26 Enero 2011

poderoso caballero

Publicado en vale más que las pesetas por franciscru a las 1:53 h.

El dinero ejerce una fascinación a la que no es fácil resistirse. En eso se parece un poco a la poesía. Se cuenta la anécdota de que, allá por los años sesenta, un atracador alemán tuvo en jaque a todo el país durante meses.  El peculiar delincuente asaltaba sucursales bancarias de las que se únicamente se llevaba los billetes de cinco marcos. Las pesquisas condujeron a la policía hasta un pueblo de la baja Sajonia, donde residía un humilde profesor de filosofía. Hallaron en el hueco de un falso techo los fajos de billetes, intactos y aun precintados, fruto del perseverante latrocinio. Durante los interrogatorios, el hombre confesó el amor que profesaba por la joven veneciana retratada por Durero hacia el año 1500, y que enloqueció al pensar que miles, quizá millones de personas manosearían la imagen de la amada impresa en los pequeños billetes verdes; así fue que se decidió a retirarlos de la circulación por su cuenta y riesgo. Después de años recluido en una institución psiquiátrica, el profesor desapareció, llevándose consigo un libro de grabados y el contenido de la caja de caudales, de la que sustrajo todo, excepto la calderilla y los billetes de cinco marcos. Tiempo después fue localizado y detenido en la isla de Ibiza, pero a la vista de su expediente, las autoridades españolas estimaron que como ladrón demente ya estaba totalmente rehabilitado y lo pusieron en libertad.

El poder y el dinero fueron temas recurrentes de grandes poetas clásicos como Quevedo, protagonista de nuestro presente billete literario. Paradójicamente el personaje, superando al portentoso autor, llegó a prestarle su imagen a las cien pesetas de 1900, durante el reinado de Alfonso XIII, que por aquel entonces cursaba segundo de la eso. Rescatamos aquí una popular letrilla de don Francisco que dice así:

Poderoso caballero
es don Dinero.

Madre, yo al oro me humillo,
él es mi amante y mi amado,
pues de puro enamorado
de continuo anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado;
y pues quien le trae al lado
es hermoso aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Es galán y es como un oro;
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro;
pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales,
y es de noble descendiente,
porque en las venas de oriente
todas las sangres son reales;
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Mas ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla,
y al cobarde hace guerrero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos
gatos le guardan de gatos;
y pues él rompe recatos
y ablanda al jüez más severo,
poderoso caballero
es don Dinero.

Y es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición,
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y pues hace las bravatas
desde una bolsa de cuero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
mirad si es harto sagaz,
sus escudos en la paz,
que rodelas en la guerra;
y pues al pobre le entierra
y hace propio al forastero,
poderoso caballero
es don Dinero.