2 Marzo 2015

olvidadas

Publicado en atrapa al personaje, escribiendo por escribir por franciscru a las 18:35 h.

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No creemos que sea reiterativo abordar una vez más la secular invisibilidad de la mujer en el arte o la ciencia. La participación declarada de las féminas que se refleja en los anales del progreso y la innovación resulta meramente anecdótica. Algunos espíritus excepcionalmente fuertes y libres han logrado colarse en los libros de historia, pero casi siempre a costa de presentar su triunfo profesional como un reconocimiento a la voluntad férrea y, a menudo, al sacrificio personal y social que les supuso dicha determinación. Tal es el caso de la madre del Protactinio, Lise Meitner, una brillante física que desveló los arcanos de la materia y la transmutación del núcleo atómico. Meitner evolucionó de ferviente belicista durante la Gran Guerra a pacifista convencida, pero no antes de sufrir la persecución nazi y de haber conocido los devastadores efectos de la fisión nuclear que ella misma contribuyó a descubrir. En Austria, la doctora Meitner debía realizar sus experimentos en un destartalado laboratorio al que accedía por la puerta trasera. Pese a todo, su indiscutible instinto resultó fundamental para establecer las nuevas coordenadas de la física cuántica, aunque sus esfuerzos no obtuvieron la recompensa que merecían: mientras sus compañeros varones (de los que deliberadamente omitimos el nombre) recibían honores y distinciones (entre ellos el premio Nobel), Lise fue discretamente relegada a los márgenes del éxito. Tan solo unos años más tarde y ya fallecida, el elemento 109 de la Tabla Periódica recibió su nombre: el meitnerio, sumamente radiactivo e inestable con una vida media de ocho segundos… una porquería de elemento, para qué lo vamos a negar. Éstas y otras historias pueden leerse en tres obras muy recomendables: Las olvidadas de Ángeles Caso, Las damas del laboratorio de José María Casado, y el capítulo dedicado a mujeres y ciencia de Aristóteles, Leonardo, Einstein y Cía, escrito pot Ernst Peter Fischer. Así que a por ellos… y ellas.

25 Febrero 2015

ripley no ha muerto

Publicado en De cine, Recomendaciones, atrapa al personaje, escribiendo por escribir por franciscru a las 13:29 h.

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Tom Ripley es el vástago literario más reconocido y reconocible del bestiario particular de Patricia Highsmith. Su personalidad se va construyendo a lo largo de una saga que comprende cinco novelas (no merece la pena dar sus títulos porque todos ellos contienen la palabra “Ripley”) publicadas entre 1955 y 1991. Sus orígenes son modestos. Pero el destino le da la oportunidad de conocer el lujo y el derroche, algo que le arrebatará al punto de convertirle en un cínico asesino que diseña su propio ascenso social y económico sobre el cadáver de un joven heredero. Literalmente. A partir de ese momento, Ripley se forja una cómoda existencia entre macizos de flores y obras de arte, aunque nunca abandonará esa pulsión fría que le lleva a cometer crímenes sin el menor asomo de culpa o arrepentimiento. Un tipo curioso este Ripley, porque a ojos del lector su conducta no le convierte en un ser desagradable o aborrecible. Al contrario: la naturalidad con la que aborda cada una de las situaciones es tan verosímil que a pocos se les ocurriría poner en entredicho las motivaciones que le mueven a actuar como lo hace. A Ripley no le han faltado caras cinematográficas: desde Alain Delon (el mejor) y Dennis Hopper hasta John Malkovich (nuestro favorito) y Matt Damon. Todas las adaptaciones son bastante libres para que el contenido argumental le resulte sólido y convincente al espectador no iniciado. Y aunque en algunas se intuye que Ripley es desenmascarado, la justicia nunca logrará probar ninguno de sus crímenes. Patricia Highsmith, su cronista a lo largo de casi cuarenta años, murió en 1995; pero no descartamos que Ripley siga viviendo en alguna villa de la Riviera Francesa o, mejor aún, bajo el sol de Marbella, haciendo de las suyas y amparado, como siempre, por la más absoluta impunidad.

