15 Mayo 2013

please hold…

Publicado en escribiendo por escribir, musica y literatura, video libro por franciscru a las 19:22 h.

El objetivo de las campañas publicitarias es el de instalar el mensaje allí donde las palabras y los razonamientos, por muy mesurados y cabales que sean, no encuentran acomodo. Una buena historia tiene más posibilidades de abrir los cauces del entendimiento que los argumentos de autoridad del catedrático más veterano. Y por eso nos terminamos creyendo eso de que Robin Hood era un tipo altruista, que siempre hay un bando bueno y otro malo o que los hombres han pisado la superficie de la Luna (¿Hay alguien en condiciones de demostrar con evidencias que eso haya sido así?). Si bien la vida nos proporciona experiencias que van forjando nuestras convicciones, generalmente el cotidiano discurrir de la existencia no alcanza a ilustrar todas y cada una de las certezas que tan orgullosamente defendemos en una tertulia de café. El ciudadano menos reflexivo quizá se conforme con repetir lo que ha oído en el último telediario, pero los que tienen por costumbre pensar en lo que dicen seguro que tomarán partido a favor o en contra de la pena capital o de la captura de la ballena azul recordando esta o aquella película, estas o aquellas historias o imágenes que hayan podido inclinar su juicio y determinar su postura. Por su especial trascendencia social, las campañas de seguridad vial son un clásico en las pantallas de la televisión y en las vallas publicitarias de todo el mundo occidental, campañas de tal repercusión que concitan siempre la atención de un abundante número de detractores y un no menos nutrido grupo de defensores. Las historias de las campañas de tráfico navegan entre la plácida contemplación de lo que pudo haber sido y la crudeza descarnada de lo que es. Casi siempre abordan lugares comunes que mueven a la reflexión o alertan del peligro, en ocasiones apelando a los sentimientos, aunque también explotan nuestros temores más atávicos. Escribir y construir una historia que transmita un mensaje positivo sin columpiarse en el abismo de la exageración es un ejercicio bonito. Y hasta saludable, porque además nos ayuda a reflexionar sobre el fenómeno en sí, ordena las ideas y remueve la conciencia. Como ejemplo, presentamos un pequeño vídeo que alerta sobre las consecuencias de una fatal distracción en carretera, y de paso enlazamos algún otro de mucho más merito y alcance, no sin advertir que la vida puede herir la sensibilidad del amable lector-espectador.

9 Mayo 2013

estantería primaveral

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 20:38 h.

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¡Pero cómo llueve! ¡Y llueve! Y cuanto más lo pienso, más llueve. Llueve bajo el árbol de Tántalo, llueve por el bies del Cantábrico; llueve como una pena enorme, como un saco de agua, como una cascada detenida… Llueve a mares, sin tregua, es algo así como un estornudo atómico, un pozo invertido, una herida en el viento… Así que a falta de verde seco y rumor de océano quieto te proponemos que le eches un vistazo a nuestra estantería primaveral y tomes el libro que quieras. Hay de todo: un poco de ciencia, de historia, de guerra, de ficción, de buena literatura, de cómic… Para perder el gusto. O para ganarlo, ¡quién sabe! (Lo de France Gall es una debilidad personal: no sabe bailar, no sabe cantar, no sabe peinarse, no sabe mirar a la cámara pero, ¡qué bien lo hace!)

3 Mayo 2013

los pecepis se desatan…

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 12:12 h.

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¡Pero mira que es difícil hacerles escribir..! Como si las palabras encerraran el germen de algún mal terrible o fueran las culpables de oscuros designios que mantienen los traseros pegados a los pupitres de la clase. Escribir (y ya no digamos leer) puede ser entretenido y ¡hasta divertido! Con medida algarabía y unas dosis de buen humor, las profes Begoña y Mónica se propusieron hacer del día del libro una jornada de desagravio: con un boli y un poco de imaginación, invitaron a que los pecepis volcaran su autorreprimida creatividad sobre un papel en blanco. Como resultado se obtuvieron una serie de historias contadas con gracia que alcanzaron el objetivo de pasar un buen rato. Y parece ser que los resultados cumplieron con las expectativas… Por si queda duda, un ejemplo:

Érase una vez un ogro llamado Pedro que trabajaba de botones en un hotel. Un buen día recogió las maletas de unos huéspedes. Al subir las escaleras las maletas se abrieron y apareció una vara. Al botones le pareció muy bonita. Al cogerla, se iluminó y pensó que no era una vara cualquiera. La llevó a su habitación y descubrió sus poderes. Estando en la habitación llamó a la puerta una anciana del IMSERSO. Pedro el ogro le dio un toque con la vara en el hombro y la anciana se convirtió en una bella princesa.

