22 Octubre 2011

cuando los pintores escriben: daalí (I)

Publicado en atrapa al personaje, el escritor por franciscru a las 16:10 h.

Ante todo hay que decir que Salvador Dalí era un personaje calculadamente excéntrico. Todo un icono en vida. A su enorme talento como pintor ha de sumarse el dominio de las técnicas de márketing y autopromoción, lo que le reportó no solo grandes beneficios económicos sino diversión sin límite. Fue muy criticado por ello, aunque si hemos de ser justos, su caso no deja de ser un precedente ingenuo de la moderna explotación mediática de la imagen y la nada. Pero Dalí era algo más que un fantoche resabiado de bigote florido. También se le puede calificar sin rubor de artista lúcido, orador sincopado, brillante, mente debordada y creativa, cualidades todas puestas al servicio de la pintura, la fotografía, la escultura, el diseño, la escenografía teatral, la escritura… Es precisamente de esta última faceta de la que ahora nos proponemos hablar. La mayoría de su producción gira entorno a sí mismo, aunque hay excepciones: realizó una curiosa incursión en la novela (Rostros Ocultos“, 1943), de factura precipitada, caótica e informal. Pero más allá de la pura ficción, el fuerte de Dalí tal vez sea la expresión íntima de su pensamiento, un pensamiento recogido en ocasiones por otros autores que persigue la trascendencia por los tortuosos caminos del delirio: “Para escribir lo que sigue calzo zapatos de charol por primera vez desde hace mucho tiempo, zapatos que me vienen tremendamente apretados. Suelo ponérmelos antes de empezar una conferencia. El doloroso constreñimiento que ejercen sobre mis pies tiene la virtud de acentuar al máximo mis facultades de orador… La porfía física visceral, la tortura avasalladora provocada por mis zapatos de charol me fuerzan a derramar palabras repletas de verdades condensadas, sublimes, engendradas gracias a la suprema inquisición del dolor que padecen mis pies. Me pongo, pues, los zapatos y empiezo a escribir, de una forma masoquista y sin apresuramientos.” (“Dalí me dijo” de Louis Pauwels). Nadie que se acerque a un libro escrito o inspirado por el pintor español se va a topar con la quintaesencia del discurso humanista, pero sí con una puerta entreabierta a la dimensión estrambótica del mundo blando, fijado con chinchetas en la retina de este visionario de instintos reprimidos.

 

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