18 Febrero 2015

yo tarzán, tú jane

Publicado en atrapa al personaje por franciscru a las 13:40 h.

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El huérfano John Clayton fue recogido por una manada de simios cuando quedó solo y desamparado en la inhóspita selva africana. No se sabe muy bien si se trababa de chimpancés o de gorilas porque el autor, Edgar Rice Burroughs, describe confusamente a la familia adoptiva del futuro héroe, el primero de una larga saga alumbrada a lo largo del prodigioso siglo XX. Burroughs, antiguo soldado del 7º de caballería y escritor de ciencia ficción más bien chapucero, sabía tanto de la jungla como de Marte, pero eso no le impidió describir con profusión un escenario que nunca conoció personalmente. Lo cierto es que su personaje estrella, blanco como la leche y apenas cubierto con un taparrabos, se fue abriendo camino por las sendas de la literatura, la historieta, el cine, la radio y la televisión. Desde su nacimiento hace cien años, no ha habido generación que no haya contado con su “versión” de Tarzán, perdurando pese al tiempo transcurrido como un icono reconocido y reconocible cuyo nombre sigue custodiado y celosamente protegido por la marca registrada propiedad de los herederos de Burroughs. Hay quien quiere ver en el Tarzán primigenio la ilustración perfecta del modelo de “supremacía blanca“, muy extendido y generalmente aceptado por la sociedad de principios del siglo XX, y no hay duda de que el lector moderno se extrañará de que las numerosas escaramuzas protagonizadas por Tarzán no dejen rastro alguno de en la nívea piel del hombre salvaje. Por su parte, Hollywood se encargó de los detalles accesorios que contribuyeron a consolidar el mito de Tarzán: las monadas de Chita (hermana de leche) o el grito sinfónico que movilizaba todo el gallinero (la jungla, se entiende).

11 Febrero 2015

highsmith o la frustración

Publicado en De cine, audio libro, el escritor por franciscru a las 14:47 h.

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Entre gatos y caracoles, Patricia Highsmith escribió sus historias más memorables: instaló la maldad en personajes que aún nos parecen convincentes porque están muy bien construidos. Quizá el amor que profesaba por felinos y gasterópodos era el que le faltaba por el género humano. Cuenta la propia Patricia que con nueve años leyó un libro de un influyente psiquiatra de la época; los psicópatas que desfilaban por sus páginas marcaron la derrota de la mayoría de las situaciones que comenzara a describir ya con quince años. La mirada de la Highsmith cultivó la simpatía hacia lo siniestro, la dimensión ignorada y desconocida del ser humano, la que nos inclina hacia el “lado oscuro” cuando se dan condiciones para ello. Esta proyección a contraluz nos obliga a entender a los asesinos de Highsmith con cierta empatía; no se trata de elementos sanguinarios ni de criminales sin entrañas. Simplemente son personajes marcados por algún tipo de frustración que se limitan a difuminar esa delgada línea que separa el bien del mal, obligando al lector a ajustarse las lentes mientras le pone en la desagradable tesitura de censurar una conducta o adherirse al homicida sin más contemplaciones. Highsmith nació con aliento de aguarrás (se dice que su madre intentó quitársela de enmedio bebiendo un vaso hasta arriba). Su biografía señala que desde ese momento todo fue a peor. Sin embargo, ni los embates existenciales ni los reveses sentimentales lograron vencer la determinación literaria de la escritora, una mujer alcohólica y huraña, de trato difícil, que supo mantenerse al margen de las modas y, exceptuando la producción (bastante digna, por cierto) de subsistencia, fue siempre fiel a sí misma, lo que contribuyó a convertirla en una escritora de culto, sobre todo en Europa, donde buscó el cobijo que no encontró en su tierra. Hay quien opina que le estilo de Highsmith no casa con el del moderno lector de novela negra, que la psicología minuciosamente depravada de sus personajes les inmuniza contra las etiquetas de “buenos” y “malos” que el cine americano ha contribuido a consolidar. Pero no hay quien niegue que las detalladas, complejas y redondas tramas de sus cuentos y novelas gozan de buena salud y todavía son objeto de rediciones y adaptaciones cinematográficas, alguna de ellas ciertamente mítica, como la de su primer éxito literario, aquel que le permitió dedicarse por entero a la literatura: Extraños en un tren, de 1950. Como bien se sabe, la versión para la gran pantalla fue dirigida por Alfred Hitchcock y adaptada por Raymond Chandler, otro eminente creador alcohólico.