La noticia de la aparición de la bella princesa llegó a oídos del príncipe José Ramón IV y este emprendió un largo viaje a caballo hasta llegar al hotel, donde vio a la princesa hablando con el recepcionista. En ese momento, surge un flechazo y el príncipe le pide matrimonio. Pero entonces aparece el ogro, y se empiezan a batir en duelo. La princesa se desmaya y ambos deciden practicarle la reanimación cardiorrespiratoria. Al despertarse la princesa, el ogro recoge la vara del suelo y convierte al príncipe en anciano del IMSERSO. A partir de ese momento el príncipe pasa a llamarse Pepe y a ocupar su tiempo, para el resto de sus días, mirando obras de construcción. Al poco tiempo la princesa y el ogro se casaron y se trasladaron al país de los ogros, donde fueron felices y comieron perdices.

28 Abril 2013

Tardi a las trincheras…

Publicado en Recomendaciones, atrapa al personaje, el escritor por franciscru a las 0:32 h.

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Hace un par de meses, Jacques Tardi rechazó la Legión de Honor, condecoración instituida por Napoleón hace doscientos y pico años. El que más tarde sería autocoronado emperador sabía muy bien lo que hacía: cuando alguien le dijo que estas dádivas eran meros “hochets” (sonajeros, juguetitos para niños…) él respondió: Vous les appelez les hochets, eh bien c’est avec des hochets que l’on mène les hommes. Tardi, que conoce muy bien la historia reciente de su país, declinó tal distinción con una bala dialéctica del calibre de su obra: “Uno no tiene por qué estar forzosamente contento de ser reconocido por la gente que no quiere”.  Posiblemente esta actitud le granjeará algún magno reproche tanto monárquico como republicano, pero para sus lectores es la rúbrica perfecta de un autor de enorme mérito y coherencia. Tardi es hijo y nieto de combatientes, y la guerra ha estado siempre muy presente en su vida y en su obra. Su abuelo fue uno de los inocentes protagonistas de sus historias en las insalubres trincheras del glorioso ejército francés; su padre René lo fue como prisionero de guerra en un stalag alemán. Las imágenes que recrea con su pluma son un antídoto contra la indiferencia. Presta gran atención a los escenarios, que son capaces de trasladarnos en butaca de primera fila a la representación de esos insignificantes episodios donde se consumen poco a poco la vida y las esperanzas de los últimos peones de la guerra: los soldados rasos. La temática bélica está muy presente en la obra de Tardi:  C’était la guerre des tranchées (1993), Voyage au bout de la nuit (1988) o Putain de guerre (2008) son algunos ejemplos, quizá los más emblemáticos del pensamiento del autor, recogido en estas pocas palabras:

Un montón de tratados deberían asegurarnos la paz. Pero bien se sabe que no serán respetados: porque es preciso llenar de gasolina los depósitos de los coches; que el ciudadano sea atado a su pequeño confort [calefacción central y televisión], que devuelvan los préstamos a los bancos. Es preciso que todas estas coacciones le preocupen y le angustien. Delante del telediario, a la hora de cenar, le hará comprender que vive en un país casi paradisíaco y se adormecerá olvidando la revolución. Es lo menos que desean los gobiernos…

 

 

En fin. Internet hierve de información sobre guerra, cómic, literatura… Esta modesta aproximación al género no ha tenido más pretensión que la de remover los cimientos de la curiosidad y poner de relieve la cantidad y la calidad de obras que nos aproximan, por fortuna en sentido figurado, a la realidad sucia, cruel, perversa y tan humana de la Guerra, la misma Guerra con mayúsculas que hoy mismo se vive en Siria, Colombia, Irak, Mali… Queremos concluir con la escena final de la película Senderos de Gloria, de Stanley Kubrick (una de las confesadas influencias de Tardi) cantando o, mejor dicho, tarareando la cancioncilla “El valiente húsar” con ayuda de los bravos soldados y la cándida muchacha alemana, todos ellos atrapados por un destino incierto que aguardan, resignados, la triste condecoración que ellos nunca solicitaron…

Und als er zum Schatzliebchen kam,
ganz leise gab sie ihm die Hand,
die ganze Hand und noch viel mehr,
die Liebe nahm kein Ende mehr.

