos en los que texto e ilustración componen un todo de innegable vocación artística. Como tenemos curiosidad, y eso es lo único que no se marchita bajo la inclemente luz de internet, hemos querido hablar con uno de estos autores, saber algo más del proceso de creación y conocer de primera mano los vínculos que se establecen entre ilustración y literatura. Nos ha llegado la noticia de que se trata de un docente entusiasta y además tiene raíces en nuestra tierra, así que damos por seguro que vamos a aprender muchas cosas… Muy atentos…

29 Diciembre 2017

libros a la calle

Publicado en Recomendaciones, biblioteca virtual, ciudades de libro por franciscru a las 18:07 h.

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Si alguien de natural curioso cree que el teléfono celular le mantiene conectado, resulta que está equivocado. La pantallita es una ventana que se abre en un abismo de confusión. Nadie que no tenga dotes extraordinarias (vamos a poner que la mayoría) es capaz de procesar el aluvión de información sin sucumbir a una suerte de enajenación que nubla la mente y nos hace creer que la opinión de cualquier idiota descerebrado tiene algún valor. Los ocasionales viajeros de metro que todavía gustamos de inspeccionar el entorno con la atención viva y sagaz del niño pequeño, siempre hallamos recompensa en la mirada de una chica/chico guapa, el gesto lateral de un carterista o el bostezo contagioso que se va propagando por todo el vagón. Pero esta vez también descubrimos retazos de literatura adheridos a las paredes. La iniciativa se llama Libros a la calle, y se trata de una campaña de la Asociación de Editores de Madrid que en este año a puntico de terminar celebra la vigésima edición. El propósito de los veinte intentos ha sido siempre el mismo: fomentar la lectura en los transportes públicos de la Comunidad de Madrid mediante fragmentos literarios escogidos y magníficamente ilustrados, que captan la atención del viajero y le brindan la oportunidad de solazarse entre estaciones con la poesía de Doña Gloria Fuertes y Blas de Otero, o bien disfrutar con calma de las prosas de Manuel Leguineche, Juan Carlos Onetti o Elena Poniatowska, por poner un ejemplo. Desde aquí ofrecemos una selección de las últimas dos campañas para que la próxima vez que viajes en el metropolitano de la capital guardes el teléfono y pongas cuatro de tus cinco sentidos en los textos expuestos a tu alrededor… Ah… El quinto sentido manténlo en guardia, por aquello de los descuideros…

18 Noviembre 2017

primero de noviembre

Publicado en atrapa al personaje, el escritor, vale más que las pesetas por franciscru a las 22:54 h.

Hay cementerios por los que uno camina como si de repente fuera a coincidir con un viejo amigo, con un antiguo compañero del cole o con el pariente lejano al que hace décadas que no ve. Montparnasse es uno de estos camposantos donde el paseo te depara encuentros insospechados. Si uno va con tiempo, es mejor abandonar la guía en el hotel y dejarse conducir por el flujo magnético que recorre el interminable laberinto de tumbas; si el destino está de tu parte, te toparás como por casualidad con la última morada de Ionesco, Baudelaire, Beckett, Duras o César Vallejo, eso sin olvidar al insufrible Sartre o al ausente Carlos Fuentes. A nosotros lo que realmente nos llevó hasta Montparnasse el primero de noviembre fue el rastro nostálgico de otro insigne de las letras hispanoamericanas. Desde la tumba de Julio Cortázar, orientada al norte, solo se ve una interminable sucesión de túmulos, y resulta difícil, allí donde está, rendirle tributo sin tropezarse con los mármoles vecinos que como balsas a la deriva, se reparten el escaso suelo disponible. La blanca superficie luce descuidada, marcada por la huella de flores marchitas que se dejaron su frescura abrazadas a la fría coraza de piedra. Las notitas de admiradores, improvisadas en los reversos de los paquetes de tabaco o en billetes de metro, se disponen alrededor del cartelito que llama en francés y en español a contener el exceso de los visitantes, los mismos que armados con peligrosos rotuladores indelebles son siempre tan proclives a la profanación. El nombre del escritor aparece flanqueado por el de dos enigmáticas damas, que comparten con él el protagonismo de esta estación fúnebre. A Don Julio le horrorizaba la idea de la incineración, y por eso entre Aurora, su primera esposa, y él mismo se cruzaron promesas de no permitir que las llamas les redujeran a polvo y cenizas. La vida terminó distanciando a los amantes, aunque parece ser que el cariño y el aprecio mutuo nunca se extinguieron. El Cortázar de la última etapa estuvo vinculado a la escritora de origen norteamericano Carol Dunlop, que falleció tempranamente en París. Ella fue la primera moradora de la tumba. Dos años después Cortázar ocupó la plaza que le correspondía junto a ella, colmando todo el espacio disponible. En apariencia, sus disposiciones se cumplieron. Pero ¿qué pasó con Aurora? En su caso ya no era posible conciliar las dos aspiraciones y finalmente cuando falleció en 2014, resultó obligado decantarse por reducir su cuerpo a cenizas para hacer posible su otro gran anhelo: yacer definitivamente junto al que fue el amor de su vida. Y es así como treinta y tres años después de su desaparición, Don Julio, presente en el aire que respiramos, nos regala una historia que los anónimos peregrinos que lo visitamos en este primero de noviembre acariciamos como terciopelo, a los pies de la tumba que empieza a destacarse como mole blanca y liviana en el cortante crepúsculo parisino.

28 Octubre 2017

felices idiotas

Publicado en musica y literatura por franciscru a las 0:47 h.

Si estás desorientado, confuso, turbado, perplejo… escucha a Georges Brassens. Las letras de Brassens destilan inconformismo corrosivo, mala leche cósmica. Si te sientes abochornado, desconcertado, si no entiendes lo que pasa a tu alrededor, si te resulta imposible hacerte entender en tu propio idioma, si te satura tanta palabra vacía, escucha a Brassens. Los monigotes musicales de este francés casual adornan las ilustres chepas de los padres de la patria, de los profetas amnésicos, de los fiscales estériles. Si no sabes hacia dónde mirar, si el horizonte se escora peligrosamente hacia el desastre, si temes que el mundo deje de girar en horas de oficina, si te provocas el vómito con dos dedos de frente, escucha a Georges Brassens.  Si el profesor no sabe distinguir el eclipse de un parche en el ojo, si los tontos que conoces sientan cátedra, si el notable alto está por encima de tus posibilidades, entonces escucha a Brassens. Escucha cuando le canta a los idiotas felices que compadecen al desgraciado que no tuvo la fortuna de nacer en su bastión, en su provinciano terruño, los imbéciles agradecidos de no se sabe qué gloriosa herencia, dispuestos a saltar de su agujero y poner en fuga al inmigrante, al intruso al que miran con desprecio desde su pedestal, al que señalan con el dedo inquisidor con el que también advierten y amenazan. Lo dicho: si estás así, lee a Brassens