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4 Febrero 2015

liber chronicarum

Publicado en biblioteca virtual, vale más que las pesetas por franciscru a las 21:39 h.

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Intuyo que para un ciudadano maduro, que ha vivido la revolución tecnológica de las últimas tres décadas, no resultará difícil imaginar el grado de excitación que a mediados del siglo XV provocó la invención y posterior desarrollo de la imprenta. Los más jóvenes quizá precisen de algún otro detalle complementario: la edición rápida, económica y fidedigna de los libros elevó las posibilidades de alfabetización y permitió el acceso global a la ciencia, la teología, la filosofía y la literatura. Resulta pues perfectamente justificable que durante los primeros años se imprimieran fundamentalmente textos que recogían la práctica totalidad del conocimiento de la época, empezando por la Biblia. El Libro de las crónicas contiene además un sinfín de xilografías de muy bella factura, coloreadas a mano en las versiones más lujosas, práctica habitual de cualquier edición impresa que tuviera la intención de parecerse lo más posible a las copias “manuales”. Nos podríamos solazar durante horas en cada uno de los pequeños detalles que nos presenta el principal iluminador, Michael Wolgemut, maestro del gran Durero: planos, mapas, escenas, ciudades, genealogías… En este libro se confunden la antigüedad clásica con la historia sagrada, la cosmología o los acontecimientos medievales o contemporáneos. En la selección que presentamos aparecen las curiosas estampas de blemiasesciápodos, hombres lobo, faunos o mujeres barbudas, todos ellos parte del bestiario medieval que imaginaba así a los pobladores de remotas tierras inexploradas, una persistente visión medieval que contribuyó a menospreciar y sojuzgar a las civilizaciones que se fueron tropezando los europeos en sus primeras incursiones coloniales.

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22 Enero 2015

jorge no puede leer

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 19:42 h.

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Poh-poh, poh-poh… Jorge tiene un corazón que le suena en el pecho como una mariposa agitada en el interior de una cajita. O como la percusión de Caetano y Gilberto. Se lo prestaron hace unos meses para salir del paso; hoy lo conserva como el tesoro que es, viviendo al dictado de los rítmicos golpecitos que son el pasmo de cirujanos y cardiólogos. Jorge peleó duro por sobrevivir. Una refriega cruda que se resuelve entre las paredes de un quirófano y en las habitaciones de los hospitales, donde el alma se abandona primero a los designios del destino, y al mayor o menor oficio de la auxiliar de turno después. Como hábil ingeniero de la palabra, acierta con las citas y encaja fragmentos de los clásicos que la memoria le sirve en porciones. Son muchos años buscando algo de luz entre las páginas de los libros, compañeros desde el principio, cuando la ideología buscaba un asidero firme donde sostener la guerra intelectual (y no tanto) contra el dogmatismo del fascismo criminal. Ahora no le queda más remedio que levantar la vista al cielo, si no para suplicar, sí para hablar con los compañeros de rehabilitación que le han ganado la partida a la gravedad, una fuerza traicionera que, según Einstein, no es más que una perturbación producida por la gran masa de la Tierra. A Jorge no le arredra la masa del planeta ni nada de proporciones similares. Pero le inquieta no poder llegar al alma de los libros por do solía. La concentración le traiciona y ahora se ve perseguido por las ideas que antes domesticaba con facilidad. Sin saber por qué, el poso que le dejaban las palabras se desliza con el barro y la arena en la batea de su cabeza. El blanco contraste del papel le ciega por dentro y él se lamenta: “Dime que estás leyendo ahora, porque yo…”. Me gustaría complacerle, decirle que es una nube pasajera, la última perfidia del viejo corazón agotado que un día le abandonó. Pero los secretos del cerebro son tan insondables como el vientre de una estrella lejana. De momento, nos hemos propuesto barrer el piso de lamentos y recuperar lecturas anfibias, de esas que habían estado nadando en las riberas del recuerdo, tan desocupadas ellas que se habían olvidado de reptar por la playa y lucir al sol. Volveremos así a revivir las historias que no nos abandonaron, las que más huella dejaron a su paso, agradeciendo a la vida los días felices que nos regaló junto a las personas y los libros que tanto quisimos.