23 Abril 2013

día del libro: recordando a Annelies Marie Frank

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Querida Kitty:
De la biblioteca nos han traído un libro con un título muy provocativo: ¿Qué opina usted de la adolescente moderna? Sobre este tema quisiera hablar hoy contigo. La autora critica de arriba abajo a los «jóvenes de hoy en día»; sin embargo, no los rechaza totalmente a todos como si no fueran capaces de hacer nada bueno. Al contrario, más bien opina que si los jóvenes quisieran, podrían construir un gran mundo mejor y más bonito, pero que al ocuparse de cosas superficiales, no reparan en lo esencialmente bello(…). A los jóvenes nos resulta doblemente difícil conservar nuestras opiniones en unos tiempos en los que se destruye y se aplasta cualquier idealismo, en los que la gente deja ver su lado más desdeñable, en los que se duda de la verdad y de la justicia y de Dios. Quien así y todo sostiene que aquí, en la Casa de atrás, los mayores lo tienen mucho más difícil, seguramente no se da cuenta de que a nosotros los problemas se nos vienen encima en mucha mayor proporción. Problemas para los que tal vez seamos demasiado jóvenes, pero que igual acaban por imponérsenos, hasta que al cabo de mucho tiempo creemos haber encontrado una solución, que luego resulta ser incompatible con los hechos, que la hacen rodar por el suelo. Ahí está lo difícil de estos tiempos: la terrible realidad ataca y aniquila totalmente los ideales, los sueños y las esperanzas en cuanto se presentan. Es un milagro que todavía no haya renunciado a todas mis esperanzas, porque parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, sigo aferrándome a ellas, pese a todo, porque sigo creyendo en la bondad interna de los hombres.Me es absolutamente imposible construir cualquier cosa sobre la base de la muerte, la desgracia y la confusión. Veo cómo el mundo se va convirtiendo poco a poco en un desierto, oigo cada vez más fuerte el trueno que se avecina y que nos matará, comparto el dolor de millones de personas, y sin embargo, cuando me pongo a mirar el cielo, pienso que todo cambiará para bien, que esta crueldad también acabará, que la paz y la tranquilidad volverán a reinar en el orden mundial. Mientras tanto tendré que mantener bien altos mis ideales, tal vez en los tiempos venideros aún se puedan llevar a la práctica…

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21 Abril 2013

Dos húngaros

Publicado en General por franciscru a las 0:00 h.

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La guerra es un dura prueba de supervivencia. Por su propia naturaleza, cuando el hombre está resuelto a matar y aniquilar no respeta ninguna condición; nadie pone límites a las máquinas de hierro y fuego: una vez desatadas, consumen hasta la última molécula de civilización. En este escenario macabro, la infancia ocupa otra dimensión donde el peligro, el juego, la intuición, los sentimientos y el aprendizaje se funden en la mente del niño hasta dotar de significado a todo aquello que no lo tiene. El recorrido literario por las obras que describen escenarios de conflicto es muy largo: desde siempre, los autores han plasmado en relatos y novelas los recuerdos, vivencias, experiencias o, sencillamente, las ficciones que les han inspirado escenarios de guerra. En esta ocasión, nos vamos a fijar en dos escritores húngaros. Citamos a Imre Kertész en primer lugar por aquello de que recibió (y puede ser que hasta merecidamente) el premio Nobel. En la novela autobiográfica Sin destino describe la experiencia de un adolescente de quince años en un campo de concentración nazi; el chico va creciendo, madurando, iniciándose como adulto en esta perfecta recreación del averno en la tierra, donde la muerte representa el único alivio posible para alguien que está desperezándose a la vida. No todas las novelas sobre el Holocausto consiguen cautivar a los no iniciados, pero la citada Sin destino y, por mencionar otra obra de mérito, Si esto es un hombre de Primo Levi, logran conmover profundamente al lector más desapasionado.

Existen situaciones en que parece imposible que se puedan agravar o empeorar. Yo mismo, al cabo de tanto esfuerzo, de tanto afán, de tanto empeño, acabé encontrando la paz, la tranquilidad y el alivio. Ciertas cosas, por ejemplo, que antes me habían parecido sumamente importantes, perdieron por completo su significado para mí. Así estando en la fila durante el recuento, si me cansaba y sin mirar si me encontraba en medio de un charco o si había barro, me dejaba caer, me sentaba y me quedaba sentado o acostado hasta que mis vecinos me levantaban a la fuerza. No me molestaban ni el frío, ni la humedad, ni el viento ni la lluvia: simplemente no me llegaban, ni siquiera los sentía. Desapareció hasta el hambre, me seguía llevando a la boca todo lo que encontraba, todo lo que fuera comestible, pero sin prestar atención, como por costumbre y de manera mecánica. Si tenían algún inconveniente, lo más que podían hacer era pegarme, y con eso tampoco me hacían mayor daño, sólo me hacían ganar tiempo, puesto que con el primer golpe me acostaba en el suelo y ya no sentía los otros porque me quedaba dormido.

