10 Junio 2010

biblioluces editorial

Publicado en biblioteca virtual por franciscru a las 8:29 h.

No queríamos concluir el curso sin compartir con vosotros algún título de nuestra modesta editora digital. Seguimos ofreciéndoos la oportunidad de que nos hagáis llegar vuestros trabajos. Nos comprometemos a considerar todas las propuestas, formarnos una opinión sobre ellas y trasladaros nuestras impresiones. Si nos ofrecéis algo original, bien documentado y correctamente escrito te ayudaremos a darle forma, corregirlo y maquetarlo, para que después sean los internautas los que valoren tu talento. Contando bajo la lluvia es un opúsculo ilustrado por Mª Emilia Benjamín en el que hemos utilizado un material muy especial: la entrevista que realizamos al pintor José Ramón Sánchez, al que queremos dedicar desde aquí el contenido de este librito.

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8 Junio 2010

un libro para comer en el campo

Publicado en Naturalmente leyendo por soniamb a las 0:01 h.

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¡El libro no, hombre!

No me digas que no te ha pasado. A veces cuando  paseamos  por el campo, lejos de ciudades o pueblos, empezamos a fantasear con la idea de convertirnos en robinsones y utilizar lo que encontramos a nuestro alrededor y sólo eso para sobrevivir. Y claro, en seguida empezamos a pensar en que podríamos comer y que no. Y empezamos a mirar los pequeños frutos de los árboles, las plantas del borde del camino, las hojas… con otros ojos, con ojos de recolector del paleolítico. Nuestros antepasados no disponían de libros, así les iba, pero tú si. Basta con que te acerques por la biblioteca y nos pidas:

Guía de campo: Frutos silvestres de la Península Ibérica de Ángel M. Romo, editorial Planeta.

Luego tú lo metes en la mochila y listo. A ser de nuevo recolector. ¡Qué tiempos aquellos!

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4 Junio 2010

contando bajo la lluvia (y II)

Publicado en el escritor por franciscru a las 8:57 h.

Nueva entrega de la entrevista con José Ramón Sánchez. En la cabecera incluimos un avance de “Cantabria: La Epopeya”, una película basada en los textos de Jesús Herrán y los dibujos del propio José Ramón, y que ha sido realizada con la colaboración de su hijo, Ignacio Sánchez Arévalo.

  

  • Ahora recordamos, sobre todo, sus series sobre cine… Había algo en aquellas estampas que se nos quedó impreso para siempre… Usted, que es el autor ¿sabría decirnos qué era ese “algo”?

 Ese “algo” es el efecto de las “estampas”, como vosotros las llamáis… Estampas emocionadas, entrañables… Yo todo lo trato con amor. Si no, no lo haría. Y todo lo que sale de mi mano, incluso lo mediocre o convencional, siempre ha tratado de resultar apasionado, sincero y cercano. Ese es ese “algo” que me hace ser yo mismo. Y si soy algo es que resultó casi siempre sincero, cercano y apasionado…

  • Podríamos decir que su estilo es “clásico”… Muchos de los ilustradores de ahora combinan las técnicas de siempre con el ordenador ¿Qué le parece eso? ¿Piensa que en el mundo de la ilustración, las llamadas “nuevas tecnologías” pueden franquear el paso de artistas sin demasiado talento para la pintura o el dibujo?

Vivimos épocas de confusión: ilustrando libros con ayuda de la técnica; creando imágenes que ya existen en archivos a los que todo el mundo puede acceder. Cada cual tiene su camino. Para llegar a que te consideren “clásico” hay que gastar dos tercios de tu vida. Me parece muy bien que cada uno se nutra o se apoye en lo que tiene a mano. Soy profundamente conocedor de que mis útiles de trabajo siguen siendo los de hace 60 años: un lápiz, un folio, un pincel, un lienzo o una tabla, un libro, una foto, una película, un impuso, una iluminación, un concierto… Soy ya setentón como para engancharme a Internet, los programas de imágenes, las nuevas técnicas, las tres dimensiones… No tengo necesidad de ellas. Solo necesito una idea, un enamoramiento y un tiempo para el cortejo. Todo lo demás será bueno para los demás, será imprescindible. Lo único que yo necesito para mi trabajo son horas… y salud.

  • En nuestra biblio conservamos un ejemplar de La Isla del Tesoro ilustrado por Junceda, facsímiles de Alicia en el País de las Maravillas con las ilustraciones de Sir John Tenniel o, sin ir más lejos, “su” Quijote ¿Qué aporta una gran ilustración a un gran libro clásico?