5 Enero 2015

las cruzadas

Publicado en biblioteca virtual por franciscru a las 9:38 h.

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Entre los acontecimientos que han determinado la historia de la civilización occidental, las Cruzadas sobresalen tanto por su repercusión como por su prolongación en el tiempo (entre 1095 y 1291). Nadie diría que la barbarie exhibida por ambos bandos tuviera trazas de inspiración divina. La primera cruzada empezó con promesas de redención y riquezas para todo aquel que se embarcase en la “guerra santa”. Estas recompensas terreno-celestiales cautivaron a muchos caballeros europeos, que durante décadas habían perseguido la gloria zurrándose mutuamente la badana. La amable convocatoria les permitía volver los filos de sus espadas sedientas de sangre hacia Tierra Santa, lugares que el Papa Urbano II reclamaba para la cristiandad. La verdad es que debió ser un alivio contemplar a tanto bruto llenando el macuto con intención de partir hacia el este. Para ir haciendo boca se organizaron los primeros pogromos contra los judíos; pero la guinda del pastel se puso con la toma de Jerusalén, una verdadera carnicería consumada al grito de ¡deus vult! (dios lo quiere), donde se masacró a musulmanes, judíos, mujeres, niños, mascotas y hasta a los pocos cristianos que habitaban la zona. Después de esta primera expedición se sucedieron ocho más. De todas ellas, la tercera tiene el glamour de la decidida participación caballeresca de dos “primeros espadas” como Federico Barbarroja y Ricardo Corazón de León, así como de un antagonista digno de ambos: Saladino. Durante año y pico, Ricardo y Saladino estuvieron machacándose a base de bien; todo concluyó con un tratado de paz entre ambos lo que, tratándose de una Cruzada, suponía un verdadero fiasco para los caballeros de la cruz al pecho. Nuestro bellísimo libro de miniaturas es un manuscrito rescatado de la riquísima colección de la BNF y datado alrededor de 1473, cuando las Cruzadas ya formaban parte de un pasado mítico y glorioso; en él se describen las gestas de los caballeros franceses contra “los turcos y otros sarracenos y moros ultramarinos” (Passages faiz oultre mer par les François contre les Turcqs et autres Sarrazins et Mores oultre marins),

25 Diciembre 2014

russell

Publicado en el escritor por franciscru a las 1:53 h.