La otra autora también es húngara. Huyó de su país hacia un destino incierto. Se apropió de un idioma nuevo y en él desarrolló toda su obra conocida. Agota Kristof fue una escritora peculiar. Durante cinco años trabajó en silencio en una fábrica de relojes suizos, quién sabe si dejando pasar el tiempo mientras maduraba lo que estaba por escribir. Después abandonó su trabajo, se separó de su marido y comenzó a estudiar francés. En esa lengua relató las andanzas de dos gemelos, Claus y Lucas, desarrollando la historia en una trilogía que en España se publicó en un sólo volumen. Curiosamente, Kertész ha renunciado a seguir escribiendo, tal y como Kristof decidió en su momento. Nos dejaron lo que llevaban dentro. Retazos autobiográficos del pedacito de la convulsa historia que les tocó vivir. Gracias a ellos podemos mirarnos al espejo, sumergirnos en la profundidad hueca de las pupilas y decirnos hacia dentro y hacia afuera “nunca más“.

Entramos en el campo. Está vacío. No hay nadie por ninguna parte. Algunos edificios siguen ardiendo. El hedor es insoportable. Nos tapamos la nariz y avanzamos, aun así. Subimos a una torre de vigilancia. Vemos una plaza muy grande en la cual se alzan cuatro piras negras. Localizamos una abertura, una brecha en la barrera. Bajamos de la torre y encontramos la entrada. Es una puerta grande de hierro, abierta. Encima está escrito, en lengua extranjera: «campo de tránsito». Entramos.

Las piras negras que habíamos visto desde arriba son cadáveres carbonizados. Algunos han ardido bien, no quedan más que los huesos. Otros apenas están ennegrecidos. Hay muchos. Grandes y pequeños. Adultos y niños. Pensamos que antes los han matado, y después los han amontonado y les han echado gasolina para prenderles fuego.

Vomitamos. Salimos corriendo del campo. Volvemos a casa. La abuela nos llama para comer, pero seguimos vomitando.

15 Abril 2013

El segundo jinete

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir, fondos de la biblioteca por franciscru a las 1:03 h.

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Sabemos que la memoria colectiva es esa frágil conexión bioquímica que nos une con la historia reciente. Cuando se rompe o se agota, los hechos pretéritos pasan a formularse como relatos acabados que bailan de puntillas sobre un duro pavimento de datos y fechas. Hemos disfrutado de un largo período en ausencia de guerra (que no de paz). Por desgracia, está a punto de desaparecer la generación que experimentó en territorio patrio el último duelo fratricida. Recientemente hubimos de lamentar el fallecimiento de D. José Luis Sampedro. Con él se extinguió la llama de una mente clara y lúcida, pero también el testimonio narrado en primera persona de un drama de proporciones apocalípticas; porque la guerra, desde todos los puntos de vista, es sobre todo eso: el Apocalipsis. Nada, ni siquiera la peste se le parece. La guerra es un azote al que algunos se empeñaron en ponerle reglas, como si eso fuera suficiente para difuminar el perfil aniquilador de todo guerrero eficiente. Y puesto que se trata de la realidad cotidiana padecida ahora mismo por millones de seres humanos, conviene tener en cuenta algunos axiomas que pocas veces pasan como tales, y que a decir de ciertas sensibles pituitarias, expelen un tufillo de incorrección política, a saber: En la guerra no hay el bando de los buenos ni el de los malos; tan solo hay “amigos” y “enemigos”… pero ¡ojo! El statu quo puede cambiar en cualquier momento. Dos: el odio es el verdadero armamento de destrucción masiva. Contra él no hay pacto ni tregua posible. Basta con inseminar; lo demás vendrá por añadidura. Y tres: la crónica de los sucedido siempre la escriben los vencedores; la propaganda es el prólogo de un relato que se repetirá una y mil veces hasta que se imponga como verdad absoluta. La literatura ha contribuido a consagrar estos dogmas, pero también ha denunciado los excesos y condenado los atropellos que se cometen cuando el argumento que vale es el de la fuerza bruta. Los relatos sobre la guerra no tienen por qué estar ambientados en un campo de batalla. Desde el punto de vista narrativo, posee tanta fuerza el diario de una niña confinada en la buhardilla de su casa como la atormentada vida interior de un soldado horriblemente mutilado. Por eso nos vamos a tomar la pequeña libertad de consagrar al género todas las entradas que nos restan hasta el próximo Día del Libro, dedicado este año a las “historias de guerra”. Y para que nuestros jóvenes lectores vayan entrando en harina, el primero que identifique a la autora que aparece en la cabecera de la bitácora obtendrá una recompensa nada desdeñable: dos bonitos libros expurgados, ilustrados y garabateados por nuestros dibujantes. Pero antes de recibir la justa gratificación, el ganador deberá decirnos qué le sugiere la foto de más abajo, una imagen que, por sí misma, ya encierra el germen de una historia…

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7 Abril 2013

elemental, querido Mendeléiev

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 0:09 h.

