31 Agosto 2016

santo bebedor

Publicado en Recomendaciones, atrapa al personaje, el escritor por franciscru a las 11:21 h.

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“Escritor austriaco muerto en París”. Así de concisa reza la inscripción en la lápida de Roth, aunque él, quizá presintiendo el final, había escrito poco antes un epitafio mejor: Gebe Gott uns allen, uns Trinkern, einen so leichten und shönen Tod (Denos Dios a todos nosotros, bebedores, tan liviana y hermosa muerte). Así concluía su último relato, La leyenda del santo bebedor, el colofón a una vida pasada por absenta, la bebida anisada y maldita que en el siglo XX reivindicaron eminencias literarias que buscaban en el cieno verdoso la esencia misma de la creación literaria. A Joseph Roth no le fue mal en cuanto a esto último, aunque los excesos etílicos le costaron una muerte demasiado temprana. Para el que quiera tomarle el pulso al autor, La leyenda del santo bebedor no es mal comienzo. Se trata de una historia blanda y sencilla, que cruza las numerosas líneas del destino sobre el pecho de un clochard de origen polaco, un hombre de honor zarandeado por la vida que duerme bajo los puentes de París. Un encuentro casual le pone en el camino de una sucesión de milagros cargados de buenos presagios que su condición de borracho acabarán deshaciendo como azucarillo en cuchara de absenta, dejando incompleto el que quizá fue su único propósito en la vida. Una historia triste, contada sin embargo en clave de humor con una sencillez engañosa.

31 Julio 2016

antígona/Ἀντιγόνη

Publicado en Recomendaciones, atrapa al personaje por franciscru a las 11:35 h.

Cuando el destino se torna esquivo y nos hace padecer todo cuanto cabe en una completa colección de desgracias hablamos de tragedia. Sófocles plasmó como nadie la desesperada condición humana cuando es incapaz de controlar sus designios. En este caso Antígona, hija de Edipo, reta al poder que representa Creonte, rey de Tebas. La implacable cabezonería del monarca aboca a ambos a la ruina, llevándose por medio, eso sí, a toda la saga familiar, entregada a un frenesí suicida que no deja títere con cabeza. Al final el arrepentimiento no hace ni justas ni buenas las pasadas conductas, pero al menos sirve para revelar cuál hubiera sido el trayecto más corto hacia la armonía y ¡quién sabe! hacia la felicidad.

30 Junio 2016

superhéroes

Publicado en biblioteca virtual, escribiendo por escribir por franciscru a las 20:43 h.

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Ser un superhéroe no es tan fácil como lo pintan: esculpidos músculos, unos poderes por aquí, una indumentaria ajustada por allá y ¡hala! ¡a salvar el mundo! La cualidad de superhéroe (análogamente a lo que sucede con los villanos) se lleva por dentro. La dimensión moral de los personajes llamados a protagonizar gestas sublimes excede con mucho la talla media del simple mortal. Su arrojo, el ánimo incorruptible que orienta su conducta no entra en liza con el orgullo o la soberbia porque está en estricta sintonía con lo que es bueno. Al igual que ocurre con los cosmonautas que enviamos al espacio exterior, no todos estamos capacitados para resistir el insidioso bombardeo radioactivo que representan la tentación, la comodidad, la ambición, el poder, la invulnerabilidad o la ideología. Sin embargo, los superhéroes saben inclinarse en último término por las causas justas que concitan la unánime adhesión de todos los que confían en la justicia universal, un mérito más a destacar en aquellos que aun disfrutando de poderes de magnitud cósmica se resisten a modelar una conciencia distanciada y moralmente ajena a la experiencia humana del día a día. Sin embargo, la vulnerabilidad de estos prodigios reside principalmente en los principios que alientan su conducta y que tienen una raíz muy humana, frecuentemente marcada por experiencias biográficas un tanto traumatizantes. Los superhéroes se circunscriben a lo muy pequeño (la desarticulación de un gang local) o a lo muy grande (salvar el mundo) porque es precisamente en estos extremos donde se sienten cómodos, a la altura de las expectativas que todos hemos creado y lejos de las sombras de duda que nos pudieran llevar a cuestionarnos si lo que hacen es realmente justo. Por lo tanto, el principal atributo del superhéroe no es mecánico o intelectual, sino ético, lo que le cnvierte en un individuo tan vulnerable como usted o como yo. Ejemplos no faltan: ¿De que le sive al Capitán Marvel poseer la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio si no le puede disputar la nominación republicana a Donald Trumb? ¿Por qué Visión desiste de resolver todos los problemas del mundo mundial manteniendo a raya a gobiernos, empresas y fuerzas armadas? El carisma de Superman, ¿no hubiera determinado un cambio de postura de los británicos sobre el brexit? (Bueno… quizá éste no sea un ejemplo muy afortunado). Los superhéroes que no deseen promocionar a supervillanos están sujetos a las mismas limitaciones del hombre de la calle, a los vaivenes de la opinión pública y a la volatilidad de los valores dictados y corregidos por el poder económico, que es el que marca las reglas del juego. Y contra cualquier disensión siempre cabe la manipulación, la censura, la exclusión o el descrédito que son los que de verdad pueden arruinar la vocación de justicia de cualquier superhéroe de los que pagan sus impuestos, respetan las señales de tráfico y hacen brillar cada día las maravillosas virtudes que adornan al ser humano.

29 Mayo 2016

exquisitas lecturas

Publicado en Naturalmente leyendo, escribiendo por escribir, juegos y chanzas por franciscru a las 12:30 h.

¿Quién no es capaz de acordarse del espumoso capuchino que se tomó en la Plaza de San Marcos con el agua hasta los tobillos? ¿O del delicioso y carísimo trocito de Sachertorte servido con una pizca de nata en la confitería Demel, a un paso del Palacio Imperial (y ecologista) de Hofburg, en Viena? Los recuerdos se fijan mejor cuando van acompañados de sensaciones agradables, de balsámicos efluvios que la pituitaria torna luego en vívidos colores cuando el paladar se suma a la fiesta. Por eso se nos ha ocurrido combinar dos placeres, el de la lectura y el que se desprende de la golosa disposición de alumnos y profesores. Por un día, los usuarios de la biblioteca han tenido la oportunidad de saciar su apetito en todas las dimensiones posibles: literaria, social y biológica. Picoteando de aquí y de allá, las tortas y bizcochos desaparecieron hasta la guinda, los chocolates dejaron su oscura huella entre pulgares e índices de todo quisqui, y los panecillos que envolvían quesos y embutidos se esfumaron dejando tras de sí una descarriada legión de miguitas que hemos descubierto entre las páginas de libros y comics de lo más variado: Tristezas de Bay City, de Chandler; El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza, Linda 67, de Fernando del Paso, El invierno del dibujante, de Paco Roca o La física de los Superhéroes, de James Kakalios. Un exceso de calorías justificado por el amor a los libros y el buen sabor de boca que deja un poco de literatura en buena compañía.