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Generalmente, el acceso a las ideas y al pensamiento filosófico representa una dura prueba para el lector primerizo o poco avezado. En el caso que nos ocupa, esto no es así. Y no porque el autor que nos ocupa sea liviano o superficial. ¡Qué va! Bertrand Russell fue un señor carismático que vivió todas las grandes convulsiones del apasionante siglo XX. La mirada inteligente del conde de Russell, cultivada a la manera victoriana, se adelantó unas cuántas décadas a su tiempo. Pero eso nunca sale gratis. Estuvo en prisión por pacifista en tiempos en los que primaba ser belicista. Fue defensor de la libertad sexual cuando nadie negaba la sacrosanta institución del matrimonio. Discutió los métodos criminales del imperio en la guerra del Vietnam… Se podría decir que en su dilatada vida, el compromiso personal de Russell fue a tiempo completo. Pero no. Las numerosas obras escritas, algunas de ellas sumamente influyentes en los campos de la filosofía y la matemática, atestiguan dedicación intelectual a las cuestiones más candentes de la ciencia y las humanidades. Quizá esa desbordante y casi hiperactiva producción fue la que inclinó a los señores de la Svenska Akademien a concederle el premio Nobel de Literatura sin haber hecho eso, literatura. Aunque cabe decir que el estilo de Russell es brillante, con ese puntito de socarronería británica siempre a flor de pluma, más que recomendable para el lector del siglo XXI, un siglo que seguramente a él le hubiera fascinado. Allá a mediados de los cincuenta escribió Satán en los suburbios, quizá la única incursión literaria que no recuerda al ensayo, y que no está precisamente entre lo mejor de su producción. Nosotros desde aquí animamos a la lectura, porque nos da la gana, de la Historia de la filosofía occidental o Autoridad e individuo, por nombrar dos bien conocidas.

Mis investigaciones físicas me habían enseñado varios modos de terminar con la vida humana. No pude abstenerme de pensar que tenía el deber de perfeccionar uno de tales medios. De todos los que había descubierto, el más fácil parecía ser una nueva reacción en cadena que haría que el mar hirviese. Proyecté la construcción de un aparato que, estaba convencido, podría servir para la realización de mi propósito en el momento que me pareciese conveniente. Sólo una cosa me detenía. Y era que cuando los hombres muriesen de sed, los peces morirían cocidos. Nada tenía yo contra los peces que, por lo que suponía y había observado en los acuarios, eran seres agradables e inofensivos, hermosos con frecuencia y poseedores de una destreza muy superior a la de los seres humanos para evitar los choques con sus semejantes.

de Satán en los suburbios, 1953

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17 Diciembre 2014

recomendaciones

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 2:31 h.

Desde el equipo de biblioteca y en colaboración con el alumnado del Centro os hacemos estas sugerencias de lecturas por edades.

 

16 Diciembre 2014

il n´est rose sans epine

Publicado en Recomendaciones, el escritor por franciscru a las 10:09 h.

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La emoción de rememorar gestas extrardinarias sólo es comparable con la dimensión trágica de la travesía en cuestión, vivida al límite por sus protagonistas. Ya habíamos hablado aquí del libro de Marco Polo redactado por un tal Rustichello de Pissa, una obra que había inspirado al mismísimo Colón. Pues bien: la aventura de Hernando de Magallanes en su expedición a Las Molucas no fue hazaña menor, y determinó la primera circunvalación al globo terráqueo, aunque el promotor de la expedición, como la gran mayoría de sus tripulaciones, no viviera para contarla. El que sí superó todos los avatares hasta el final fue Antonio Pigafetta, un escritor que buscó (y halló) el escenario de una magnífica odisea, relatándola en forma de diario en el que fue anotando día a día, a lo largo de casi tres años, las novedades de un viaje plagado de penurias, deserciones, resentimientos, traiciones, astucias, equivocaciones y bravuconadas, y que más tarde se conocería como Primer viaje alrededor del mundo. En esta narración queda bien patente la controvertida personalidad de Magallanes, un comandante muy devoto con una fe inquebrantable en el objetivo, que no dudaba a la hora de imponer la autoridad que el rey Carlos I le había conferido. Su desgraciado final en las Filipinas fue un error de cálculo, una sobredimensionada percepción de sus ya escasas energías guerreras. Abatido por los indígenas, se privó a sí mismo de parte de la gloria que le esperaba en una metrópoli que no era la suya (como bien se sabe, Magallanes era portugués) y del reconocimiento histórico de la primera vuelta al orbe que, en parte, le arrebató su segundo, Juan Sebastián Elcano. Al final, la nueva ruta hacia el país de las especias se tornó poco viable comercialmente, y la disputa por las exóticas tierras de la nuez moscada se prolongaron durante siglos. Pero Magallanes dejó su impronta en el estrecho que lleva su nombre y en el gigantesco océano que él percibiera como vacío y calmo, al que bautizó como Pacífico. Así lo vio y lo relató Pigafetta, en cuyo noble blasón figuraba premonitoriamente la divisa “il n´est rose sans epine”.