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Desentrañar algunos de los misterios que encierra la estructura interna de la materia ha sido una de las mayores conquistas de la humanidad. Desde aquella primera intuición atómica de que el confín del universo está en nosotros mismos, la curiosidad científica ha traspasado las sucesivas capas de energía hasta llegar al insondable núcleo del conocimiento. Y ahora que podemos, ahora que las fórmulas mágicas que tanto se les resistieron a los viejos alquimistas se nos revelan en todo su esplendor, ignorar los conceptos básicos de la química es una verdadera renuncia a esta herencia tan importante. Desde nuestra lejana gestación en el vientre de las estrellas hasta el día de hoy solo han pasado unos pocos miles de millones de años. Y ni siquiera el mayor de los cataclismos universales hace temer por la materia misma, que liberada de todos los aditamentos subatómicos volverá a constituirse en poderoso combustible estelar. ¿La receta?: un protón y un electrón. Y arreando. El lector inquieto, aquel que haya conseguido sobreponerse a una insustancial sobredosis escolar de conocimiento precocinado, tiene a su disposición libros excelentes para iniciarse en los arcanos de la materia, empezando por el repaso biográfico de la pasión radioactiva de Doña Maria Skłodowska Curie, la primera dama de la química (y de la física, y de todo lo demás…), y siguiendo por la obra ingente del huraño Dmitri Ivánovich Mendeléiev, el padre de la Tabla Periódicaun mapa de engañosa simplicidad capaz de autoedificarse en función de la asombrosa constancia de las propiedades esenciales de los elementos. Para encontrar la respuesta al orden universal que surge de la caprichosa adición protónica, el libro de Theodore Gray sobre el particular te propone que te quedes con la imagen, para después pasar a mayores. Mira a tu alrededor. Evalúa la disposición de las cosas, el olor de la estancia, la temperatura del ambiente… La materia ni se crea ni se destruye; solo se transforma. Utiliza bien el puñado de átomos de carbono que te han tocado en suerte porque con el paso de los años, esos mismos átomos formaran parte de un bonito florero que adornará el vacío estante de libros que tú nunca leíste.

23 Marzo 2013

ingeniería de papel

Publicado en Naturalmente leyendo, Recomendaciones, escribiendo por escribir por franciscru a las 17:23 h.

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Cuando se popularizaron en España a mediados del siglo pasado recibieron el nombre de ilustración-sorpresa, aunque se tiene noticias de estos libros-juguete desde el siglo XVI. Quizá la definición de “ingeniería de papel” sea la que más les va a estas obras de arte, pequeñas piezas de elaborada concepción que amplían una dimensión las ideas contenidas entre las páginas de un libro. Jugando con nuestro cerebro, la técnica del troquelado móvil es una fuente inagotable de pasmo para niños y mayores, un juguete inesperado que reclama la atención del lector llamándolo al interior de sus entrañas de papel. Los autores suelen repartirse las tres tareas necesarias para realizar una obra de estas características: la “arquitectura”, la ilustración y el texto, aunque hay ocasiones en las que la creación en su conjunto se la debemos a un solo artífice. Los que ahora se dicen pop-up siguen siendo caros, pero no tanto, si tenemos en cuenta el diseño avanzado y su indiscutible mérito estético. Los coleccionistas buscan ejemplares raros y sorprendentes en un mercado cada vez más saturado. Nosotros no disponemos de libros tales entre nuestros fondos, aunque sí podemos encontrarlos en las bibliotecas públicas, normalmente desvencijados y viciados por el uso. A los padres les debemos muchos de esos “primeros auxilios” que requieren los delicados mecanismos. Pero generalmente cuando forzamos un pliegue y lo le damos el margen de holgura necesario, toda la escena se desmorona… Y lo que es peor: la rehabilitación ya no es posible. Como la vida misma.

16 Marzo 2013

escribir una novela

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 19:59 h.

Escribir. Escribir historias. El oficio más antiguo del mundo, el más universalmente reconocido. Así como el aire nos permite respirar, la necesidad que sentimos de vivir los sueños de otros son la etiqueta de humanidad que nos distingue como seres racionales. A la inmensa suerte que tenemos casi todos de poder leer una o varias lenguas, se une el indiscutible mérito de los que saben componer con la palabra imágenes vivas, ideas luminosas que son capaces de alterar el estado emocional y remover la conciencia de sus semejantes. Una proeza mayúscula tocada por una gracia que a muy pocos les es concedida. Afortunadamente, escribir es gratis. Ante una hoja en blanco, todos somos potenciales creadores geniales. Normalmente estas ínfulas se desprenden a las primeras de cambio, cuando el candidato a poeta descubre que la escritura creativa no supone únicamente juntar palabras con más o menos tino, que al talento hay que unir otros aspectos como el conocimiento, la voluntad, la perseverancia y el trabajo. Pero la cosa cambia cuando nuestro objetivo no es conseguir laureles, caudales o reconocimientos, si atendemos a la más que probable evidencia estadística de que no estamos llamados a renovar los cánones del arte, de que nuestra mediocridad es una cancha bacheada pero reglamentaria en la que podemos experimentar las pulsiones de los escritores de verdad, donde podemos garabatear papeles para después arrojarlos parabólicamente sobre el aro de la papelera, sin que la perspectiva de errar el lanzamiento nos resulte tan insoportable como para el atribulado escritor que no encuentra la senda de la inspiración. En las próximas semanas os recomendaremos algunas bitácoras interesantes que muestran la evolución de ciertos espíritus inquietos en busca de identidad, como el de esta joven escritora, e iniciaremos un periplo con nuestros jóvenes usuarios que nos llevarán a eso: escribir una novela, propósito para el que necesitaremos algo más que el proverbio “All work and no play makes Jack a dull boy, aunque mucha sea la verdad que encierra.