Si “lustras” un libro clásico puedes aportar poca cosa. Pero si “te comes” el libro, lo digieres en tu estómago y lo expulsas en su momento, la porquería se irá con el agua de la cisterna y pondrás ponerte al tajo… Y cambiarás los papeles, porque ya no serás un ilustrador. Serás un poeta.

  • Para los más curiosos, nos podría describir brevemente cómo planifica y desarrolla su trabajo a la hora, por ejemplo, de realizar la ilustración de un libro…

 Lo primero: leer el libro en cuestión dos o tres veces. Una para emocionarse con la historia, para comprenderla y hacerla tuya. Otra para bocetar cosas ligeras como un personaje, un interior, una acción… Y la última inmediatamente antes de ilustrarla de verdad. El Quijote necesita de cuatro lecturas. El Beato de Liébana solo una porque no te vas a enterar por muchas veces que lo leas… Con la Divina Comedia pasa algo parecido. Stevenson necesita solo un par de lecturas. Con Shakespeare podrían pasarte la vida leyendo y releyendo. Nunca estarás a la altura de su grandeza. Después de 50 años de “ilustrador” lo mejor que me queda es haber leído mucho y bien.

  • Aunque la elección de unos suponga la no inclusión de otros, ¿nos podría decir que obras y autores marcaron las lecturas de su juventud y cuáles de ellos seguiría recomendando hoy a las muchachitas y muchachitos de la secundaria?

 No creo en “autores infantiles” o “autores juveniles” y cosas por el estilo. Los grandes escritores lo son para niños, para adolescentes, para los adultos y para los viejo: Twain, Stevenson, London, Dickens, Dumas, Wilde… yo sigo con ellos a los 73 años. Por supuesto que Thomas Mann, Tolstoi, Dostoievsky y Shakespeare necesitan ser leídos más tarde. Pero no nos engañemos: no hay escritores para niños y autores para adultos. Solo existen los buenos y los malos escritores.

  • Ahora que estamos de compras (casi siempre en rústica y apurando el presupuesto…) recomiéndenos tres volúmenes que no deberían faltar en nuestros anaqueles y tres películas en nuestra videoteca.

Tres libros: “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde. O su colección de cuentos. Todos son obras maestras. “David Copperfield” de Charles Dickens y “La flecha negra” de Robert Louis Stevenson. Tres películas: un western: “La diligencia”. Una comedia: “La quimera del oro”. Un musical: “Siete novias para siete hermanos”.###

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1 Junio 2010

contando bajo la lluvia I

Publicado en el escritor por franciscru a las 9:44 h.

En el origen meditábamos sobre la posibilidad de hacer una entrevista a uno de nuestros autores favoritos; en el exterior el tiempo era desapacible y llovía a cántaros. Entonces surgió el nombre de José Ramón Sánchez, artista muy vinculado a los libros y al que ya le habíamos dedicado una entrada en Biblioluces para hablar de “su” Quijote. Con la inestimable ayuda de nuestros amigos de la editorial Valnera, y muy especialmente de Jesús Herrán, trabamos contacto con José Ramón. Desde el primer momento todo fueron facilidades: recibió nuestras peticiones con gran amabilidad y nos consagró parte de su valioso tiempo. Y todo para contarnos en una larga carta lo que tuvimos el capricho de preguntarle. Recogemos aquí el contenido de la misiva con la intención de compartir con vosotros este documento tan personal, publicado en la bitácora en dos partes. Esta es la primera…

 

  • Usted es bien conocido en sus facetas de ilustrador, dibujante, cartelista, animador, pintor y un largo, larguísimo etcétera… ¿Cuál de estas facetas le ha reportado mayores satisfacciones como artista?

 

En todas y ninguna  al mismo tiempo… En todas me he sentido a gusto en cada momento de mi vida en que las he practicado. Pero en todas ellas he tenido grandes satisfacciones y grandes decepciones. No me siento “maestro” en nada, y con los años he asumido el incomparable protagonismo del “aprendiz” Cada día aprendo algo nuevo. Mi trabajo no tiene límites. Ni conformidades. Ni acomodo. Mi trabajo es un largo camino que habrá concluido cuando mi mente y mis manos ya no puedan crear nada nuevo. Mientras tanto estoy satisfecho y expectante con este oficio siempre nuevo de “aprendiz”.