Luego que hubo amanecido, mandó Magallanes a tierra el cadáver de Mendoza y lo hizo descuartizar, pregonándolo por traidor, ahorcó a Gaspar de Quesada y lo descuartizó con igual pregón, por mano de Luis de Molino, su cómplice y criado; sentenciado a quedar desterrado en aquella tierra Juan de Cartagena y á un clérigo, su confidente. Acto de ferocidad disculpable porque las circunstancias lo hacían necesario; sin él, la anarquía hubiera destruido la expedición y acabado con la vida de su caudillo.

10 Diciembre 2014

mr. morris lessmore

Publicado en De cine por franciscru a las 3:04 h.

¿Será una percepción particular nuestra o este señor Lessmore tiene un aire como de Buster Keaton? El personaje más logrado es el libro-huevo de Humpty Dumpty, compañero fiel hasta el final del simpático bibliotecario. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore es un corto dirigido por William Joyce y Brandon Oldenburg que ganó un Óscar en 2012 en la categoría de mejor cortometraje animado. El filme, según sus autores, está inspirado por el huracán Katrina, el mago de Oz y el amor por los libros. Para su realización se emplearon diversos estilos de animación, incluidos el stop motion (se puede admirar un notable ejemplo más abajo), las imágenes generadas por computadora y la animación tradicional. La idea original era que el cortometraje tuviera una duración máxima de siete minutos, pero los artistas se dieron cuenta que no podían disminuirlo a menos de quince minutos sin “perder todo su impacto emocional”.

4 Diciembre 2014

ars moriendi

Publicado en biblioteca virtual, escribiendo por escribir, vale más que las pesetas por franciscru a las 2:47 h.

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La presencia de la muerte fue una constante a fines de la Edad Media. Las malas condiciones de vida en el campo, las guerras y la peste, unidas a la fuerte religiosidad y la superchería otorgaban a la muerte un significado muy distinto al que tiene hoy en día. Abandonar “el valle de lágrimas” de este mundo no era un castigo, sino un designio divino que abría las puertas hacia un merecido descanso eterno a todo tren. Eso sí: demostrando méritos terrenales contrastados, que pasaban por evitar todo aquello que podría proporcionar un poco de desahogo para cualquier martirizada alma del momento. En este contexto, el Ars moriendi es “una especie de guía destinada a mostrar las prácticas, los rezos y las actitudes que debían adoptar el enfermo, sus familiares y el sacerdote llamado para atender espiritualmente al moribundo“. El libro resultaba muy útil porque aleccionaba sobre los cuidados del espíritu ante la inminencia del óbito, una especie de “hágalo usted mismo” en un momento en que las filas del clero habían sido fuertemente diezmadas por las epidemias. El libro nació para satisfacer las dudas de moribundos y allegados, que se aprendían de memoria cómo combatir las postreras tentaciones: dudar de la fe; la desesperación por miedo a la justicia divina; la vanagloria, o complacerse en exceso por las buenas obras realizadas; la impaciencia, producto de los dolores y el sufrimiento de la agonía; y la avaricia, entendida como el apego hacia todos los bienes terrenales. Cada una de ellas es descrita de forma terrorífica, porque son incitadas por los demonios, al acecho siempre que se trata de aprovecharse de las humanas debilidades. Las distintas versiones del Ars moriendi fueron un verdadero superventas, tan solo superadas por los libros de Horas. Había versiones largas y cortas, éstas últimas para facilitar la lectura y asimilación del contenido. La que presentamos hoy aquí es de éstas últimas: circuló a mediados del siglo XV y está iluminada con once preciosos dibujos de lo más sugerentes.