9 Marzo 2013

sobre papas

Publicado en atrapa al personaje, escribiendo por escribir por franciscru a las 21:53 h.

Como prominentes figuras del poder temporal, los Papas han sido objeto de abundantes revisiones históricas y literarias. Algunos han ocupado miles y miles de páginas como los Borgia, una familia de origen valenciano que consiguió colocar a dos de sus miembros en la cátedra de Pedro: primero fue Calixto III, y unas pocas décadas después su sobrino Alejandro VI, uno de los personajes más controvertidos de la historia, acusado de abusos y excesos infamantes que han dado para un sin fin de obras divulgativas y de ficciónLa biografía de estos y otros Papas constituyen de por sí un excelente menú para el curioso lector de historias. Más recientemente, la figura de Pío XII y la supuesta leyenda negra de su antisemitismo, la todavía presente personalidad del Juan XXIII como promotor de un Concilio que revolucionó la iglesia católica, el temprano y misterioso fallecimiento de Juan Pablo I, antecesor del polaco Wojtyła, que como Juan Pablo II jugó un papel determinante en la caída del Muro… y, cómo no, la renuncia del actual Sumo Pontífice, han proporcionado y proporcionarán en el futuro una excelente materia prima para construir elucubraciones con y sin fundamento, pero siempre atractivas por el autoproclamado vínculo sagrado entre los infalibles representantes de dios en la tierra y sus, a veces, perversas circunstancias. A nosotros a los particularmente se nos da una higa quién vaya a ser el próximo Obispo de Roma, nos agradaría que al menos se inclinara por un nombre bonito como Elías, Francisco o Santiago, que aparte de resultar inéditos, son preferibles a los consabidos Píos, Anastasios o Leones

 

4 Marzo 2013

expurgo

Publicado en atrapa al personaje, el escritor, expurgado, musica y literatura por franciscru a las 2:27 h.

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Ahora que está tan de moda hablar de reyes y de monarquías, rescatamos del expurgo inclemente que ha sufrido nuestra biblioteca un libro escrito por el mismísimo Luis XIV de Francia, el Rey Sol. No es el primero de los escritores de sangre regia que sacamos a colación en esta humilde página. Cuando los reyes escriben, lo hacen generalmente para sentar cátedra jurídica o para transmitir a sus sucesores la crónica de lo que ellos consideran un buen gobierno. El Capeto más conocido heredó la corona de Francia antes de cumplir los cinco años y reinó durante más de setenta. Tenía la firme voluntad de ejercer de vicedios, como dijo alguien; durante gran parte de su reinado hubo pocas cosas que se escaparan al control directo de este hombre que había asumido el papel de Padre y Señor de todos los franceses. El refinado, guapo y culto Luis no solo le dio su nombre a un estilo de mobiliario o a un inhóspito paraje a orillas del Mississippi… Fue el más recio representante borbónico y antecesor del actual rey de España. Pero no fue para su hispánico bichozno para el que escribió sus Memorias sobre el arte de gobernar, sino para su hijo. Por azares del destino y de las poco ventajosas combinaciones genéticas, a Luis XIV le sucedió su biznieto y a éste su nieto Luis XVI, un personaje alelado y glotón a quien la Revolución terminaría por descabezar. El libro de Luis XIV es sobrio y, teniendo en cuenta los cánones de la época, rebosa sabiduría: “Los soberanos, a quienes el cielo ha hecho depositarios de la fortuna pública, seguramente proceden en contra de sus deberes cuando disipan el erario de sus súbditos en gastos inútiles”, “es conveniente que sepáis que en el alto puesto que ocupamos las menores faltas tienen siempre lamentables consecuencias. Quien las comete siempre tiene la desgracia de que jamás conoce las consecuencias hasta que no hay lugar a remedio alguno” o “el fuego de las más nobles pasiones, como el fuego de las más oscuras, siempre produce un poco de humo que ofusca nuestra razón”. Y qué me dicen de “como el príncipe siempre debe ser un perfecto modelo de virtud, sería conveniente que se garantizara de manera absoluta de las debilidades comunes al resto de los mortales, sobre todo teniendo en cuenta que es seguro no permanecerán escondidas”. En honor a la verdad, hay que apuntar que el tirano de Luis fue el primero en saltarse sus propios preceptos, haciendo bueno el dicho tan español, que no francés, “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. Pero eso no le quita un ápice de valor a la colección de sentencias que milagrosamente se salvaron de la quema, y que hoy se despiden para siempre de sus potenciales lectores adolescentes.  Luis XVI (1947). Memorias sobre el arte de gobernar (2ª edición). Traducción de Manuel Granell. Buenos Aires. Espasa-Calpe: EXPURGADO.