 

  • Hay algo que siempre destaca en un autor consagrado: su estilo personalísimo, fácilmente identificable… Sabemos que es difícil pero, ¿cómo definiría el suyo?

 

Lo bueno de mi estilo es que es “mío” y de ninguno más; no sé si mi estilo es mejor, igual o peor que el de los demás. Lo que sé con certeza es que he perseguido “mi estilo” desde niño. Y creo que, a pesar de mis límites y mis carencias, tengo un estilo propio, una “manera” personal de visión utópica de los seres y las cosas, de la naturaleza y de la fantasía, de lo real y lo ficticio. El estilo propio siempre vive dentro de una profunda contradicción: te distingue del resto pero te hace previsible.

 

  • Alicia se preguntaba aquello de “¿de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?”. Usted, ¿qué le respondería?

 

Un libro sin dibujos ni diálogos puedes ser una obra maestra si contiene elementos que le conviertan en apasionado, sorprendente y universal. Las palabras van mucho más allá que las imágenes. Un monólogo puede resultar magnético y un libro repleto de imágenes puede llegar a pesar como una losa. Las cosas, las maneras de expresión, de estilo narrativo y la intención artística pueden y deben su propio camino para llegar a los lectores. Yo creo que existen dos formas de expresión en la Historia del Arte que son superiores al resto: la literatura y la música. Donde llegan ellas no llegan ni la pintura, ni la escultura, ni la arquitectura, ni el cine…

 

  • Hace poco D. Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón, nos confesaba que era tremendamente feliz haciendo lo que hacía, pero que algunos de sus trabajos habían acabado “vaciándolo” por completo… ¿Le ha ocurrido a usted algo parecido?

 

Eduardo Arroyo, en un entrevista reciente, decía que “cuando se acaba un cuadro algo se mueve”. El verdadero artista se vacía en cada obra. Y se queda vacío hasta que empieza otra… Si no te vacías, si te guardas algo, no eres un verdadero artista. La plenitud del artista no esta en la meta sino en el trayecto. La meta siempre resulta decepcionante. Solamente los mediocres están encantados de haberse conocido… Por el contrario, el trayecto siempre es esperanzador y estimulante. El viaje siempre es un sueño: lo dijo Shakespeare en boca del Próspero de “La Tempestad”: “Somos de la mismas sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir”.

 

  • Nosotros, docentes que tratamos de remover la conciencia literaria de los chicos a través de la ilustración, el cómic y el cine, nos preguntamos… le preguntamos… ¿cuál es el cauce ideal para “seducir” a nuestros alumnos?

 

La pasión. Un enseñante sin pasión será como una lluvia que no moja… Y la pasión se pone, se activa y se magnifica contando un cuento, dibujando un rostro, pintando un paisaje, escribiendo un novela, componiendo un cuarteto, proyectando una casa, dirigiendo una película, vaciando un bloque de mármol. Si no tienes pasión, mejor que te dediques a otra cosa. Pero si tratas de enseñar, de comunicar, pregúntate si tienes la pasión bien despierta…

 

  • Sabemos que ha comparado su infancia con la de Stevenson… ¿Hasta qué punto un ilustrador debe de estar “identificado” con el autor y la obra que “ilumina”? ¿Ha rechazado alguna vez algún encargo porque “no le convencía” el contenido del libro?

 

El buen ilustrador no es el que “ilustra”. Ilustrar solo lo hacen aquellos que no tienen un mundo paralelo. Cuando empiezas el o ficio te limitas a “ilustrar”. No puedes hacer otra cosa. Solo cuando has madurado puedes “inventar” el mismo texto que otros solamente ilustran. Si ilustras eres un lacayo del escritor; un criado que debe respetar el texto para no salirse del cauce. Yo he pasado muchos años de mi vida profesional “ilustrando”. Desde hace 15 invento… y hago mi propia versión de “Moby Dick”, del Beato de Liébana, del Quijote, de la Biblia y de la “Divina Comedia”. Cuento la historia tal y como el autor la escribió. Pero mi mundo gráfico es personal, paralelo, enriquecedor. Y si todavía viviesen, o resucitasen de improviso, el Dante y Melville, Cervantes y el Beato entenderían que no me he limitado a ilustrar. Sabrían a ciencia cierta que su obra original ha hecho posible otra obra original. Yo le explicaría el proceso, y ellos entenderían que han engendrado un hijo con vida propia…

 

(Continuará)