Cualquier que quiere de dessea bien morir, considere diligentemente las cosas contenidas en este libro, e conseguirá grand ayuda, e utilidad para se defender de las temptaciones del diablo, e alcanzar la gloria del paraíso, la qual nos quiera otorgar Dios en todo poderoso.

Consulta del tomo de ARS MORIENDI

2 Diciembre 2014

a qué huelen los libros

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 7:34 h.

Todos estamos de acuerdo en que nuestra vida se acabará algún día. Es una certeza universal e inmutable. Y que nuestros átomos, que en tiempos formaron parte de las estrellas, regresarán a sus orígenes para seguir formando parte del todo cósmico… Ele la metafísica. Esa misma naturaleza perecedera es la que amenaza nuestras posesiones más preciadas, incluidos los libros. Con ellos compartimos su naturaleza orgánica así como la tendencia al envejecimiento y deterioro. Los roedores, la temperatura, los insectos, la humedad… serán los que finalmente contribuyan a degradar cualquier biblioteca hasta convertirla en polvo y en nada. Y con ella, el empeño de toda una existencia por coleccionar las obras que marcaron los pequeños hitos que jalonan la vida intelectual de cada cual: las lecturas escolares, los libros que nos recomendó el abuelo, las primeras adquisiciones de segunda mano, los regalos, la herencia de algunos volúmenes muy queridos por alguien, las compras universitarias, los caprichos de un verano…  La biblioteca de la Casa de Alba cuenta con dieciocho mil volúmenes, con un censo de joyas bibliográficas que atesoran un buen número de historias alrededor de sí mismas. Esta es una de las centenas de bibliotecas públicas o privadas que esconden tesoros que la mayoría de los mortales nunca podremos admirar, soportes que han contribuido a forjar la historia y la evolución de la humanidad, que dan cuenta de la inagotable creatividad de nuestra especie. Pero como ocurrió con la biblioteca de los Alba al principio de la Guerra Civil, ningún fondo está a salvo del desastre, la rapiña, la desidia o la negligencia, por mucho que se mejoren las instalaciones, la seguridad o el acomodo de los libros. Muchas instituciones están digitalizando sus fondos para preservar este legado y ofrecer a los amantes de los libros a secas la oportunidad de leer y admirar también esa dimensión artística de la edición, restringiendo el acceso físico a los llamados investigadores acreditados. Suponemos que este es el precio que hay que pagar por preservar estas joyas que, sin embargo, tarde o temprano terminarán volviendo al polvo como las mascotas, los automóviles, los palacios, las duquesas o las secoyas.

21 Noviembre 2014

la tabla periódica, la literatura y la vida

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir por franciscru a las 8:21 h.

