3 Octubre 2011

100 novelas famosas

Publicado en fondos de la biblioteca por franciscru a las 0:05 h.

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En tiempos de caos y desconcierto, donde las brújulas se vuelven locas buscando un norte que acaso alguien ya ha declarado ilegal, en tiempos, digo, donde se habla y escribe de oídas y las preferencias se expresan en referéndum por mayoría de la mitad más uno, las listas vienen a cubrir el hueco que dejaron padres, parientes, amigos, maestros, profesores… aquellos que nos invitaban a transitar por vericuetos de cine, literatura, música, ciencia o pensamiento… siguiendo itinerarios descubiertos por ellos o antaño revelados por otros. En tiempos de precipitación, donde se impone la utilización del navegadores gepeese para alcanzar el cuarto de baño, las relaciones de “los más” son una interesante opción para degustar cómoda y rápidamente las obras capitales de la cultura universal, evitándonos el embarazoso escrutinio propio que nos obligaría a dilapidar tiempo y dinero. Las mil películas que hay que ver antes de morir, los cien mejores libros de la literatura universal, las quinientas pinturas y esculturas que hay que contemplar deprisa y corriendo antes de que las roben o las enajenen, los cien mejores discos de la historia, los diez museos que hay que recorrer antes de que retiren todas las obras para preservarlas del deterioro… Haciendo el cálculo, dedicando al empeño doce horitas al día, solapando la música con la lectura y posponiendo las proyecciones para la tarde-noche, nos podemos merendar lo más granado de la cultura occidental en cinco meses, seis si nos demoramos en digerir un poco lo que vamos viendo-leyendo-oyendo; tres si viajamos, vemos cine, escuchamos música y leemos a la vez. Cuando internet no era siquiera ni un sueño posible, se publicaban compilaciones y enciclopedias como la que hoy traemos a la bitácora: Las 100 más famosas novelas. Estas modestas recopilaciones tenían la intención de iniciar a su modo a los nuevos y cándidos lectores del Sissi y el Can-Can, ofreciendo un espectro de alternativas en una época donde en las escuelas no existían bibliotecas, y las públicas eran escasas, tétricas y oscuras. Este libro rescatado de nuestros fondos históricos es obra de un crítico literario de la época (mediados del siglo pasado) especialista en gastronomía. En las sinopsis, el autor atiende prioridades pedagógicas tendenciosas y moralizantes, no exentas de cierta bobería infantil (se recomienda la lectura del resumen de Ana Karenina: el enorme piélago literario de Tolstoi reducido a un vasito de agua carbonatada). Aún así, hay que alabar la atinada selección, donde encuentran sitio tanto Shakespeare (?) como Dante, Scott, Victor Hugo o Verne. Un libro de otro tiempo, desgastado y ñoño que, posiblemente sin pretenderlo, alentó entre sus lectores las ganas de experimentar por sí mismos la emoción de saberse dueños de sus propias lecturas.

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