24 Febrero 2013

ciudades de libro

Publicado en ciudades de libro, escribiendo por escribir por franciscru a las 17:30 h.

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Desde siempre, el desarrollo de las historias ha necesitado de un decorado propicio. Y las ciudades han prestado gustosas su geografía para tal menester. Algunas están estrechamente ligadas a sus autores, de forma que cuando pensamos, pongamos por caso, en Dublín, se nos viene rápidamente a la cabeza James Joyce. Podríamos hacer este mismo ejercicio con BarcelonaParísLisboaNueva York,  MadridLondresRoma, Buenos AiresAlejandría… espacios urbanos convertidos en protagonistas con personalidad propia, que alientan el pulso de las distintas tramas que se urden en sus entrañas. La poesía de las ciudades se escribe con piedra y ladrillo entre los renglones de sus calles, en las plazas y los parques donde la ficción se remansa, a la sombra de monumentos y edificios emblemáticos, escenarios verosímiles de encuentros imposibles. El viajero leído siempre guarda en el zurrón las referencias que le llevarán al último confín del barrio periférico o al centro mismo del piélago urbano, donde se retratará bajo las placas de los bulevares y verificará la presencia de aquellos testigos mudos de tantas ficciones por ellos mismos inspiradas: veredas, fuentes, quioscos, jardines, fachadas, obeliscos… Comenzamos nuestro particular recorrido literario por la Muy Noble, Muy Leal, Benemerita, Invicta, Heroica y Buena Ciudad de Oviedo, a la que Don Leopoldo Alas “Clarín” rebautizó como Vetusta en su obra más conocida, La Regenta. Hoy en día, la esbelta torre apuntada de la catedral vigila día y noche el paseo de Dña. Ana Ozores bajo la lluvia, detenida como en un sueño entre la fuente de Alfonso el Casto y la casa de la Rúa. Una imagen que de tan nítida en el imaginario de los ovetenses se ha quedado plasmada y fundida en metal para disfrute de residentes y recreo de visitantes.

Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo dieciséis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios la piedra enroscándose en la piedra trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.

19 Febrero 2013

música y literatura: el fantasma de Tom Joad

Publicado en musica y literatura por franciscru a las 9:36 h.

La literatura, como es natural, es un reflejo del sentimiento que palpita en los corazones de los escribidores de historias, el inevitable rastro que deja el tránsito colectivo por una senda abrupta, jalonada de tribulaciones. La producción artística puede optar por ignorar lo que ocurre a su alrededor o zambullirse hasta el lodo del fondo, donde con paciencia encontraremos los restos pulverizados de tiempos mejores. Ambas posturas son legítimas: la que apuesta por la evasión y la que se inclina por el compromiso y la crítica. En este caso nos vamos a referir a la segunda, por aquello de que el resultado adquiere marchamo de testimonio de un tiempo y una época. Como siempre, la novela negra es un género capaz de absorber con garantías la espesa nata de calamidad que envuelve el presente; no es casual que un autor griego ocupe un puesto notorio: hasta hace poco, un relato donde los personajes se llamasen Jaritos, Zisimópulos y Stazakos nos parecería más bien un exótico producto oriental solo apto para filólogos sin complejos. Pero no ahora: “Con el agua al cuello” es una novela de intriga en la que Petros Márkaris recoge el lamento de una sociedad, la helena, humillada, ofendida y estafada. Todo el sueño del europeísmo colgado de la percha de ayudas malgastadas y subvenciones dilapidadas, para quedar, a la postre, suspendidos de la frágil alcayata del rescate. Del otro extremo nos llega “El millonario”, la historia de un parado alemán (que haberlos haylos) que nos presenta un país, el suyo, que no es el ejemplo de sociedad perfecta que los sureños acostumbramos a imaginar. Su autor, Tommy Jaud, escribe sobre las habas que se cuecen en al otro lado del Rin con un punto de ironía y buen humor. Para los que perseveran en encontrar las claves de la depresión económica que nos acucia, “¡Huy!” es una buena aproximación a la crisis del capitalismo y las razones que explican el porqué la están pagando única y exclusivamente los damnificados, y no los promotores. El escritor John Lanchester comenzó escribiendo necrológicas y terminó publicando novelas como “El puerto de los aromas”. En “¡Huy!” demuestra que también tiene talento para explicarnos cuál es la esencia de la pura especulación que nos ha llevado al punto en el que ahora nos encontramos. La propuesta se completa con una novela gráfica patria: “Andando”, de Torres, Carreres y Riego, el retrato de una sociedad herida por todos los costados, como un toro atravesado por cien aguijones que no sabe que de nada ha de servirle su bravura. Cuatro libros de entre cientos de propuestas más o menos atractivas, pero inspiradas por el fantasma de Tom Joad, el protagonista de “Las uvas de la ira”, la célebre novela en la que Steinbeck expone la tesis de que la gente buena, trabajadora y digna “se merece lo mejor, y lo mejor nunca les llega. Es, en efecto, un recordatorio convincente de las enormes injusticias que conllevan los períodos de crisis extrema” (Huberto M. Ennis en Foco Económico).