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La Tabla Periódica de los elementos representa el orden natural, la armonía de la materia. Más allá de la apariencia, el reino de lo muy pequeño se muestra tan enigmático como el oscuro y vacío Universo de galaxias y estrellas que tan solo podemos intuir a través de esa ventanita diminuta que llamamos cielo. Sin embargo, hemos podido establecer de que están hechas las cosas y las leyes que determinan las distintas combinaciones, lo que ha proporcionado al género humano un inmenso poder para transformar su entorno y obrar en provecho de unos intereses en ocasiones poco claros. La engañosa simplicidad de la tabla de Mendeleiev es uno de sus atractivos, y por eso su elegante arquitectura ha inspirado a otros para crear sus particulares clasificaciones “periódicas”, con sus propios números, colores y símbolos, aunque no tan rigurosas e incontestables. De entre ellas, nos ha llamado la atención esta Periodic Table of world literature, un ejercicio anglosajón que agrupa a los escritores más influyentes de la historia, y en el que comparten grupo Charles Baudelaire (Ba) con Bob Marley (Bo), por ejemplo; o Dostoiesky (Fd) y J. K. Rowling (Jk). Quizá entre el Hidrógeno (H) y el Praseodimio (Pr) no haya tanta diferencia como entre cada uno de estos pares, eso suponiendo que todos pertenezcan a la misma entidad química que podríamos denominar literatura. Otra conocida tabla periódica es la del siempre interesante Primo Levi, una obra dividida en veintiún capítulos dedicados a distintos elementos y donde esboza historias en las que la química (las profesión del autor) y sus experiencias en los campos de concentración nazis se funden en un relato apasionante, incluso para los que no tienen idea de lo que es el número atómico o la teoría de los orbitales moleculares. Ni falta que hace. En el capítulo dedicado al Vanadio (V), una partida de barniz defectuoso propicia el contacto con un antiguo carcelero que pretende limpiar su mala conciencia…

¿Qué hacer? El personaje Müller se había entpuppt, había salido de la crisálida, se perfilaba nítido, bajo los focos. Ni infame, ni heroico. Dejando aparte la retórica y las mentiras de mejor o peor fe, lo que quedaba era un ejemplar humano típicamente gris, uno de los no escasos tuertos en tierra de ciegos. Me hacía un honor que no merecía al atribuirme la virtud de amar a mis enemigos. No, a pesar de los lejanos privilegios que me deparó su trato, y aun cuando no hubiera sido un enemigo mío en el estricto sentido del término, no era capaz de amarlo. Ni lo amaba, ni tenía ganas de verlo. Y sin embargo me despertaba un conato de respeto; ser tuerto no debe resultar cómodo. No era un cobarde ni un sordo ni un cínico, no se había adaptado, estaba ajustando cuentas con el pasado y las cuentas no le salían; se esforzaba por hacerlas coincidir, aunque fuera haciendo algunas trampas.

3 Noviembre 2014

nos vemos allá arriba

Publicado en Naturalmente leyendo por franciscru a las 11:07 h.

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Las grandes epopeyas bélicas solo son eso, epopeyas, para los que no las han vivido, para los bardos que cantan las gestas, para los mariscales que mueven sus peones sobre una mesa de roble, para los políticos que acuñan las más altas y las más bajas condecoraciones… para las madres que buscan consuelo en el heroísmo agujereado por la metralla. Sin embargo, los muertos tienen otro punto de vista: vacíos de sangre, pierden lastre y se elevan muy por encima del limbo de bronce y mármol en el que se evocarán sus gestos. Solo así pueden descansar en paz, justo anhelo para los desdichados que se han visto arrastrados a morir sin ella. Albert Maillard falleció enterrado en el agujero que había perforado un obús. Justamente en ese punto arranca la novela Nos vemos allá arriba de Pierre Lemaitre. De las (des)venturas de este soldado y de su “alter ego” Édouard Péricourt extraemos no pocas nociones de la naturaleza humana, que pasan por la solidaridad, el rencor, la ambición, el poder y la avaricia, entre otras estaciones intermedias de parada obligada. ¿Qúe hace una nación con millones de muertos? Enterrarlos y rendirles memoria. Una labor lucrativa que no se libra de una aparatosa corrupción y del tráfico ilícito de los sentimientos más arraigados a la condición humana. La novela es ágil he incorpora elementos narrativos muy notables, sobre todo en los primeros capítulos. Nos vemos allá arriba es una ilustración grotesca de la posguerra y de la agonía de los supervivientes.