-¿La sociedad del bienestar? -repite entre risas- ¿Qué sociedad del bienestar? Europa descubrió la sociedad del bienestar después de la segunda guerra mundial bajo la influencia de los países comunistas. Éstos hablaban continuamente de esa sociedad y Europa occidental adoptó la idea para contener el avance del comunismo. Las sociedades del bienestar se vienieron abajo en 1989, señor Galanópulos, y créame, no se ha perdido nada. -Prosigue con gravedad-: Las sociedades del bienestar no existen, señor Galanópulos. Sólo existen lo grupos de presión. Empresarios que luchan para defender sus intereses, trabajadores que luchan por los suyos a través de los sindicatos y de otras organizaciones… Sólo existen grupos que defienden sus intereses. La sociedad a la que usted alude es un invento.

Petros Markaris. Con el agua al cuello (fragmento)

 

15 Febrero 2013

puntos de lectura

Publicado en marcapáginas por franciscru a las 1:16 h.

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De la mano de una amable coleccionista de marcapáginas descubrimos cuán extendida está la afición de atesorar estos humildes objetos de uso cotidiano, a los que debemos la custodia de tantas y tantas lecturas interrumpidas, pospuestas con y sin proyecto de futura prosecución. ¿Sabían que el primer marcapáginas documentado data del siglo XI? Estaba confeccionado con una fina tira de piel de becerro y decorado con miniaturas delicadas que representaban al Cordero, vencedor de entre las Bestias y las Serpientes. En el Palacio Real de Madrid se conserva el riquísimo marcapáginas con el que Felipe V obsequió a su hijo Luis el día de la coronación de éste como Rey. Se trata de una delgada lámina de oro rojo, exquisitamente repujada, donde se puede contemplar, por una cara, el escudo de armas de los Borbones, y por la otra una alegoría en la que aparece el sol iluminando al monarca junto a todas sus posesiones europeas y de ultramar, entre las que curiosamente se incluyen las islas de Terranova y de Menorca, a la sazón de soberanía británica y arrebatadas a Francia y España en virtud del tratado de Utrech. Insignes aficionados a este peculiar coleccionismo fueron Don Pedro Rodríguez de Campomanes, brillante jurisconsulto que llegó a sujetar entre sus dedos un marcapáginas original atribuido al mismísimo Rubens, perdido para siempre en el incendio que redujo a cenizas el palacio solariego de los Campomanes en Corniella. También Menéndez y Pelayo, de quien su gran amigo Gumersindo Laverde dijo: “No importaba si era de día o de madrugada: Marcelino pasaba largas horas contemplando sus marcapáginas, algunos de ellos tan desgastados y carcomidos que era preciso manipularlos ayudándose de unas ingeniosas pinzas de metal, forjadas especialmente para él por un herrero vallisoletano. Nunca conocí a nadie tan entusiasmado por los libros ni por cuanto en ellos podría contenerse”. (Laverde Ruiz, Gumersindo (1873). Ensayos y Memorias. Tomo IV. Lugo. Imprenta de Soto Freire). Pese a que en nuestra explotación ganadera tenemos becerros de sobra, nos nos parece correcto arrancarles la piel a tiras; tampoco disponemos del oro suficiente como para hacer más allá de una decena de marcapáginas como el que Felipe quinto (¿o quizá fuera Carlos tercero?) regaló a su hijo primogénito. De hecho, los últimos eran de cartulina y se los cedimos a una compañera lucense que lleva una bonita página sobre el particular. Prometemos a todos los que nos han solicitado algún ejemplar que tendremos en cuenta sus amables peticiones cuando la disponibilidad pecuniaria del instituto se vuelva a poner a la par con nuestra voluntad por agradar a los gentiles lectores.